Publicidad y Creatividad

Pulsando botón del ratón

Estos días en que estoy votando las piezas enviadas a un festival de publicidad me asalta un pensamiento: las piezas que se enviaban hace 5 ó 10 años a este mismo certamen eran más brillantes, más valientes. Entiendo que los festivales son, antes que nada, un negocio, y ello requiere que mucha gente envíe sus materiales, de los cuales probablemente un 80% sean terribles, pero hasta las mejores piezas de éste que estoy votando palidecen ante cosas hechas hace algún tiempo. Me pregunto si no estaría bien que los festivales de publicidad desaparecieran durante uno o dos años, para que las agencias y las marcas pudieran hacer una especie de detox al respecto de cómo y por qué trabajan de esa manera, les interesen los premios o no.

Pienso entonces en un artículo que enlazaba hace unos días Jorge Camacho sobre el futuro de la publicidad, de esos en los que alguien te arregla la vida en 5 puntos sin hacerse primero la pregunta más importante: antes de preguntarse cuál es el futuro de la publicidad, primero hay que preguntarse si la publicidad tiene futuro, o si tiene sentido que lo tenga.

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Alineando fotos

Tomo muchísimas fotos pero soy un pésimo fotógrafo. Cuando alguna me queda bien, tiene más que ver con la probabilidad de que una de entre tantas salga bien que con mi habilidad capturando momentos.

Por eso ahora estoy usando LVL Cam, un app que funciona con tus fotos como esos apps que se usan como nivel para alinear cuadros en las paredes: una guía en tu pantalla te sirve para colocar tu teléfono completamente recto y perpendicular al suelo:

Foto no alineada

Foto alineada

Aquí el enlace en iTunes por si quieres descargarla.

No es la app, estúpido

Usuarios interconectados

Parafraseo la famosa frase de Bill Clinton en su campaña de 1992 (“es la economía, estúpido”), para hablar de todas ocasiones en las que alguien comienza exponiendo su idea diciendo algo similar a:
“Hemos pensado en una app que…”

Me gusta pensar que la tecnología no es más que un habilitador para las ideas (no a la inversa), así que cuando escucho algo así no puedo sino pensar en que una app, por sí sola, no sirve para nada, pues depende enteramente de la gente que la utiliza.

Piensa en Whatsapp, piensa en Tinder, piensa en Waze. Son herramientas tan valiosas por la gente que conecta, no por su funcionalidad en sí misma. Es la gente que la usa la que hace de Whatsapp una herramienta más valiosa que Line. O de Facebook un lugar más valioso que Tuenti. La gente, y no la utilidad (que es similar en el par de ejemplos que cito) es la que da el valor.

Por eso, cuando alguien presenta una idea diciendo que es una app siempre me viene a la mente el ejemplo de Nike+. Recuerden cómo comenzó: un chip en tu zapatilla y una aplicación en el teléfono, sincronizados para “taggear” cuánto corres, y así poder agregar tus kilómetros en un lugar donde el resto de usuarios pueden hacer lo mismo.

Cuando alguien comienza a explicar su idea diciendo que tiene una app, pienso que es como si explicara Nike+ hablando durante dos horas de cómo está hecho el chip o la aplicación del teléfono.

Y no, ninguno de los dos es lo importante. Son imprescindibles, claro está, pero nunca como fin, sino como medio para que todos los usuarios y usuarias tengan la oportunidad de conectarse o compararse entre ellos gracias a una misma unidad (en este caso, los kilómetros) dentro de una plataforma.

Lo que importa no es la app, sino las relaciones que se establecen entre aquellos que la utilizan.

No está mal pensar en una utilidad y en cómo una aplicación podría ayudar a darle vida, pero tarde o temprano se van a topar con un muro si no piensan en qué es lo que tienen en común todos los usuarios que la utilicen (ser el que más corre, querer tener más citas, ser el mejor fotógrafo o encontrar la mejor ruta a casa en coche, por ejemplo). Si lo averiguan, tienen entre manos una plataforma. Y esa es su idea, no la app.

¡No es la app, estúpido!

La aplicación móvil de Spotify

Aunque soy un usuario fiel y frecuente de Spotify (y eso incluye peticiones extrañas para ellos), lo cierto es que no acabo de comulgar con su aplicación de dispositivos móviles, que en general me parece complicada y poco intuitiva. Y un poco más, la aplicación no puede utilizarse simultáneamente en tu teléfono y en tu escritorio. Quiero decir, si estás usando la aplicación en tu escritorio y reproduces una canción en el teléfono, se detiene el funcionamiento de la del escritorio. Y viceversa.

Entonces pensé que quizá estaría bien que la aplicación móvil de Spotify tuviera un propósito distinto. Que cuando la esté utilizando independientemente funcione como hasta ahora, como reproductor de música. Pero también que, cuando decida usar la de escritorio, la móvil ya no funcione como reproductor, sino como control remoto de la primera.

Sería muy útil. Supongo que acabo de crear un brief para algún próximo Hackathon o Hackerspace. ¡A ver!

La factura de teléfono en los tiempos del roaming

Es criminal. Cruza uno la frontera del país de origen de su proveedor telefónico con el 3G activado y al regresar te encuentras una factura con más 0s que la cartilla escolar de un niño con problemas de actitud.

Hasta que te descargas una aplicación como Onavo Extend, que comprime todos los textos e imágenes que van y vienen por tu conexión 3G, reduciendo el tráfico de datos (y tu factura) a más o menos la mitad.

Por si tienen que viajar, ya hay versión para iPhone y también para Android.

No se llama Guybrush Threepwood y quiere ser un pirata

Como mi adolescencia se desarrolló a inicios de los años 90, jugué “Maniac Mansion” y “Day of the Tentacle” y “Monkey Island” y “Monkey Island 2” y “Sam&Max hit the road” e “Indiana Jones and the Last Crusade” e “Indiana Jones and the Fate of Atlantis”. Bueno, en general todos los juegos de aventura gráfica que lanzó Lucasfilm Games que usan el sistema SCUMM como interfaz (la crucecita que mueves como cursor haciendo clic sobre diversos objetos y frases en la pantalla, para interactuar con el resto del universo del juego), no muy ricos en el aspecto gráfico para nuestros parámetros actuales (sí entonces) pero sí terriblemente divertidos.

Así que, quizá por el recuerdo de aquella multitud de horas invertidas en cultura popular aventurera, me pareció tan increíble esta animación con la que Marius Fietzek busca trabajo (pueden hacer clic aquí o sobre la imagen inferior para visitarla):

Con la idea de que quizá quien lo pueda contratar jugó todos estos juegos hace veinte años, el lugar al que te retrotrae este CV es completamente reconocible y entrañable, con guiños como la aparición de un personaje similar al famoso pirata LeChuck o las peleas de diálogos de la serie “Monkey Island”, así que decidí descargar la película Flash (en formato SWF) y subirla aquí por si el chico encuentra trabajo y decide retirarla del servidor.

Ojalá hubiera más CVs tan brillantes como este 🙂

Instagram fuera de Instagram

Aaaah, Instagram, la herramienta favorita de hipsters y no hipsters para darle glamour a fotos sin glamour. Eso sí, como la presencia en sus vidas de la aplicación dependerá de que tengan o no un iPhone, me pareció oportuno compartirles este par de enlaces, que utilizan el API de la herramienta original para poder acceder a los contenidos de los usuarios desde un navegador de Internet:
Extragram: Para acceder a los contenidos de tu cuenta, buscar usuarios o imágenes, y darles Like o comentarlas.
Statigram: No está tan enfocado en el acceso a las imágenes (aunque también te lo permite), sino en generar estadísticas y visualizaciones de tu actividad con la herramienta.
Screenstagram: Sólo para Mac, crea un salvapantallas a partir del feed público de imágenes tomadas con la herramienta. (¡gracias Fer!)

Instagram fuera de Instagram, how cool is that!

Nuevos virus para esta época

Si hacen una recopilación de los virus informáticos con los que se hayan topado en su vida, probablemente tengan todos que ver con algún tipo de procedimiento mecanizado que perjudique al ordenador en el que habitualmente trabajan. Pero ahora, en esta época social, hacen falta nuevos tipos de virus. Me explico, un virus que formatea tu disco duro es molesto, pero demasiado “old-fashioned”. Uno que acceda a toda tu lista de contactos y se ponga a enviarles mails como locos (¿recuerdan el “I love you”?) ya tienen un poco más de cercanía con 2011, por aquello de no molestar en solitario sino colectivamente. Quizá sean este tipo de virus los antecesor de otros más actuales, como los que generan el spam que llega por mensaje directo a la cuenta que uno pueda tener en Twitter, de los que se pueden ver en la imagen que abre este post.

Pero esos se arreglan con un buen antivirus (actualizado) o cambiando la contraseña de acceso a cualquiera de nuestras cuentas en la plataforma social correspondiente, de modo que aún no hay ningún virus que pueda dejarnos secuelas físicas reales irreversibles (más allá de la preocupación puntual por tener tu máquina infectada).

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Atrapado en un episodio de Lost

Por fin llegué a México. No fue tan sencillo, porque la forma de salir de Argentina y las cenizas chilenas fue mediante un itinerario Buenos Aires-Santiago de Chile-Miami-Ciudad de México, incluyendo una escala de quince horas en la ciudad estadounidense debido a vuelos con sobreventa de billetes y otro par de retrasos más. En determinado momento, y mientras esperaba, ocurrió esto que dura 25 segundos en el vídeo pero dos horas en la realidad, con la alarma disparándose y el consiguiente mensaje de que los bomberos iban a investigar por qué se había disparado dicha alarma:

Recordé entonces a Desmond, el personaje de Lost que enfermizamente introducía números en la terminal de esa escotilla que se convierte en uno de los primeros misterios de la afamada serie de televisión. O a mí mismo cuando me instalé una intrigante aplicación de iPhone llamada Doomsday Terminal, que requería introducir cada 108 minutos una secuencia de números de tu elección (es obvio que los más fans elegíamos 4, 8, 15, 16, 23, 42), en un juego que consistía, simple y llanamente, en resistir.

Lástima que la aplicación ya no está en línea, pero siempre puede uno consolarse con algunas que tratan de emularla, sin tanto éxito, como por ejemplo, Dharma Clock, que convierte el apagar la alarma del despertador del teléfono en (de nuevo) introducir los numeritos de rigor, lo que me parece un coñazo y ni de lejos tan divertido como era el juego, que ponía a prueba la resistencia de uno y su capacidad de aguantar haciendo algo cada poco más de hora y media.

Y de todo eso me acordé mientras sonaba la alarma en el aeropuerto de Miami. Pero bueno, que ya estoy de vuelta en México.

PS: Ligeramente relacionado con el tema, qué divertido como Natalia Rodoni y Nico Pimentel, dos de los jurados argentinos en el Festival de Publicidad de Cannes de este año, eligieron el camino de en medio para salir de Argentina, en un recorrido que narraron en el hashtag de Twitter #rodmovie y que pueden ver en este vídeo.

Estupideces y llamadas falsas

No sé si estará documentado o no, pero creo que en el cerebro debe existir una zona que se active al escuchar una estupidez, algo así como un bullshit detector. E imagino que cuando se escuchan muchas estupideces consecutivas, por ejemplo en una reunión de esas que se dan a veces en publicidad o cuando vamos a un banco a preguntar por un crédito, esa zona del cerebro se inflama hasta extremos insospechados. Es entonces cuando uno siente la imperiosa necesidad de desconectarse como sea de esa fuente perturbadora de información, algo para lo que puede servir esta (muy) útil aplicación para iPhone/iPod llamada Fake Call, que simula una llamada entrante en nuestro teléfono una vez que transcurre un determinado período de tiempo (definido previamente por nosotros):

No es la única, hay muchas (unas gratuitas, otras de pago), por fin estamos a salvo, aunque no sé muy bien cómo podría alguien explicar el estar recibiendo una llamada de teléfono en un iPod.