La ciudadanía como servicio

Pasaporte de España

Como decía Bunbury, “donde quiera que voy, me llaman el extranjero”. Extranjero hasta en España. Llego y pongo la televisión, pero no tengo ni idea de quienes son esos que salen ni por qué salen ahí. Desconectado de esos motivos (y lo que, bien o mal, representan como espejo de parte de la cultura popular del país), ya estoy fuera de órbita, desconectado, diga lo que diga mi pasaporte.

Recién aterrizado en México después de un tiempo en Miami, otra mudanza, otra actualización de status migratorio. Una monserga, para qué engañarles.

Pienso entonces en ese día en que puedas “contratar” tu nacionalidad como ahora contratas un seguro de viaje cuando, por ejemplo, vas a Rusia por cuatro días y pagas unos cincuenta o sesenta euros.

Imagino a un montón de gente contratando ciudadanía de otro país, haciendo allí sus empresas y declarando allí sus impuestos (viene a mi mente el caso de Estonia y su “ciudadanía digital”). Pienso entonces si ese detalle de los impuestos es una bomba de protones en la economía de los países en donde todas esas personas viven físicamente, al punto de que esos países empiecen a expedir Visados de Trabajo a $20USD para atraer fuerza de trabajo contratada por empresas del país, para sostener esa economía local que se cae por la manifestación de nuestra vida global.

Por lo pronto, Estados Unidos lanzó hace un par de días un nuevo Visado para extranjeros que quieran crear sus startups si han conseguido algún inversor en suelo estadounidense.

No sé si estoy alucinando o si mis ojos llegarán a verlo.
Pero sí me gustaría, para mí y para los míos.

Perdón, los trámites migratorios me ponen reflexivo.
La ciudadanía como servicio.
Wait for it.

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Daniel Granatta

Buscador de luz. Waiting for the robot takeover. I rewire people.

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