La “disrrupción” de la ciencia-ficción

Desde hace algún tiempo (eso incluye este antiguo post acerca de cómo se veían los 90s en los 60s) soy aficionado a recopilar imágenes “vintage” que tienen que ver con cómo se imaginaba el futuro en el pasado.

Por ejemplo, imágenes que tienen que ver con el acceso a la información y la superinteligencia humana:

Mindfulness

Superinteligencia humana

La creación de artefactos que pudieran recordar a exoesqueletos:

Exoesqueleto

Robots:

Creador de robot

O androides conscientes de sí mismos:

Amigos de los robots

Confesión de un androide

Es interesante porque me hizo pensar en que, cada vez que hablamos de industrias “disrrumpidas” por la tecnología, sacamos siempre a colación las consabidas música (por culpa de Napster o los servicios de stream), televisión (por culpa de Netflix), transporte (por culpa de Uber) o la del hospedaje (por culpa de Airbnb). Todas ellas tienen en común el que un servicio existente es “alterado” por culpa de una alternativa creada por la tecnología y su crecimiento exponencial.

En esas estaba cuando, leyendo el libro “Our Final Invention”, me topé con este párrafo en el que se relata cómo para Vernor Vinge (el primero que utilizó el término “Singularidad” y dos veces ganador del Premio Hugo, una suerte de Oscars del mundo de las publicaciones de ciencia-ficción) cada vez es más complicado escribir ciencia-ficción:

Fragmento de "Our last invention"

En suma, Vinge relata que en los años 60s los mundos de los que él escribía estaban a cuarenta o cincuenta años de distancia. Pero de repente, debido a la aceleración del progreso de la tecnología, cada vez le resultó más y más complicado imaginar cómo sería ese futuro del que antes escribía con tanta soltura, sobre todo partiendo de la base de que todas esas innovaciones tecnológicas provenían anteriormente de una mente humana, pero que a partir de determinado momento todas las innovaciones provendrán de la inteligencia de una máquina. Y ese es ya un territorio completamente desconocido.

Así que resulta que la ciencia-ficción también ha conocido a una alternativa impulsada por la tecnología que la ha dejado medio patidifusa: la realidad.

Esa realidad que hace que, terminado un episodio de Black Mirror o Mr. Robot (por ejemplo), uno sienta la necesidad de sentarse unos minutos a digerirlo.
La certeza absoluta de que lo que acabas de ver es perfectamente factible en una ventana de algo menos de diez años.

Published by

Daniel Granatta

Waiting for the robot takeover. I rewire people. I run a VR company.

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