Sin publicidad, ¿es mejor?

Hoy por la mañana me topé con este post en Ars Technica (“Why ad-blocking is devastating the sites you love”) acerca de que bloquear la aparición de banners y anuncios en el navegador afectaba directamente al posible mantenimiento en línea de los sitios que uno visitaba con más frecuencia. El razonamiento era el de que, como usuario, consumes ancho de banda -entre otras cosas- del sitio que visitas, cuya factura han de pagar ellos, que utilizan los ingresos generados por dichos anuncios para acometer los pagos; con los anuncios bloqueados, el coste queda completamente del lado del sitio, que depende entonces de qué usuarios son suscriptores de pago -y sólo en caso de que los tengan- como método alternativo de financiación.

A mí, lo de bloquear la aparición de banners me parece una medida un tanto desmesurada, no creo que nadie haya muerto por sobreexposición publicitaria, y no en vano uno de los posts más comentados de este blog es aquel en el que relataba las desventajas (según yo) de la versión Premium de Spotify en países, como México, donde no se puede acceder aún a la versión Free, de modo que no tengo posibilidad alguna de acceder a la publicidad (alguna horrible, alguna magnífica) que se emite en esta última versión.

Sin publicidad también se quedaron en televisión en España, una vez que entró en vigor, a partir de este pasado 1 de Enero de 2010, la prohibición de emitir publicidad de ningún tipo en su televisión pública (Radio Televisión Española o RTVE), lo que desencadenó una situación pintoresca en la última noche de fin de año.

Nochevieja 2009
(Foto de Pierre Rockefeller C. / http://www.flickr.com/photos/pierrerc/ / CC BY-NC-SA 2.0)

Antes de detallarla, el contexto: en España es costumbre el celebrar la llegada de cada nuevo año comiendo doce uvas, una por cada campanada del reloj que se encuentra en la Puerta del Sol de Madrid cuando alcanza las 0 horas del 1 de Enero del año entrante. Y así, ya sea de forma presencial, o bien viéndolo por televisión, toda España se congrega para ese rito, que trae la promesa de un año de mala suerte si no se cumple puntualmente.

No es difícil de imaginar entonces, puesto que es uno de los momentos de más audiencia, cuán encarnizada resultó siempre la competencia de todas las marcas por emitir el último spot de televisión del año. Aún así, lo cierto es que no recordaría ninguno (o al menos ninguno tan especial como para ser recordado desde estas líneas) si no fuera por algo realmente fantástico que implementó Mastercard en la noche de fin de año de 2007, convirtiendo a los protagonistas del Pac-man-Comecocos en unos simpáticos comeuvas (el vídeo merece la pena a partir del minuto 2:50):

Original y totalmente en contexto con el momento, lo único reprochable es cómo los dos protagonistas se convierten (de forma bastante tosca) en el logo de Mastercard, siendo este momento el primer espacio comercial del año. Sin embargo, un año después, la celebración de la llegada de 2009 vio de nuevo a los comeuvas, esta vez en una versión mejorada en la que ambos dos se dan un beso de feliz año nuevo (no sé si eso existe, pero así es como debería empezar cada año) antes de convertirse de nuevo en el logo, en un momento mágico, redondo y memorable:

Las buenas vibraciones que irradia ese momento están muy por encima del hecho de si dicho momento lo trae o no una marca a los primeros compases del año. Y como la fórmula funciona y la gente habla de ello, y además esos comecocos son ya dos poderosos personajes para poder apoyar cualquier tipo de acción relacionada con el fin de año por parte de la marca, entonces, digo, regresan de nuevo un año después para cerrar 2009, con una particularidad, la de que en el momento inicial de 2010 ya no puede haber publicidad (para los impacientes, a partir del minuto 4:28):

Y así, donde antes los dos comeuvas se besan para unirse en el logo, ahora nos encontramos con que el logo vive en mitad de la pantalla durante todas las campanadas porque a las 0 horas ya no puede aparecer logo alguno. Donde antes los comeuvas se besan, ahora simplemente explotan, transformando la magia del año anterior en algo tristemente forzado.

Y aunque uno lo entiende, porque una cadena de televisión pública (a diferencia de las privadas) se puede mantener por otros medios, también recuerda con nostalgia lo visto con anterioridad, de modo que, entre eso, Ars Technica y mis aventuras con Spotify, me queda la duda de si un mundo sin (buena) publicidad es mejor que con ella, que a fin de cuentas hay algunos spots que son muchísimo más entretenidos que la mayoría de los programas que interrumpen y muchísimos banners más interesantes que la mayoría de noticias a las que acompañan en cualquier lugar de la red. Porque cuando está bien hecha, siempre deja algo en todos nosotros, aunque terminemos por no comprar ninguno de los productos que anuncie:

About Daniel Granatta

Español emigrante de inventiva interactiva delirante. And i'm just like Math.