Sinestesia digital y los siete sentidos

Cuando quiero entrar a Facebook desde un ordenador de escritorio, abro una pestaña de navegador y tecleo “Fa”. En el intervalo que transcurre desde que pulso la tecla “A” hasta que pulso la tecla “Intro”, el navegador “autocompleta” el “Fa” con “cebook.com”, y de ahí me dirige a la página de mi feed en Facebook.

Sin embargo, hay veces en que, por el motivo que sea (no hay Internet, tengo trescientas pestañas de navegador abiertas, etc.), al navegador no le da tiempo a autocompletar lo que yo he escrito con lo que él supone que yo estoy buscando, así que mi pulsación de la tecla “Intro” significa que estoy buscando en Google la sílaba “Fa”.

Entonces mi mente me lleva a recordar a la chica de Fa, cuya historia narra muy bien Sergio Rodríguez en su blog sobre la historia de la publicidad.

Poster de colonia FA

En unos spots que hoy serían imposibles de transmitir en ninguna cadena de televisión, toda una generación de niños que rondábamos los cuatro o cinco años (hablo de 1981) asistíamos atónitos a la contemplación de una mujer que corría en topless por una playa. No era morbo, era simplemente la imposibilidad de registrar en nuestros cerebros lo que estábamos viendo. Pechos, tetas, boobs, como quieran llamarlo.

Más de treinta años después, la chica de Fa y su claim (de nefasto doble sentido: “los limones frescos/salvajes del Caribe”) forman parte del imaginario colectivo de millones de personas que crecimos en los años 80. Y yo vengo a recordarlo porque mi navegador no pudo “autocompletar” la dirección del sitio que yo quería ver.

Si la “sinestesia” se define como esa capacidad de percibir sensaciones con un sentido que, originalmente, no está destinado para ello (“oír colores”, “oler sonidos”, etc.) me dio por pensar que esto de teclear algo en un navegador y acordarme de un spot que veía en televisión en los años 80 también es una especie de sinestesia. Una sinestesia digital.

Piensa en nuestros cinco sentidos: la vista, el olfato, el oído, el tacto y el gusto.
Piensa en lo que a veces denominamos sexto sentido: la intuición.
Y piensa en que pudiera haber un séptimo sentido, ese que nos causa tanta ansia cuando se nos es negado o que confunde nuestra percepción cuando no actúa como esperamos: internet.

Esa pudiera ser una de las consecuencias de que ahora todos seamos cyborgs.

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Daniel Granatta

Waiting for the robot takeover. I rewire people.

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