Consejos buenrollistas para tipos infelices

Hace poco escribí en mi blog un post que no tiene nada que ver con publicidad. Por eso mismo, decidí reproducirlo también aquí.

El objetivo: ser más feliz.

Lo primero es lo primero. No me considero el tipo más feliz del mundo, tampoco el más desdichado. Sin embargo y curiosamente, hace tiempo me di cuenta de que a lo largo de mi vida me ido rodeando de personas que sí lo son. Y las he observado. Curiosamente también, en los mejores momentos de mi vida yo mismo suelo hacer muchas de las cosas que ellos hacen siempre.

Lo segundo es lo segundo. Se han escrito decenas de miles de libros de autoayuda sobre la felicidad y te aviso de antemano que lo que vas a leer es, con toda probabilidad, una lista de obviedades aunque por eso mismo cosas preclaras.

Su valor añadido radica en que son detalles en los que coinciden, sin excepción, esta serie de personas a las que conozco bien. Gente muy dispar entre sí pero con un denominador común: se les ve felices.

Llegados a este punto, déjame decirte que el primer paso para ser feliz es sentirte infeliz en algún momento de tu vida. Concretamente ése momento en el que deseas ser feliz. Una vez asumido que no pasas por tu mejor momento, échale un vistazo a lo que sigue, seguido de muchas ganas para hacerlo.

Van:

1) Sé tu propia estación de radio. Levántate con una canción. Ten siempre alguna para tararear. Invéntate una letra al día. Mínimo una a la semana. Vete a la cama cantando.

2) Haz cosas con tus manos. Raya. Dibuja. Garabatea. Escribe. Tuitea. Corta. Recorta. Copia y pega. Colorea. Toca. Cose. Utiliza tus dedos, son las teclas del alma.

3) Ten un buen amigo siempre a mano. Humano o no. Imaginario o no. Qué más da. Cómprate una planta. Ten una mascota. Adopta un peluche. Háblale a menudo.


En la foto, el Sr. Mapache.

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Imágenes hermosas sin motivo aparente, capítulo 28

Después de algún tiempo sin ellas, recuperamos una vieja tradición de este blog, un par de nuevas imágenes hermosas sin motivo aparente. La primera de ellas la encontré en la cuenta de Facebook de Antonio Carrillo, una intervención urbana (fotografiada por Sofía de Juan) del colectivo Somostheposit para dar los buenos días en lunes a la gente que quiere llamar por teléfono:

La segunda la encontré vía Luis Gaitán, un divertido efecto uróboros generado manualmente en forma de agujero de gusano:

El firewall del buen rollo

El buen rollo (o buena onda) es ese regusto de satisfacción y bienestar que le queda a uno tras estar expuesto a algo (acciones, personas, lugares) que nos levante el ánimo de una forma más o menos duradera, expresado y contabilizado en sonrisas en vez de en carcajadas.

No sabría definir muy bien los motivos ni tampoco si es algo general a todo el universo, pero es lo que a mí me ocurre cada vez que me encuentro con Efraín Mendicuti, un buen amigo que tiene esa rara cualidad de irradiar tranquilidad a todos los que caen bajo su radio de acción y palabra.

Cierto día, tras pasar un rato leyendo su blog, vino a mi mente un pensamiento, el de que, aunque no comparta todo lo que en él escribe o no todos los temas sean de mi interés, sí que podía sentir ese antes y después en mi día a través de ese buen rollo que describía al inicio de este texto, lo que me hizo pensar en una frase de Ulises, en una conferencia de hace unos años al mostrar el celebérrimo vídeo de los conejitos de plastilina para Sony Bravia:

Si esto fuera lo primero que viéramos al empezar un día, sería imposible que ese día fuera malo.

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