La escasez como autodefensa para las agencias

Tapa de Nescafé

El “scarcity” (que se podría traducir como “escasez”) es esa disciplina del marketing con la que te topas, por ejemplo, cuando encuentras una oferta para un vuelo de avión de la que sólo quedan tres unidades o diez minutos para que deje de ser válida. Entonces, ante la perspectiva de perderte semejante bicoca, decides realizar tu compra, cuando en una situación normal seguirías buscando para ver si encuentras una oferta mejor.

El “scarcity” no siempre es tan sibilino como el ejemplo que acabo de contar, sino que a veces es utilizado por las compañías para entender bien de qué se trata alguno de sus productos, antes de lanzarlo masivamente al mercado con una versión más madura. Tal es el caso de la Nike Fuelband, que inicialmente sólo se vendía en Estados Unidos e Inglaterra. Cuando pregunté alguna vez por qué no se vendía en México o España, recibí como respuesta la de que aún estaban intentando comprender exactamente cómo y por qué la gente usaba las escasas que había en el mercado (o como escribía yo hace unos días, porque “no es la app, estúpido”).

Me acordé entonces de cuando alguna vez charlé con Héctor sobre la labor artesanal que hubieron de realizar para lanzar uno de los proyectos más bonitos que vi el pasado año, la tapa despertador que en Publicis México hicieron para Nescafé:

Me contaba Héctor que las doscientas tapas que se lanzaron hubieron de ser producidas y armadas a mano y una por una. Y me pareció un proceso tierno y a la vez necesario, porque si en algo me equivoqué esencialmente cuando yo proponía estas cosas en JWT México, fue el no entender que, al pensar las marcas en la innovación de producto como algo encapsulado y no en una sucesión de iteraciones, proponer una fabricación en serie de diez mil o veinte mil piezas en China es prácticamente inviable en tiempos y costos. Yo quería que marcas que hacen, por ejemplo, chocolate o bebidas energéticas, se dedicaran a fabricar productos como ratones o balones de fútbol, en vez de pensar en esos productos como herramientas de comunicación que pudieran contar una gran historia y realizar una gran labor de relaciones públicas. No digo que sea lo ideal, pero si enfocas así este tema tienes más visos de llegar a productos terminados, en vez de quedarte en tu escritorio con un montón de ideas increíbles… en una presentación de Powerpoint.

Doscientas tapas de Nescafé son muy pocas, pero a mí me gustaría tener una porque me parece una muy bonita forma de contar una historia relacionada con la marca, y porque no puedo conseguir una fácilmente. No sé, en cambio, si compraría una si hubiera miles y estuvieran a la venta.

O sea que para hacer innovación de producto para las marcas para las que trabajamos quizá haya primero que hacer una pequeña tirada y ver cómo funciona, cuánto la quieren y qué reacciones despierta a un pequeño costo, el tan famoso producto mínimo viable. Pero no para venderle la idea al cliente (como yo pensaba), sino para ponerla directamente en el mercado, esperando que el público y la cobertura en blogs y medios aprecien lo que uno quería al presentar la idea.

Y entonces, si todo sale bien, se habrán ganado el derecho a una segunda ronda.

Concluyendo, pocas veces las marcas van a producir productos aparte de los que son su negocio principal. Pero quizá combinando una buena idea con un poco de “scarcity” marketing puede que se lo piensen. Quizá el “scarcity” pueda ser una buena forma de autodefensa para las agencias de publicidad que piensan que pueden hacer algo más que campañas para sus clientes.

P.S.: Curiosamente, y mientras escribo esto, me topo con esta nota del diario The Times acerca de por qué compartirle al mundo que tienes una buena idea: para ver cómo reacciona 🙂

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Daniel Granatta

Waiting for the robot takeover. I rewire people. I run a VR company.

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