Lo digital, la electricidad y los nuevos pioneros

Gold Rush - California

Puede que haya llegado la hora de dejar ir. Del desapego liberador.

De darse cuenta de que es complicado ser pionero o relevante en una industria que ha sido ya más saqueada que las pepitas de oro en California en la era en la que todos iban buscando su propio Dorado.

Vean la foto que abre el post. Reemplacen “Cada uno de nosotros busca oro” por “Cada uno de nosotros es dueño de una agencia de publicidad digital”, por ejemplo. En un lugar donde cada vez había menos pepitas, que recuerda a este lugar de publicidad donde cada vez hay menos oportunidades de hacer trabajos ilusionantes porque vivimos en un mundo donde la mayoría de marcas viven esclavas de lo que yo denomino “la tiranía* de las pequeñas cosas”: el próximo trimestre de ventas, la promoción para el próximo fin de semana, los resultados de un testeo cualitativo y cuantitativo antes de lanzar su próximo spot de TV de 30 segundos, etc.

*“La tiranía de las pequeñas cosas” es la antítesis de lo que yo contaba en este post acerca de preguntarle a las marcas qué quieren ser de mayores.

Esas marcas (y sus agencias) que siguen hablando hoy de cómo incorporar la palabra “digital” o “social media” a su comunicación o a sus procesos me hacen pensar en que probablemente en 1910 habría conversaciones en algunas compañías de la época que transcurrirían así:
“Jefe, ¿nos pasamos ya a la luz eléctrica o compramos más velas para alumbrar a los trabajadores?

Así que como hoy TODO es digital y TODO es social (llámenme para una conferencia si necesitan que se lo desglose más detenidamente), quizá debiéramos buscar nuevas palabras que nos enviaran a descubrir nuevos horizontes. Por ponerles un ejemplo, la Realidad Virtual.

En el imaginario colectivo, la palabra VR evoca hoy lo que la palabra “digital” encarnaba hace quince años. Apasionante para unos, terrorífica para otros, como cada vez que estás enfrente de algo que parece desconocido, incontenible e incontrolable. Y no sólo desde el punto de vista de los contenidos a generar, sino de la tecnología que la soporta, la que falta por inventar, o los perfiles que se requieren para generar experiencias relevantes (cineastas y especialistas visuales, sí, pero también programadores y especialistas en machine learning -por ejemplo-, para que sea una Inteligencia Artificial la que genere todas las posibles ramificaciones visuales que podremos vivir en las nuevas narrativas que están por venir).

Así, podríamos hacer notar que un publicista de publicidad “digital” debiera verse hoy tan obsoleto como hace quince años parecía un publicista de publicidad “tradicional”. Y que los headsets con los que hoy podemos experimentar la Realidad Virtual nos parecen tan sofisticados como hace veinte años nos lo parecía conectarnos a Internet vía un módem que se desconectaba cada vez que recibíamos una llamada telefónica. Entonces descubrimos la banda ancha y nos pareció que nuestros módems eran artefactos casi prehistóricos, algo similar a lo que seguro nos parecerán en cinco años los headsets de Realidad Virtual que podemos encontrar hoy en el mercado. Y si hace veinte años comenzaron a salir sitios como Geocities.com, me pregunto cuál será el primer producto que te permita construir una experiencia de Realidad Virtual aunque no tengas ni la más remota idea ni los conocimientos técnicos para implementarla por ti mismo. Y así sucesivamente.

De modo que uno piensa que si hoy estuviera empezando en esto no me dedicaría a hacer más “digital” (whatever that means) sino que me metería de cabeza a investigar nuevos territorios muy poco transitados como éste de la Realidad Virtual del que les hablo. Por decir uno.

Como decía Jack Sparrow: “Bring me that horizon”.
Quién sabe. Food for thought.

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Daniel Granatta

Buscador de luz. Waiting for the robot takeover. I rewire people.

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