Robando combustible del tanque

Ayer leí en un post en Yorokobu un par de reflexiones acerca del reciente fenómeno del lanzamiento de Grand Theft Auto V, juego que ha logrado recaudar más de 1.000 millones de dólares en sus primeras 72 horas de vida, batiendo varios récords de la industria del entretenimiento (y ya dejemos por favor de armar y separar categorías, adentro de esto entra todo: cine, videojuegos, libros, música y todo lo que nos entretenga…)

Allí, el autor comentaba cómo ciertos integrantes de la “economía reconocida y oficializada”, tales como periodistas, asesores financieros, tomadores de decisiones, empresarios de sectores diversos y políticos, todos ellos bien old-skool, permanecían ciegos e indiferentes frente a fenómenos como el de GTA V y sus implicancias.

En mi humilde opinión, creo que parte del problema estar aún rodeados por “empresaurios” de cualquier sector formados en la antigua economía, que pretenden que todo continúe como hace 15 o 20 años, con tal de mantener inalterable su status quo. Y para agravar la cosa, estos personajes dan clases a generaciones jóvenes en universidades y escuelas de negocios, creándoles una visión paralela y manipulada de una realidad y un presente que claramente son diferentes.

En diciembre de 2007 tuve el placer de conocer a Jeffrey Cole, director del Center for the Digital Future, parte de la Escuela Annenberg de Comunicación de la Universidad del Sur de California, en el contexto de una jornada de actualización profesional brindada por Microsoft en Buenos Aires. Jeff es además consultor para varias empresas globales de tecnología, de automoción y de consumo masivo. Lo que contaba Jeff en aquel entonces es que una vez estando reunido con el directorio de varias subcompañías pertenecientes a una reconocida marca de entretenimiento y tecnología cada vez más ligada a las plataformas digitales, algunos directivos de las unidades de negocio menos beneficiadas (en principio, al menos) por la digitalización al ser interpelados acerca de por qué no abrazaban el cambio y se ponían a pensar cómo aprovechar las posibilidades de la nueva economía la respuesta que tuvo fue demoledora: “we still have fuel in the tank”. O sea, los personajes echados en sus sillones de toda la vida lo único que estaban esperando era terminar sus carreras, jubilarse con pensiones de lujo y pasarles el marrón a las generaciones venideras. Pateando la pelota hacia adelante, tratando de no llamar la atención demasiado, no arriesgando ni queriendo aprender nada nuevo. Genial, ¿no?

Tres ejemplos más. Hace un par de años, trabajando en una agencia de publicidad para una reconocida marca global, una persona con un un alto puesto y responsabilidad en la gerencia de marketing se refería a fenómenos como “Angry Birds” como “esos jueguecitos de los móviles” de manera sobrada y bastante despectiva. Puestos a hablar de números, seguramente gente como ésta debería tratar de entender los alcances de estos pajaritos de colores y cerditos verdes, que el año pasado han generado revenues a Rovio por 152 millones de dólares.

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Un otro ejemplo más reciente: sin ir más lejos, hace un par de días pudimos ver cómo “House of Cards” luego de recibir 9 nominaciones a los premios Emmy se hacía con tres estatuillas de dicho premio, lo que confirma una vez más que la manera de distribuir contenidos y entretenimientos tal como la conocimos a través de la TV de toda la vida, no es la única manera y quizá ya no sea la mejor para asegurar calidad, relevancia y formatos adecuados a los tiempos que corren. Hace unos años apenas ningún ejecutivo ni directivo de HBO se hubiera imaginado escuchar la palabra Netflix tantas veces a la hora de convocar a alguien a recoger sus premios.

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Finalmente el otro ejemplo, ampliamente conocido ya. El año pasado, en abril de 2012, mientras Instagram anunciaba ya 30 millones de cuentas abiertas y la versión de Android recién lanzada en ese entonces pasaba el millón de downloads en 12 horas, Kodak, una empresa de toda la vida que perdió en parte el foco de su negocio (el negocio de las fotos es que sean compartidas, no que se impriman en papel) se preparaba para su bancarrota. Otros más que habrán pensado en su momento “aún tenemos gasolina en el tanque”…

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En fin, podemos elucubrar y plantear cientos de teorías, pero al final los que hablan por sí mismos son los hechos, que son concretos y contundentes. Podemos ignorarlos, o podemos entenderlos y ver cómo nos adaptamos a los tiempos que corren y a las nuevas reglas del juego (y no hablo sólo del GTA V).

2 thoughts on “Robando combustible del tanque”

  1. Ni hablar de la industria musical. Lo bueno de todo esto es que los pequeños – el programador indie o la banda independiente – tiene hoy las cosas mucho más fáciles, cuando antes lo mejor siempre era golpear la puerta de algún monstruo y rogar que acepte tu material. Que nos sigan mirando de forma despectiva: esto es sólo el comienzo.

  2. Fer, coincido en todo lo que decís (incluyendo la genial palabra “empresaurios”), pero sabemos que por el momento es una lucha desigual.
    Porque nuestras ideas siguen dependiendo de presupuestos mal distribuidos porque es más fácil mostrar a cualquier directorio el diario de hoy con nuestro aviso o que la “señora del presidente” vea la “propaganda” en la tanda de su programa favorito.
    Habrá que esperar una generación más parece…
    Dichosos aquellos que crean en empresarios/dirigentes/comunicadores jóvenes y les hagan caso para dedicarle más plata a algo que les traerá más y más dinero a los bolsillos de su empresa, como es apostar a lo digital.
    Mientras tanto estimado amigo, a seguir remando o a buscar local para el parripollo.
    Abrazo!

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