Sólo soy una persona

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En México, en vez del español “polla” se utiliza el término “verga” para denominar al miembro masculino. “Verga” es un término altisonante y tabú donde los haya en este país, pero también originario de multitud de expresiones relacionadas con el mismo. Así, “está de la verga” equivale al español “está de puta pena”, si te “mandan a la verga” en México te estarían “mandando a tomar por culo” en España, y estar “muy verga en algo” significa que eres extremadamente capaz en esa tarea.

Nota aparte es el hecho de que cuando alguien llega a un país extranjero, lo primero que aprende son las malas palabras, aunque necesita algo de tiempo para situarse en el contexto. No esperen a un español diciendo “pinche pendejo” a los dos meses de estar aquí, pero denle un par de años y verán el sonido gutural con el que suelta la “j” de semejante expresión para añadirle énfasis y sentimiento. Además, como provenimos de un país donde la gente se caga alegremente en lo más sagrado, no tenemos filtro de ningún tipo a la hora de utilizar palabras que para el común de los mexicanos no son de uso público en una conversación, con lo que términos como “verga” son únicamente Sacarina o Splenda para nosotros. Al fin y al cabo, una verga es una verga y ya, ¿no? ¿o cómo quieren llamar a una verga si no es por su nombre?

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En uno de esos descubrimientos inusuales en esta oficina, encontramos cierto día que en la región de los grandes lagos, al norte de Estados Unidos, existe un extraordinario lugar llamado Vergas, en el estado de Minnesota. Vergas es un sitio peculiar, con un sitio web peculiar, y tiene un lema extraordinario que se presta a todos los dobles sentidos que queramos aplicarle:

We are small enough to know you, but big enough to serve you!

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Daniel Granatta es un geek: iBuddy

Soy un geek. Lo mejor que compré en Cannes en 2009 fue este gadget llamado iBuddy, que recibe por USB los mensajes que mis contactos de MSN me envían y cada vez que encuentra un emoticono baila y se ilumina de distinta forma, dependiendo de qué símbolo sea el recibido.

Larmes noires y lágrimas negras

Parece ser que siempre hay experiencias esperando a ser descubiertas de la manera más estrambótica posible.

“Dark side of the rainbow” es una expresión acuñada para definir la sincronía existente entre las imágenes de la película “El mago de Oz” con el disco “The dark side of the moon”, de Pink Floyd, si ambos se reproducen a la vez. Este año, paseando por Toronto tras nuestra conferencia en Flash in the Can, encontramos un cineclub en la ciudad en el que se dedicaban a realizar mezclas de este tipo, incluyendo la proyección anteriormente citada y también otras como, por ejemplo, “Nosferatu, el vampiro” con la música del disco “Kid A”, de Radiohead.

Kid Dracula

Cuando estoy en Saltillo, apenas veo la televisión, pero suelo comprar muchos dvd’s. Recuerdo cómo cuando Paulo trabajaba en Grupo W íbamos cada sábado a uno de los Blockbuster de de la ciudad, con la intención de sólo mirar, y terminábamos comprando (cada uno) nueve o diez dvd’s de series, películas o documentales sobre música, aunque siempre nos cobraron por unidad y nunca por kilos, ja.

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México y los Surrealistas Digitales

Mi teléfono

El mapa digital de México haría las delicias de un surrealista como André Bretón puesto que es un país delirante a ojos de un extranjero. Cualquier persona llegada de fuera que haya vivido aquí aprende a amar México, no por la razón, sino gracias a las situaciones delirantes que el país produce en cualquiera de sus facetas, y más aún si se conocen anécdotas como la que vivió el propio padre del surrealismo en su primera visita a este lugar.

Es un país, además, de contrastes y de dobles sentidos, no en vano una de las formas artísticas más divertidas por estos lares es el denominado arte del albur, del que más le vale a uno alejarse si no se tiene un amplio conocimiento del vocabulario castellano-mexicano, ya que de lo contrario es probable que se termine con la cara sonrojada.

Esos contrastes y dobles sentidos también pueden extraerse de algunas estadísticas del mundo diario en el que nos movemos. Por ejemplo, la población del país es de 100 millones de personas aproximadamente, de las cuales casi 30 millones se conectan con banda ancha a Internet (datos de la COFETEL -Comisión Federal de Telecomunicaciones-) En términos porcentuales, 30% es una cifra muy baja, pero en términos absolutos 30 millones de personas es muchísima gente. Claro que resulta casi pornográfico hablar de cuánta gente se conecta a Internet y el ancho de banda de su conexión cuando el 13% de la población del país vive por debajo del umbral de la pobreza (datos de 2008 de la Secretaría de Desarrollo Social) y casi el 30% percibe de un salario mínimo para satisfacer sus necesidades (datos de 2008 del INEGI -Instituto Nacional de Estadistica y Geografia-) Hace unos días se publicó en el diario Milenio un pequeño resumen de algunos datos de un estudio realizado por CONEVAL (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social), en el que, cito:

“En términos generales, en México hay alrededor de 50 millones de mexicanos con algún grado de pobreza, ya sea alimentaria, de capacidades (que abarca estudio y vestido) y patrimonial (pago de una vivienda y transporte)”

Un dato brutal, que sin embargo contrasta de nuevo con otra estadística, también obtenida de COFETEL en 2009: 74 millones de personas disponen de teléfono móvil (o celular)

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Algo más que un viaje en carrusel

En México se usa la palabra “carrusel” para referirse a lo que en España se conoce como “tiovivo” y yo, personalmente, prefiero la primera a la segunda. “Tiovivo” se te escapa de entre los labios sin pena ni gloria pero las dos erres de “carrusel” le confieren una naturaleza distinta, algo más de enjundia. Para decir “carrusel” hay que esforzarse, y cuando tienes uno delante sientes más respeto por el artefacto que por un “tiovivo”.

En Cannes (Francia), al final (o al inicio, según se mire) del Boulevard de la Croisette y llegando al Palais des Festivals, que da cita anualmente a algunos de los festivales de cine y publicidad más famosos del mundo, hay un pequeño parque en el que uno puede encontrar un puesto donde comprar peluches y también este gigantesco carrusel (aquí la palabra “tiovivo” no hace justicia), al que me quedé mirando una media hora y del que tomé este pequeño vídeo impactado por su tamaño y belleza.

Terminados los giros del carrusel, y excepto dos que querían un nuevo viaje, todos los demás niños que antes pedían a sus padres subirse al mismo pedían ahora una visita al puesto de peluches.

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El karma del email

Karma

Tengo una capacidad inusual para acumular información. En mi cabeza, iconos en mi escritorio, cosas tiradas por el suelo de mi casa… y recibiendo correos. Supongo que es muy simple ir recibiendo correos que se vayan autoalmacenando en carpetas, que luego uno revisa para contestar los que tiene que contestar ese día, y crear borradores para los que tiene que contestar en días posteriores. Yo no, yo los recibo todos en el inbox y de ahí los paso a una carpeta llamada Pendientes. En ese contexto, es fácilmente imaginable el caos que supone buscar a veces un correo concreto porque no está almacenado en la carpeta que le corresponde, sino que sigue en Pendientes aunque ya lo haya respondido. En una de esas búsquedas (en Mozilla Thunderbird que es el cliente de correo que utilizo) me ocurrió algo curioso, y es que la búsqueda no regresa los resultados tal cual sino que los va mostrando según escanea las carpetas donde está buscando, de modo que al principio de la búsqueda tenía 5 mails, luego tuve 17, luego 35, y al final tenía 130 correos que respondían al criterio de búsqueda introducido *

* Nota: ando buscando entre los correos del trabajo que conservo desde la última vez que los perdí todos, Diciembre de 2006

Dejemos de lado el resultado, lo interesante es que durante los 10-15 segundos que duró la búsqueda estuve mirando como un tonto el número que indicaba cuántos resultados había, una “inactiva” experiencia de usuario, en resumen. Y se me ocurrió entonces que si el criterio de búsqueda hubieran sido las palabras “Gracias” o “Por favor”, esa secuencia de correos encontrados sería como una especie de acto kármico, los recibidos con esa palabra me irían llenando el espíritu, los enviados serían la compensación de mi espíritu hacia los demás. De modo que esas fueron las siguientes búsquedas que hice (como puede verse, el interés de la búsqueda original pasó a mejor vida, así de disperso soy a veces)

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Cotilleos y virales

Al igual que en España también aquí en México existe la llamada “prensa rosa-del corazón”, que esencialmente ejerce la misma labor que allá, apropiarse de rumores generados por famosos de medio pelo en una espiral infinita de cinismo de todas las partes (prensa, “famosos”, lectores que la consumen)

Portada de Fama

A veces compro algunas revistas sobre el asunto y en el trabajo se descojonan de la risa de mí (aunque a veces me las piden para leer, a escondidas, claro) Lo interesante del asunto es que, a diferencia de la prensa de España, en la que conozco por qué tal o cual persona es famosa, en México desconozco por completo el estado de la farándula, de modo que lo que queda tras leer cada historia no es el hecho de quién la protagoniza, sino el hecho grotesco de las historias en sí y que suelen ser dignas de un guión surrealista, desde presentadores homosexuales que no reconocen que lo son y que son brutalmente golpeados por gigolós a los que no quieren pagar por sus servicios o el hermano de algún cantante asesinado que da una rueda de prensa para anunciar que el fantasma de su hermano se le aparece para pedirle que cuide a sus amantes.

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Diez tests de Facebook que hago y diez que no

Adoro los tests de Facebook. Algunos amigos los aborrecen y continuamente bloquean la aparición de resultados ajenos pero yo, en lo particular, adoro la crudeza de mi News Feed convertido en un desastre con todo el mundo compartiendo sus notificaciones, reflejo de sus intereses. La última moda, la Galleta de la Fortuna, fue muy bien analizada por Arturo hace un par de semanas. Y yo, sin embargo, después de una experiencia de hace un par de meses en la que compré cien galletas y leí sus cien mensajes, prefiero mantenerme alejado de las mismas y sus ambiguas soluciones de vida.

Eso, como comentaba, no es óbice para que no pueda leer los mensajes que les aparecen a otros con una cierta frecuencia. Y sigo con particular interés la aparición de spoofs de aplicaciones como la de las galletas, por ejemplo la “Galleta de la fortuna mala onda” (en México “mala onda” es el equivalente al español “mal rollo”), que dispara mensajes tan sensacionales como el siguiente:

Galleta mala onda

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Madonna y el engagement

Swept away

Aunque reconozco el mérito y longevidad de su trayectoria musical, no soy excesivamente fan de Madonna. De hecho lo más memorable que ha aportado a mi vida ha sido la película “Swept away”, dirigida por su entonces marido Guy Ritchie y que creo en España se tradujo como “Perdidos por la marea”. Si alguien no sabe qué hacer un sábado por la tarde, le recomiendo alquilar la película en el videoclub más cercano y verla doblada a castellano con subtítulos en castellano (donde la voz dice “ahora estás a mi servicio, tendrás que obecederme”, el subtítulo reza “lámeme los pies si quieres comida, perra”), prometo que la experiencia es absolutamente hilarante y memorable y quien la viva correrá urgentemente a contarle a sus amigos lo recién vivido.

Cuando en 2005 lanzó su disco “Confessions on the dance floor”, algunos canales de música comenzaron con el bombardeo del vídeo de su primer single, “Hung up”, a cuyo visionado accedo únicamente por la pereza de no buscar el mando a distancia de mi TV para cambiar de canal. Y de repente, en mitad de toooooodas las coreografías que se le suponen al vídeo de una canción eminentemente creada para bailar, sucede algo mágico y poderoso en el minuto 1:39, la imagen de cuatro personas coordinadas moviéndose al ritmo del beat de la canción en un pequeño espacio.

Es un sentimiento mío, muy personal, claro, pero de ahí en adelante y hasta el final de la canción quedo preso de lo que sucede en la pantalla, comprobando que algo que Madonna hace a la perfección es conseguir, a partir de un momento inesperado, que cualquiera que vea un vídeo de alguna de sus canciones desee ser parte del mismo.

Y aunque el engagement posee definiciones mucho más académicas, a mí no se me ocurre un mejor ejemplo acerca de cuál es exactamente la sensación que deberíamos intentar generar cada vez que alguien visite un sitio de experiencia realizado por nosotros.