A veces bastan R’s parpadeantes en una esquina

Con tanta fiebre sobre el Mundial de fútbol y la noticia de que Michel Platini había sido ingresado de urgencia por un desvanecimiento, me topé con este vídeo de un penalty que el legendario jugador falló en la tanda de lanzamientos de la eliminatoria de cuartos de final del torneo de México 1986, en la que Francia finalmente derrotó a Brasil antes de caer en semifinales ante la selección de la (entonces) República Federal de Alemania:

Sin ser un futbolero excesivamente apasionado, recuerdo vívidamente aquel Mundial por ser el primero del que era plenamente consciente, al contrario que con el anterior de 1982, del que tengo recuerdos más fragmentados por ser muy pequeño en aquel entonces. Y así, recuerdo también que este Mundial fue el motivo por el que se compró el primer reproductor de vídeo que hubo en mi casa (un VHS), con el que grabé, entre otros, la histórica victoria de España sobre Dinamarca por 5-1.

Me hizo gracia, digo, el vídeo anterior, porque me hizo viajar de regreso a aquellos partidos, cuyas retransmisiones eran espectacularmente toscas, con signos de la época como la repetición de las jugadas con una “R” parpadeante en una esquina:

Retransmisiones televisivas de México'86

Sin embargo, a partir de las eliminatorias de cuartos de final, hubo un pequeño cambio que introducía una visualización muy discreta pero también muy distintiva. El nombre de los jugadores descansaba sobre una bandera del color de su país, colores que también aparecía en los laterales de ese marco sobre el que se veían las jugadas repetidas antes de desaparecer de la pantalla:

Retransmisiones televisivas de México'86

Retransmisiones televisivas de México'86

Eran detalles pequeños y modestos que no tienen nada que ver con la espectacularidad de las retransmisiones de hoy en día, repletas de cámaras y tomas a distintas velocidades para, básicamente, apreciar el mismo tipo de acciones que ocurrían entonces. Y siento que, de repente, añoro aquella sencillez. Quizá era una sencillez involuntaria, pero era extraordinariamente relevante para todos los que estábamos viendo aquellos partidos, una nota de color en un mundo de grises y que además generaban un contexto de información magnífico sobre lo que en ese momento teníamos en pantalla, que no era más que un partido de fútbol.

A veces, viendo algunos sitios o campañas publicitarias tengo la misma sensación, la de que nos olvidamos de que al final lo que tiene que gustar es un contenido, una historia o un momento, y lo que lo reviste debería ser, hasta cierto punto, importante (porque lo enriquece) pero nunca el protagonista. Porque si el partido es bueno, no hace falta que me lo muestres con diez cámaras distintas, y si es malo ni diez cámaras lo van a salvar.

Me pregunto entonces por el acabado visual de todo aquello que comparto (o me comparten) diariamente por la red, y pienso en cuantas veces envié a un amigo el enlace de un vídeo de YouTube porque la animación fuera impresionante, o una imagen porque gráficamente fuera impactante. Y la respuesta es “muchas”, claro, porque por lo general uno también se nutre de lo que vive, pero también son “muchas” las ocasiones en que he compartido (o me comparten) sitios, vídeos, fotos o enlaces que visualmente son una atrocidad, y que sin embargo no puedo dejar de ver y/o compartir porque en ningún momento me planteé si lo visual era un factor importante en aquello que estaba disfrutando.

No es ésta una defensa de hacer proyectos feos porque lo visual no importe, sino más bien una defensa de centrarnos en lo verdaderamente importante para nosotros y para quien los va a usar, siendo lo visual un factor a cuidar más. Porque, por especiales y complementarios, cuando un contenido es bueno, hasta una “R” parpadeando en una esquina o un nombre apostado sobre una bandera pueden ser caviar para los ojos.

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Daniel Granatta

Buscador de luz. Waiting for the robot takeover. I rewire people.

3 thoughts on “A veces bastan R’s parpadeantes en una esquina”

  1. Lo mismo pasa con la información. Yo me vanagloriaba de mis conocimientos poco extensos pero variados, propios de aquél que se sienta a comer con un tomo de la Enciclopedia Britannica (en su versión castellanizada) pero no ahonda en ningún tema.

    Tengo cuadernos llenos de recortes y comentarios temáticos. Me enorgullezco de mi prontuario “Beat”, donde registré durante años todo lo que el suplemento cultural de La Jornada” publicaba sobre el tema de los locos jazzistas y mecanógrafos del viaje. El papel es amarillento y huele a señor de cartón. El Pritt casi ha desaparecido como las memorias de esas horas de ocio leyendo y releyendo mis pacientes conquistas.

    Ahora todo mundo puede saber lo mismo que yo en menos de 1 hora. Lo que no puede tener es esa senación del papel cediéndole su materia al mundo, de esos recuerdos que se desgajan en mis dedos cada vez que me recuerdo.

  2. Interesante publicación. Me hace reflexionar sobre la manera en que la tecnología ha venido casi a sustituir, en este caso, al verdadero protagonista del fútbol: los jugadores y sus habilidades. La semana pasada regresé después de mucho tiempo al estadio. Es impresionante cómo nuestra mente, después del incansable bombardeo televisivo, busca en la vida real lo que recibe en el televisor. Después del gol, sentí que algo faltaba… la repetición de 10 tomas en diferentes ángulos, las estadísticas del jugador, el comentario del narrador… Pero a cambio, los gritos de la tribuna, el comentario del aficionado a dos filas diciendo “eseeesmijooo!!”, el olor y sabor único que nunca te dará la transmisión. La tecnología no es mala per se… pero no hay que olvidar lo básico del juego. Saludos!!!

  3. Pingback: Daniel Granatta

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