Silencios

Este no es el tipo de post que un servidor suele escribir en este blog, pero hoy voy a escribirlo así porque este 12 de Marzo es un día chungo (como se diría en España) o culero (como le dirían en México). Un día jodido, vamos. Un día que amerita el contar una historia.

Hace cuatro años, obviamente, también era 12 de Marzo y yo estaba en La Paz (Baja California Sur, México) para dar una conferencia. Un día antes se habían cumplido cuatro años de los atentados en los trenes de Atocha (Madrid, España) y tres días antes el PSOE había vuelto a ganar las Elecciones Generales en España. Fue ese domingo cuando mi padre me dijo escuetamente por teléfono que estaba “enfermo”, que su piel tenía un tono amarillento y que pensaba que pudiera tener ictericia, una enfermedad que se manifiesta cuando en el cuerpo hay problemas que van desde serios hasta muy graves.

Al día siguiente, lunes, le realizaron varios análisis clínicos, todos los cuales descartaban cualquier tipo de tumor como parte del problema, citándole dos días después (o sea, ese día 12 del que hoy se cumplen cuatro años) para una intervención quirúrgica que sirviera para atajarlo de raíz. Y así estaba yo ese día, recién terminada mi conferencia (a cuya foto pertenece la imagen de unas líneas más arriba), pendiente del teléfono móvil para saber cómo había transcurrido la operación, compleja pero hasta cierto punto “no de riesgo”.

Cuando mi teléfono sonó por fin, mi madre, desde el otro lado de la línea me dijo que me sentara, porque había de contarme que los médicos, al abrir al paciente en busca de su vesícula biliar (la que estaba generando toda la bilirrubina y produciendo esa ictericia) habían encontrado varios tumores. Y uno de ellos, en el páncreas, en avanzado estado.

Pérdida
Menos de tres meses después (el 8 de Junio de 2008), mi padre falleció. Les ahorro los detalles para decirles que por muy asumido que tengamos que la muerte es parte de la vida, uno nunca está preparado para comprender la partida de un ser querido, joven o anciano, y que el famoso dicho del “es ley de vida” no le quita a uno ni un gramo de dolor. Mucho menos cuando mi padre tenía 59 años y aún le quedaba tanto por vivir, y a mi madre y a mí con él, supongo.

Para acompañar el cuadro, dos eventos más (ambos patéticos y ambos de pérdida) adornaban la escena de mi vida. Uno en Diciembre del año anterior. Otro en ese mismo mes de Junio. Y no sé si alguna vez han vivido una desesperación de esas en que uno termina por sentir que su cuerpo se vacía por dentro, como el agua se marcha por un desagüe en un lavabo. Así es como yo me sentía, sereno pero solo, vacío e impotente.

Soledad
Hay distintos tipos de soledad y a todas hay que acostumbrarse. Por ejemplo, la Ciudad de México es una urbe gigantesca llena de gente que en realidad se siente muy sola, alienada, pero con la ventaja de que hay muchas cosas por hacer. La soledad en esta ciudad se puede paliar si tienes ánimo y fuerza de voluntad.

En cambio, Saltillo, que es donde yo residía entonces, es un lugar más pequeño, lleno de las costumbres y rutinas que se generan en los lugares donde no hay tanta diversidad de opciones. Y aun con ánimo y fuerza de voluntad, uno termina arrastrado a los mismos lugares a los que ya solía ir anteriormente.

Pueden imaginarse el grado de soledad que me acompañaba al regresar de España, sin nada más que rutina por delante y toda mi familia a doce horas de distancia en avión.

Puente
Desde la distancia de estos cuatro años, creo que nunca he crecido tanto en mi vida como en aquella época. Porque aun estando con gente, me sentía tan en soledad que el silencio que la vestía me sirvió para comenzar a tomar decisiones. A distinguir lo importante y a desprenderme de lo que quizá era doloroso pero no tan grave. Pero, sobre todo, el silencio se volvió el lugar en el que escuchar lo que probablemente mi padre hubiera comentado si yo le hubiera preguntado sobre tal o cual tema acerca del cual necesitara tomar una decisión.

Las opciones que uno elige cuando está tan a solas consigo mismo contenían así una cierta equidistancia entre la cabeza y el corazón, al punto de que ese silencio se volvió un puente entre ambos lugares, para que cada decisión tomada con la cabeza tuviera un poco de corazón en ella, o que de igual manera todas las corazonadas llevaran anexas consigo una cierta sensatez.

Silencio
No hay ningún tipo de trasfondo religioso en las próximas líneas, pero creo que los que se van siguen al lado de uno aunque ya no estén físicamente presentes. Lo creo firmemente en el caso de mi padre, y creo también que es el silencio el lugar desde donde me habla. No sé si les parezca absurdo, pintoresco o irracional, pero así es como funciona para mí. Y a lo mejor funciona para ustedes si se ven en la misma situación o a lo mejor no, no creo que haya ninguna fórmula.

Lo que sí parece funcionar como un reloj es el hecho de que en silencio uno escucha cosas que en otro lugar no podría escuchar por estar sepultadas bajo el ruido. Y en vista de que hoy todo el mundo parece tener una opinión para todo y para todos a cualquier hora y en cualquier plataforma, no debieran desdeñar el potencial que tienen esos momentos en los que la única opinión que cuenta es la suya. Si piensan en la cantidad de cosas que dependen única y exclusivamentemente de ustedes mismos, verán que no son tantas como para andar desperdiciándolas.

Dicho lo cual, nada de este texto-exorcismo quita que hoy siga siendo 12 de Marzo, un día especialmente chungo, culero y jodido. Pero al menos sí puedo terminar diciendo que, gracias a esos silencios, hoy soy un mejor tipo que hace cuatro años, porque a veces hay en ellos más sabiduría que en la más convencida de las voces.

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Daniel Granatta

Buscador de luz. Waiting for the robot takeover. I rewire people.

13 thoughts on “Silencios”

  1. Hola Daniel, yo veo no muy lejano mi “12 de Marzo”, me he identificado pero como dices tu, nunca se está preparado. Un abrazo y sigue disfrutando a tu padre.

  2. Dani, muy profundo y contundente. Te felicito por tener la valentía y la sensibilidad para compartirnos esto. Se nota que eres una gran persona. Un abrazo.

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