El Raji y el primer escritorio de Digital Invaders

Escuela "Digital Invaders"

Ahora que Rubén ya no está me parece oportuno rescatar un pequeño vídeo que tomé en 2009 y que nunca publiqué en ningún sitio, porque pareciera estar por llegar el momento en que hubiera motivo para ello. Quizá lo haya ahora, porque ilustra mucho de la historia de Rubén llegando a Saltillo para iniciar el proyecto Digital Invaders.

Los que trabajábamos en Grupo W apenas cabíamos ya en la casa que fue la oficina de la agencia entre 2005 y 2009, porque en apenas un par de años habíamos pasado de ser un grupo de quince personas a ser otro de casi cincuenta. Así que, como podrán imaginar, cada vez que llegaba alguien nuevo no sólo había que conseguirle su equipo, software y demás, sino que había que empezar por cuestiones mucho más básicas, como un espacio con una mesa y una silla, lo cual créanme que era bastante complicado.

Y un día llegó Rubén, el Raji, y como no había nada mejor a mano, le dimos la silla más renqueante y jodida de toda la historia de las sillas. Algo temporal, claro, mientras llegaban las sillas nuevas que ya estaban encargadas para todos. Al cuadro se agregó la petición de Rubén, chilango de pura cepa, de un ventilador, porque, por si no lo saben, cuando hace calor en Saltillo hace un calor del carajo, y como Rubén venía del DF (donde para los chilangos 25ºC ya es un calor espantoso) el pobre no paraba de sudar. El único ventilador disponible se encontraba en un estado casi tan decadente como el de la silla, pero sin embargo funcionaba, así que Rubén lo dio por bueno y se lo puso a su lado, en un cuadro ciertamente peculiar porque la silla y el ventilador se veían y movían de la forma tan surrealista que se muestra en el siguiente vídeo:

Cuando por fin llegaron las sillas nuevas, ergonómicas, con reposabrazos, reposacabezas, ruedas, y todo el blah-blah-blah que quieran agregar, Rubén, en un gesto muy de Rubén, dijo que él prefería quedarse con su antigua y deslavazada silla, porque le había tomado cariño.

Y, desde entonces, a mí siempre me pareció que la escena era una metáfora muy acertada de cómo en ese escritorio nació Digital Invaders (que en aquel momento ni siquiera tenía nombre y era simplemente “la escuela de W”) bajo la tutela de Rubén, un cuadro de funcionamiento extraño y descompensado, pero no por ello menos fascinante y funcional.

Un par de meses después, aquella silla y ventilador se perdieron en la mudanza que todos hicimos a las nuevas oficinas de la agencia, y en esa bonita casa que ahora da espacio a la escuela Rubén siempre recordó, entre risas y con algo de nostalgia, la silla tan jodida en la que comenzó a trabajar en Saltillo, porque probablemente hasta él reconocía en ella una parte de sí mismo.

Ay, Rubén, ojalá hayas encontrado tu silla allí donde estés ahora 🙂

Published by

Daniel Granatta

Waiting for the robot takeover. I rewire people.

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