Los correos que no funcionan

Pues sí, ocurre. Lo que un día califiqué (en broma) como “bipolaridad tecnológica del tiempo real” descoloca, y mucho, cuando trabajas en una empresa con más de trescientos empleados. O sea, me refiero a esa costumbre de enviar correos electrónicos en vez de descolgar el teléfono cada vez que hay algo urgente que hacer.

El correo no sirve, es demasiado el tiempo que transcurre desde que uno lo envía hasta que lo lee el destinatario, y eso, sumado a la cantidad de pasos que requiere cada proceso en una empresa tan grande, ocasiona que lo que tenía que hacerse no se haga a tiempo, y que lo único para lo que sirve finalmente el correo es para que una de las dos partes (el que lo envió o el que no lo recibió/leyó/etc.) pueda decir que la culpa de que lo que tenía que hacerse no se hiciera es del otro.

Así que, como consejo y en honor a la memoria de Alexander Graham Bell y todos sus descendientes, si quieren resolver temas pendientes con agilidad descuelguen el teléfono, que quizá no suena tan cool ni digital, pero ahorra problemas.

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Daniel Granatta

Waiting for the robot takeover. I rewire people. I run a VR company.

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