Rothko y la Realidad Virtual

Cuando vives en una megaurbe (como, por ejemplo, la Ciudad de México) te acostumbras al ruido. Es un ruido que nunca se detiene, ni siquiera de madrugada -sirenas a lo lejos, gritos por la calle, etc-, y que se vuelve una especie de zumbido que te acompaña a donde quiera que vas.

Uno no sabe que se ha acostumbrado al ruido hasta que se desplaza a otras latitudes (generalmente más pequeñas) donde no hay tanto ruido como en ese lugar del que procedes. Yo me percaté un sábado por la mañana en la ciudad de Querétaro. Iba saliendo de un aparcamiento y pensé “un momento, ¡no se escucha nada!” Escuchar el silencio es toda una novedad cuando ya no te acuerdas de cómo se siente.

Otra ocasión en que me sucedió lo mismo fue en un viaje a Houston, en el que alcancé a visitar la famosa Rothko Chapel, una capilla en la que el artista fue comisionado para crear obras que inspiraran la meditación en el lugar, una especie de santuario para personas de cualquier religión.

Capilla Rothko (Houston, EEUU)

Allí dentro (obviamente no se pueden tomar fotografías) uno no podía dejar de pensar en qué habrá pasado por la mente de alguien para pintar de morado o de negro unos lienzos de semejante tamaño. Una vez me dijeron que para entender las obras de un artista era necesario conocer las vicisitudes por las que pasó a lo largo de su vida. Ha de ser el caso.

Pero bueno, volviendo al tema que nos ocupa, el silencio en el lugar (aun estando lleno de gente) era sepulcral, y me hizo plantearme la necesidad que tenemos hoy en día de silencio. Para pensar, para recordar, para aburrirnos.

En medio de tanta información que viene y va, y con agregados como -ahora que está tan de moda- la realidad virtual, pareciera que vamos a ser capaces de vivir lo que sea: comprarte una cocina nueva, ir a la guerra en un videojuego, practicar paracaidismo, ver/sentir porno, rollercoasters, etc. Que no nos falte ni una gota de adrenalina en nuestros headsets de realidad virtual. Razón de más, entonces, para contrarrestar con un poco de silencio todo ese ruido con el que vamos a alimentar nuestros sentidos próximamente.

Hay decenas de aplicaciones en el App Store para concentrarse (focus@will es muy buena, como recomendación), porque hoy en día concentrarse es tan difícil que ayudar a conseguirlo es todo un negocio. Así que pensé que, además de todas esas experiencias trepidantes en mi casco de VR, también me gustaría tener la experiencia VR de la Rothko Chapel. O una experiencia de VR que transcurriera dentro de una cabaña, enfrente de una chimenea y donde no pase nada. Nada de nada.

Incluso estaría bien que existieran versiones VR de algunas otras herramientas que ya caminan actualmente por esta senda, como por ejemplo el maravilloso Ommwriter de los Herraiz Soto & Co.

Porque, ya saben, silencio. Sssshhhh.

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Daniel Granatta

Waiting for the robot takeover. I rewire people.

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