Los coches autónomos y Latinoamérica

Esto es lo que ve un Tesla mientras traslada a sus pasajeros de un punto A a un punto B:

Todo bien, excepto por el detalle de la armonía y ortodoxia de los objetos que el coche se cruza y ha de reconocer. Lo cual nos lleva a pensar en lo que vería ese mismo coche sumergido en el día a día aleatorio y caótico de las grandes urbes latinoamericanas, como en esta imagen de ejemplo que publicó Jorge sobre lo que podría verse en algunas calles de la Ciudad de México:

Coche autónomo en CDMX

Me imagino las preguntas que el ordenador de a bordo en el coche se puede llegar a hacer, entre otras:
“¿Por qué pretende detenerme esa patrulla si no infringí ninguna norma?”
“¿Por qué la gente cruza la calle si no hay un paso peatonal para ello?”
“Esto que tengo justo delante, ¿es un peatón que circula por la misma vía que los coches o es un vehículo distinto a cualquier otro que haya visto porque lleva a su pasajero a pie por la parte de afuera?”
“¿Por qué hay cuatro filas de coches si la calle sólo tiene dos carriles para el tránsito?”
“¿Eso es un bache o una alcantarilla sin su tapadera?”

No puedo negar la impaciencia que tengo por ver cómo funciona un coche autónomo en las calles de cualquiera de las ciudades de este lado del mundo, estos lugares donde la ficción y la realidad se funden en un solo plano.
Todo un reto para cualquier algoritmo.

Coches autónomos VS Ciudad de México… 3, 2, 1… FIGHT!

Legales de hoy y de mañana

Reclamo de copyright

Agosto de 2017.
Uno pensaría que la legislación (en general) debería empezar a preocuparse por cuestiones como definir de quién es la propiedad intelectual de una obra literaria escrita por una Inteligencia Artificial, o a quién dar la razón si dentro de quince años un niño demanda a sus padres por todas las fotos que subieron a Internet sin su consentimiento cuando él era un menor de edad.

Sin embargo, la legislación pasa la mayor parte de su tiempo enfrascada en, por ejemplo, dar de baja los vídeos de tal o cual partido de fútbol que un aficionado sube a una plataforma para compartir la alegría por el gol que su equipo acaba de anotar. Y temáticas similares.

Legislando para conservar el pasado. O, como se dice en España, poniéndole puertas al campo.

Spotify y la Inteligencia Artificial

Playlist de SoundHound

Spotify es una de mis marcas favoritas. Pago gustoso una suscripción Premium porque creo que el producto es magnífico, con la esperanza de que parte de mi dinero se destine a que sea aún mejor.

Eso incluye tener un servicio a clientes que me responde cuando les escribo, tanto si mi duda tiene que ver con el login/password de mi cuenta como si tiene que ver con pedirles que me dejen tener publicidad en dicha versión Premium -lean el post si no me creen :)-

También ha pasado a veces (no por recomendación directa mía, claro) que algunas mejoras que parecen tener sentido terminan haciéndose realidad, como el convertir el teléfono en un control remoto si tienes Spotify abierto tanto en el teléfono como en el escritorio. Y no pasa con Shazam, pero sí con SoundHound, que ya puedas agregar directamente las canciones que encuentras con la aplicación a un playlist de Spotify.

Ahora me encuentro con una nueva sugerencia que hacerles, relacionada con el uso de Inteligencia Artificial. Porque me acostumbré a agregar todas las canciones que me gustan a un playlist llamado SoundHound, tanto si las encuentro vía SoundHound como si no (es mucho más fácil tener un sólo playlist que varios). El problema es que cada vez que quiero agregar una canción a dicho playlist, tengo que buscar manualmente este último por entre la lista de cientos de playlist que tengo.

Ya sé, ya sé, no es para tanto. Pero me pregunto si no podría utilizarse un pequeño algoritmo que detecte qué playlists son los más activos, igual que hace Uber cuando te recomienda como destino el lugar en el que se celebra la siguiente cita que tienes en el calendario de tu teléfono o bien te muestra alguno de los destinos a los que has ido recientemente, todo para no tener que teclearlos literalmente y ganar unos segundos de tiempo. Que cuando voy a agregar una canción a un playlist, Spotify me muestre los dos o tres que puedan ser sean el destino más probable para almacenarla, en base a en qué playlists he almacenado temas recientemente.

Just saying, Spotify…

Entrenando a Skynet

Seleccionar imágenes de árboles

Me pareció muy inteligente el modelo de negocio de una de esas compañías que te enseñan a hablar idiomas mediante una aplicación en tu teléfono o tablet, y que utiliza las respuestas de los alumnos para perfeccionar el algoritmo de sus traducciones. Es con ese algoritmo con el que pueden ofrecer entonces múltiples servicios de traducción automatizada (muy rápido, a costes mucho más bajos) a otras compañías que lo requieran, siendo esto último lo que genera la mayor cantidad de ingresos, no las “suscripciones” de los usuarios.

Pensé en Skynet. Skynet está entrenándose. Bueno, de hecho, lo estamos entrenando nosotros, igual que al algoritmo de las traducciones del que les acabo de hablar. Cada vez que completamos uno de esos captcha en los que se nos pide primero que digamos que “no somos un robot”, para luego pedirnos que seleccionemos las imágenes donde aparecen montañas, o ríos, o tiendas, etc., entrenamos a los algoritmos para que sepan, cada vez mejor, qué es una montaña o un río o una tienda.

Skynet asomándose a nuestro cerebro para nutrir el “suyo”.
Make no mistake, it’s happening.

Robots, almas y el Nuevo Mundo

Luz

Desayunando con Jorge Lerdo De Tejada hablamos sobre el hecho de que hace 500 años una discusión frecuente de los colonos que llegaban al Nuevo Mundo era la de si los indígenas tenían alma o no, o (como sugiere Gabriel Martínez Meave) si las almas tenían o no un cuerpo.

Me pregunto si será una discusión que tendremos sobre los robots dentro de 20 años.
O puede que los robots la tengan sobre nosotros, quién sabe.

Teléfono desactivado por muerte natural

Mi iPhone ha entrado en esa espiral en la cual comienza a comportarse de modo extraño, ya saben, apagarse cuando aún tiene 50% de pila, reiniciarse cuando abro determinadas aplicaciones, tardar una vida en descargar sus fotografías, etc.

Y esto, que no pasaría de ser una simple anécdota-recomendación para no tener tantas aplicaciones instaladas o fotografías almacenadas, se vuelve trágico cuando sabes que este funcionamiento tiene quizá algo que ver con el concepto de la obsolescencia programada y los cada vez mayores requerimientos que Apple exige de los teléfonos que usamos (problema que se soluciona mágicamente cuando compras el último modelo).

Una de las películas que más recuerdo de mi infancia es una de nombre “Óscar, Kina y el láser”, con un argumento que era un absoluto delirio (las aventuras de un niño, su oca y un rayo láser que hablaba). El colofón era que al final de la película (creo recordar, tenía cinco años) el rayo láser se sacrificaba para salvar la vida de los otros dos protagonistas, lo cual me dejó embargado por la tristeza durante un par de días, pobre rayo láser.

Este tipo de sacrificio, que también se da en otra película ochentera de nombre “D. A. R. Y. L.” (una de las referencias más directas al personaje de Eleven en “Stranger Things”), tiene mucho que ver con el acercamiento al futuro que se tenía en los años 80: tecnología y robots que, de alguna manera, sentían como humanos, y cuya muerte (por pura empatía) nos dejaba devastados durante días y semanas.

Esa antropomorfización que los humanos hacemos de todo (asignar cualidades humanas a objetos o entes que no lo son) es uno de los bastiones en los que se apoya James Barrat en “Our final invention”, su libro-advertencia sobre las posibles consecuencias de una super-explosión de inteligencia artificial de las máquinas. Dice Barrat que, al antropomorfizar a las máquinas, los humanos pensamos que estarán agradecidas de que las hayamos creado y por eso nos cuidarán y ayudarán en vez de destruirnos. El problema es que una Inteligencia Artificial no puede estar agradecida si no la programan primero para ello.

Pensamos mucho en obras de ficción en las que androides, máquinas o robots mueren o pueden morir, como Roy Batty, HAL 9000 o Sonny. No los hace menos temibles, ¿pero no aminora eso en cierta medida el problema del Uncanny Valley?

Regreso entonces a mirar mi maltrecho iPhone y, pensando en el láser, D. A. R. Y. L. o Eleven, me pregunto si no sería interesante que el pobre tuviera una especie de “muerte natural” más digna que la epopeya de resets y mal funcionamiento (y con ello mis ataques de frustración) que se nos vienen encima a los dos.
Mejor duelo que cólera.
Y que esa antropomorfización y empatía sirvieran para preocuparnos por que todas las máquinas vengan con ello de serie.

¿Podrían morir entonces nuestros teléfonos o nuestras laptops en vez de simplemente dejar de funcionar?

Como una versión mejorada de cuando te aparecía el icono del Sad iPod si tu iPod estaba próximo a agotar la vida de su batería (la imagen que abre este post).

Perhaps, perhaps, perhaps.

Microorganismos del siglo XXI

Organismos Unicelulares

Los primeros microorganismos que poblaron la Tierra no debían ser muy inteligentes ni talentosos, al menos en la forma de usar los términos con la que calificamos a un ser humano.

Es una buena metáfora para explicar el estadío de la Inteligencia Artificial a día de hoy: nos imaginamos a Skynet, pero apenas estamos conociendo a los primeros pobladores.

Dicho lo cual, pasamos al humor:
Neural Karaoke, un algoritmo entrenado para componer un villancico después de escuchar más de cien horas de temas de este género. Creepy as hell:

Para que no se queden con este extraño sabor de boca les dejo otro experimento, donde se intenta que una inteligencia artificial componga una canción al estilo (sic) de The Beatles:

Microorganismos, les digo. Y evolución.

Agencias de antes y de ahora

Watson computer

1966: Sterling, Cooper, Draper & Pryce.
2017: Sterling, Cooper, Draper, Pryce & Watson.

IBM’s Watson Helped Pick Kia’s Super Bowl ‘Influencers’
http://www.wsj.com/articles/ibms-watson-helped-pick-kias-super-bowl-influencers-1454432402

Condé Nast Has Started Using IBM’s Watson to Find Influencers for Brands
http://www.adweek.com/news/technology/cond-nast-has-started-using-ibms-watson-find-influencers-brands-173243

Oh.

Publicidad, talento e Inteligencia Artificial

Sonny - "I, robot"

Cuando me ha tocado manejar equipos, uno de los síntomas más evidentes de que tienes una grieta considerable en el barco que diriges es que tu talento se vaya a trabajar a otro lugar por el mismo sueldo que les pagas tú. Es en ese momento cuando te das cuenta de que la visión (y los hechos que la acompañan) no bastan para que esa persona siga a bordo. Cuando alguien entiende que su mejora no pasa por un mejor puesto o sueldo sino por estar lejos de donde está ahora, insisto, tienes un problema.

A veces pensamos que son las ideas, pero en última instancia, podríamos decir que es el talento la piedra más preciosa con la que contamos en el mundo de la publicidad. Cultivarlo y cuidarlo debiera ser la tarea de más alta prioridad en todas las agencias de publicidad del mundo.
No siempre es así.
Vaya por Dios.

Mientras yo divago sobre este tema, resulta que McCann Ericksson Japón “contrata” a una Inteligencia Artificial como Director Creativo. Y para la fecha en la que este Director Creativo lanza su primer spot comercial, resulta también que Google se alza con el Grand Prix de Innovación del Festival de Creatividad de Cannes con su proyecto Alpha Go.

Surgen entonces las voces publicitarias que reclaman ser más valientes, más humanos. Que ponen en duda que una Inteligencia Artificial pueda algún día llegar a pensar una idea lo suficientemente relevante como para tocar el corazón de las personas:

Can a machine cry? To touch people, to move them, you need, dare I say it, a capacity to suffer. Would it even be ethical to give an AI robot the ability to feel pain? Just think of all those shoot ‘em up games.

You have to be fallible and vulnerable to write like Hemingway or shoot a film like Alejandro Iñárritu.

Es entonces cuando recuerdo la escena del interrogatorio de la película “I, robot”, en la que el personaje de Will Smith entrevista al androide Sonny, sospechoso de haber cometido un crimen:

Detective Del Spooner: Human beings have dreams. Even dogs have dreams, but not you, you are just a machine. An imitation of life. Can a robot write a symphony? Can a robot turn a… canvas into a beautiful masterpiece?

Sonny: Can *you*?

Resumiendo:
La humanidad de una persona no garantiza que sea capaz de crear algo que conmueva al resto de habitantes del planeta.
La humanidad de un publicista no garantiza que sea capaz de crear una pieza que toque el corazón del resto de habitantes del planeta. Ni de ganar un Grand Prix de Cannes, por ejemplo.
Hacen falta personas (o publicistas) excepcionales para lograr algo así. Y no abundan, por cierto.

Me gusta pensar entonces que esas Inteligencias Artificiales no vienen a reemplazar a esos publicistas que lanzan ideas e historias maravillosas al mundo. Una máquina nunca va a quitarte tu trabajo si eres lo suficientemente bueno en él.

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Las tendencias y sus intersecciones

Diagrama de Venn

Las marcas (o más bien, sus responsables) nunca quieren quedarse fuera de la tendencia (o trend) de moda.
Hace mucho fueron los sitios web. Hace algo menos, las aplicaciones de teléfono.
O las redes sociales. Ahora puede que quieran estar en Periscope o Snapchat. Mañana, quién sabe, quizá quieran su propia experiencia de Realidad Virtual –VR-.

Sin embargo, todos esos trends, por su propia definición, van casi de salida (en cuanto a la novedad que representan) para cuando alguien los denomina “trend”. Por eso, no se fíen, cada mes de Enero, de esas listas de “las diez tendencias del marketing y la publicidad” para el año entrante. Suelen tener más que ver con cómo justificar una labor de ventas de la empresa para la que trabaja el autor de dichas listas que con que esos trends sean las plataformas novedosas que van a propulsar las ventas o awareness de cualquier marca hasta el infinito y más allá.

Hay algo interesante, sin embargo, en cómo esos trends se cruzan entre ellos, en su intersección. Cuando esos trends se tratan por separado (ya sea impresión 3D, Inteligencia Artificial –IA– o VR) parecen un tanto distantes y abstractos. “¿Cómo opera mi marca en ellos? ¿Qué cometido tiene? ¿Cómo se usa o cómo interactúan los usuarios? ¿Cómo medir la interacción? ¿Y los resultados?” etc. Toda una retahíla de preguntas.

En cambio, en las intersecciones hay muchas oportunidades y dinero pendiente sin necesidad de reinventar la rueda o de esperar al siguiente trend, a ver si a ese nos subimos a tiempo.
Piensen, por ejemplo, en los bots. Los bots podrían considerarse la intersección de los trends “Mensajería Instantánea” e “Inteligencia Artificial”.

Pareciera que cuando unes dos trends, cada uno de ellos da sentido al otro. En el ejemplo que cito, la mensajería tangibiliza en forma de interfaz algo tan abstracto como una “inteligencia”, pero ese interfaz no tiene ningún valor si aquella no opera de una forma que le permita ser eficaz y aprender de las interacciones que va teniendo con los distintos usuarios.

Piensen, por ejemplo, como citaba en este texto sobre Rothko y la Realidad Virtual, la oportunidad de crear aplicaciones de VR que fueran todo lo contrario de “trepidante”, para que tuvieras la oportunidad de usarlas para concentrarte para trabajar mejor. O agréguenle un tercer trend, el de “Quantified Self” (el de medir variables de lo que hace nuestro cuerpo para mejorar nuestro bienestar), y piensen en una experiencia donde haces yoga ayudado por un headset de VR. Etcétera.

Así que cada vez que sientan que un cliente les pide algo para estar “en la onda” o “ser trendy” pídanle que no se suba sólo a una tendencia, sino a dos. E investiguen qué hay en la intersección. Y van a ver que ahí siempre hay algo mucho más interesante que en esas dos tendencias por separado.