El recuento de fallos de las marcas

Kate Moss y Tiger Woods

Hará estos días cinco años que Kate Moss, la famosa modelo, tenía un novio que se bebía hasta el agua de los floreros y consumía cuanta sustancia encontraba a menos de cien metros de distancia, el también famoso Pete Doherty. Hasta que un día, un periódico publicó una foto en su portada donde se la veía esnifando cocaína y todo se derrumbó para ella, ante el inminente fin de sus contratos con aquellas marcas que la tenían por estandarte.

Sin embargo, tras pasar por la rehabilitación correspondiente, sucedió que Kate Moss, (libre ya de Doherty, que seguía en la cárcel), encarnó una vez más la historia del Ave Fénix que resurge de sus cenizas, firmando contratos con otras marcas distintas a las anteriores y por importes mucho mayores que los que tenía con aquellas. Parece que rehabilitarse vende, por aquello de la superación.

Tiempo después, resultó que a Tiger Woods, probablemente el mejor jugador de golf de la historia, se le descubrieron sus diferentes relaciones extramatrimoniales, ante las cuales acudió a la segunda mejor cita jamás inventada para excusarse por una infidelidad: “Soy adicto al sexo”.

Woods desapareció de la vida pública, también para recuperarse de su adicción, y ahora camina por la espesa vereda de rehabilitar su imagen, de la mano de fantásticos spots de televisión, con resultados aún por ver, a decir verdad.

El caso es que a mí ambas historias ni me van ni me vienen, pero así como en el caso de Kate Moss celebro (discretamente y sin mucho entusiasmo) que regresara de donde estaba, en el caso de Tiger Woods… no tanto, algo se rompió dentro de mí en mi percepción hacia él, y aunque le sigo alabando su capacidad deportiva, en lo demás se volvió algo así como un “damaged-good”: no lo era, pero aunque yo quisiera ya nunca más podrá ser un ídolo para mí.

Se me ocurrió entonces que pudiera ser porque las acciones de Kate Moss únicamente la perjudicaban a sí misma, y las de Woods perjudicaban a terceros. Y así como en el primer caso el camino para la sanación es simplemente superarlo, en el segundo quedan cicatrices y otras heridas que quien sabe si algún día sanarán completamente, porque son de las heridas que duelen aunque no se ven, de las que traicionan la confianza.

Supongo entonces que las marcas (en términos generales) podrían aprender de estas dos marcas concretas (“Kate Moss” y “Tiger Woods”) que mientras que no le jodan la vida a nadie siempre tendrán una oportunidad de regresar al estrellato. Pero que si le joden la vida a alguien el ser respetadas de nuevo es una tarea titánica que muy pocas consiguen.

Porque lo cierto es que, también en términos generales, las marcas viven obsesionadas pensando que la gente está ansiosa por saber de ellas, cuando la dura (y verdadera) realidad es la de que a la gente (en términos generales) le importa un carajo si esta marca va a sacar unas nuevas zapatillas con tres cámaras de aire o si ésta otra va a lanzar un nuevo anuncio de televisión esta noche. Así que, cuando una campaña no funciona, realmente nadie le lleva la cuenta de las campañas de esa marca que no funcionaron, porque (simplemente) nadie las vio. Esta imagen que encontré en el magnífico blog Stuff no one told me (but i learned anyway), resume a la perfección lo que comento:

Stuff no one told me - 38

Y si no las vieron, y a los que las vieron no les jodió la vida, entonces sigue existiendo la posibilidad de volver a ganarse a la gente, intentándolo en la siguiente ocasión.

Por eso es tan interesante el mundo digital, porque para hacer algo que capture la atención del mundo entero no es necesario gastar una enorme cantidad de dinero (o al menos en las proporciones en que se gasta dinero en campañas basadas en un spot de televisión), así que podríamos decir que como el coste de fallar es reducido, al día siguiente podrás probar algo nuevo, también gastando no demasiado. Y si tampoco funciona, algo nuevo al siguiente, y así, ad aeternum. Hasta que un día aciertes.

Y es que quizá un poco menos de dramatismo y algo más de experimentación haría el ecosistema de las marcas algo más saludable para los usuarios, pero, sobre todo, para ellas mismas.

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Daniel Granatta

Waiting for the robot takeover. I rewire people.

5 thoughts on “El recuento de fallos de las marcas”

  1. Otro ejemplo: Lady Gaga. Ayer estaba feliz viendo como recibia premios en los MTV VMA, hasta que sube a recibir “Video of the year” con un “vestido” hecho de carne real….totalmente innecesario que ofende a terceras partes a mas no poder. ¿Habrá perdido publico ayer solo por querer llamar la atención?.

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  4. Pingback: Pedro German

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