Abogados, enfermeros, creativos y Perogrullo

Vaso medio lleno

No es por ponerme nostálgico con el cambio de año, pero recordando los tiempos en los que lanzamos Enchingatown vino a mi mente la anécdota de un enfermero muy enfadado porque, según él, no había badges para poder expresar que él también estaba en Enchingatown en Urgencias.

“Claro,” pensé yo, “porque si tú estás Enchingatown, lo último que necesitarían tus pacientes es que estés haciendo check-ins en tu teléfono.”

Su respuesta fue un artilugio perfecto de cachetada pasivo-agresiva (más agresiva que pasiva): “No me parece justo, porque mi trabajo sí es importante. Si yo la cago, alguien muere. Tú eres publicista. Si la cagas, no le importa a nadie. Por eso debería haber badges para mí.”

Aún sangro por la herida varios años después, pero es algo sobre lo que me ha tocado recapacitar mucho (aunque sea una perogrullada), el privilegio de quienes nos dedicamos a algo que tenga que ver con la “creatividad” (en cualquier ámbito).

Si a ese enfermero se le murieran nueve de cada diez pacientes, nunca querrías saber nada de él ni del lugar donde trabaja.
Si un abogado perdiera nueve de cada diez casos, nunca lo contratarías.
En cambio alguien puede tener nueve malísimas ideas, incluso una décima y una undécima. No importa. Si encuentra una buena, nadie recuerda ninguna de las otras.

Dedicarse a algo que requiera “creatividad” implica poder vivir la vida en el mundo del vaso medio lleno, aunque lo lleno sean dos o tres simples gotas. Es más que suficiente.

O sea, que el coste de cada riesgo tomado es 0, porque si algo no funciona en realidad no muere nadie. O como dice muy sabiamente Luis Gaitán: “It’s bold or never”.