HBO y el plan B

Fallo de "Game of Thrones"

Fue tan alta la expectativa por el inicio de la séptima temporada de “Game of Thrones” que los servidores de HBO no dieron abasto para poder servir el contenido a la gran cantidad de usuarios que (parece ser) nos conectamos simultáneamente. Una tragedia, porque en esta época de Netflix and chill y binge-watch de series, el ver una serie capítulo a capítulo a una hora determinada se vuelve, como dice Salles, un evento en tiempo real como, por ejemplo, la final de una Copa del Mundo de fútbol.

Lo cual le hace a uno pensar en varias cosas:
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Con una pequeña ayuda de mis amigos

Dos amigos, dos proyectos. Uno ya está en vías de financiación, el otro debería estarlo.

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Mi primer Macintosh

La persona responsable de vendernos el primer Macintosh que hubo en mi casa se llama(ba) Ángel Alegre Amor, “AAA” si lo quieren ver en iniciales. Así que lo primero que vino a mi mente cuando mi padre me dijo que íbamos a comprar un Macintosh SE/30 fueron las tablas de scores de las máquinas de videojuegos que había en los bares, las cuales te pedían, una vez terminada cada partida, que introdujeras tus tres iniciales para agregarte a ti y a tu puntuación a alguna tabla como la de la imagen que abre este post. En la que el valor por defecto de esas iniciales era “AAA”.

Mucho tiempo después (23 años), resulta que este pequeño ordenador, que llevaba un par de años sepultado bajo montañas de papeles, todavía funciona tan perfectamente como el primer día. El “clac, clac, clac” del disco duro arrancando, la versión 2 del ya desaparecido Freehand, o incluso juegos como el “Beyond Dark Castle”, que me entretuvo durante tantas horas, siguen ahí, corriendo sobre un procesador 68030 de Motorola (había vida antes de Intel), y llevándome de vuelta a un tiempo quizá no tan lejano:

La verdad es que entre este post y el de los anacronismos del siglo XXI que publiqué hace un par de años, queda claro que el Mac OS que había antes de los actuales era una gozada para la vista.

Cáceres desde abajo

Header del sitio "Cáceres desde abajo"

No sé si es más bonito el proyecto o el nombre que sirve para describirlo, niños con cámaras de fotos retratando la ciudad de Cáceres desde su peculiar (y bajito) punto de vista = Cáceres desde abajo.

Lulasonica: “Vintagismo” en Cáceres

Qué haría Chuck Norris?

Desde que la conocí a finales de 2009, me volví adicto a esta pequeña tienda llamada Lulasonica, situada (aquí una imagen en Google Street View) en la calle Donoso Cortés de Cáceres (España), y en la que podrán encontrar cualquier cosa de interés si lo que les gusta son muñequitos de vinilo, camisetas con una cuantiosa variedad de memes estampados (como la camiseta perfecta para un brainstorming, que abre este post), y en general cualquier tipo de objeto relacionado con las palabras “retro” y “vintage”. Larga vida a Lulasonica.

Desparramado e interactivo, capítulo 10

Con uno de mis viajes a Tijuana aún en el recuerdo, escribí esta columna (“Mestizos de toda la vida”) para la edición de Marzo de Interactiva Digital, preguntándome si adoptar ese mestizaje que está por todas partes como parte de nuestro contexto diario en el trabajo nos haría crear mejores (o al menos más originales) proyectos.

Portada Interactiva Digital Marzo 2010

Mestizos de toda la vida
Una de las cosas que más recuerdo de mi adolescencia es la serie de televisión que Victoria Prego realizó sobre la transición a la democracia en España. Tan fascinante historia dejaba algunos momentos grabados, y uno de los que se me grabó a mí se produce en medio de las protestas internacionales contra las últimas ejecuciones de la dictadura, donde un señor, parece que bastante afín al régimen, afirma que no entiende cómo puede haber españoles que estén más de acuerdo con el clamor proveniente de Europa que con los que mandaban en el país en ese momento. Su intervención se cerraba con un escalofriante “arriba España, muera Europa” que lo dejaba a uno temblando.

Aproximadamente por esas fechas ya llevaba mi madre (originaria de Zamora) un par de años viviendo y trabajando en Cáceres, en un viaje de vida que devino, 35 años después y por esas cosas de la vida, en convertirse en la primera alcaldesa de la historia de la ciudad. Semejante cantidad de tiempo, más del que llevo yo en este planeta, parece no ser suficiente a la hora de curar males como los del señor descrito en el primer párrafo, tanto es así que el lema de campaña de los adversarios políticos de mi señora madre reza, literalmente, “De Cáceres, de toda la vida”, para recalcar el hecho de que ella no nació en esa ciudad en la que ya lleva casi 40 años, trabajo, matrimonio y descendencia incluidos.

No sé si alguna vez pasaron por Cáceres, pero siendo parte de la Ruta de la Plata, y al igual que el resto de España, es un sitio que ha sido invadido casi por todo pueblo viviente: musulmanes, judíos, romanos y algunos otros más que pasaron y dejaron su legado. Y así, desde la distancia que da vivir en México y con todo un océano de por medio, no puede uno por menos que pensar que hay que ser terriblemente corto de miras para ser racista en España o pedir que se muera Europa o exclamar que se es de un sitio “de toda la vida”, en vez de estar felices, alegres y orgullosos de la diversidad que nuestra identidad representa.

En Diciembre pasado tuve ocasión de dar una conferencia en Tijuana, en la punta más occidental (geográficamente hablando) de México, una ciudad pegada a Estados Unidos por San Diego y separada por una línea fronteriza retratada en películas como “Babel” o “Traffic”. Y yo, cuya máxima experiencia fronteriza consistía en pasar de la España rica de las pesetas a la Portugal pobre de los escudos, de repente me vi en el lado maltratado: honesto, orgulloso y, sobre todo terriblemente canalla y mestizo, donde la gente es bilingüe e indistintamente pagan en dólares o pesos o escuchan emisoras de radio en inglés igual que escuchan corridos, y donde toda la escena cultural bebe directamente de mezclar y fundir ambos mundos. San Diego es un coñazo, pero Tijuana es un cóctel inolvidable.

Entonces me pareció que el mestizaje mejora todo lo que toca, o al menos lo dota de una lente distinta con la que mirar lo de siempre, por si acaso surge algo nuevo que sea digno de ser contado. No perdamos el original, pero no nos cerremos a explorarlo por otras vías. Y así, si Camarón hizo “La leyenda del tiempo”, Raimundo Amador y Pata Negra hicieron un disco llamado “Blues de la Frontera” y Enrique Morente se juntó con Lagartija Nick para hacer otro llamado “Omega”, si el género musical más español de todos (el flamenco) se permite a veces explorarse para descubrirse a sí mismo de nuevo, me pregunté si nosotros, que nos decimos “creativos” y decimos que hacemos (se supone) contenidos que se distribuyen por Internet bajo la forma de historias contadas en sitios y campañas, nos permitimos a nosotros mismos explorar la forma y fondo de esas historias para dar cabida a ese mestizaje que nos desborda por todas partes.

Cuando llego a España, descubro con cierto espanto las mismas cadenas de hamburguesas y cafés en vaso de cartón con los que uno convive a diario en México, así que desarrollé, para huir, una cierta fascinación por los bazares chinos, en los que puedo llegar a pasar horas buscando, mirando y encontrando cosas a las que probablemente hace tres años no hubiera prestado la más mínima atención. Y me pregunto entonces, siendo tan común encontrar estos bazares en cualquier lugar, si lo que en ellos hay no pertenece ya, de alguna forma, a nuestra cultura de España, por adopción.

¿En qué momento algo deja de ser exclusivo de un lugar para volverse un poco parte de otro con el que el primero se mezcla? ¿Hemos de esperar a que esa mezcla se produzca para poder usar esas referencias como herramientas para crear nuevas historias? ¿O podríamos comenzar a explorarlas desde ya mismo en esta época de humor chanante que nos invade por todas partes?

Igual nos hacen falta unos cuántos antropólogos en cada agencia, para contarnos que si las historias que creamos proceden directas del contexto en el que van a vivir, entonces este contexto nuestro con inmigración de 2010 debería ser una bendición. Y así, quizá, bautizar esta oportunidad con otro lema, por qué no: “Mestizos, de toda la vida”.

Cáceres, I love you

Cáceres 2016 - Logotipo Candidatura

Cada vez que subo a un taxi en algún lugar de México e intercambio dos palabras con el taxista, indefectiblemente la conversación deriva, por mi acento, al “usted no es de aquí, ¿verdad?”, lo que en ocasiones sienta bien y lo colma a uno de alegría (conservar algo del acento original con el que llegué a Saltillo, difícil por lo pegajoso de la forma de hablar del norte de México), pero también lo deja en otras al borde de una catalepsia crónica al recibir comentarios del tipo “por el acento supe que usted era de Argentina”. El cómo alguien puede no distinguir entre el acento de España y el de Argentina lo dejo para otro día, porque merece post aparte, pero en general suelo encaminar la charla con el “soy de España”, que dicho en voz alta suena mucho menos cañí de lo que se lee aquí escrito. Esta frase, como decía, abre tres posibles caminos para la charla (o plática, como le dicen en México):

1.- “Yo fui a España una vez…”

2.- “Yo tengo un amigo (o familiar) que una vez fue a España…”

3.- “Yo siempre quise ir a España porque…”

Ésta última es, con diferencia, la más jugosa, porque lo que era una charla ya encaminada vuelve a divergir de forma cósmica gracias a los motivos que el taxista explica que tenía para querer ir a España. La mejor historia que he escuchado al respecto fue la de un taxista que estuvo ahorrando diez años para ir a España porque estaba enamorado de Gemma, una de las componentes del grupo Parchís, y al final nunca consiguió ir. Que digo yo que viendo cómo terminaron los de Parchís, mejor que no fuera al final. Así que, un consejo, teniendo en cuenta que en muchas partes de México (inclusive las grandes ciudades) los taxis no suelen usar taxímetro, entablar amena conversación con el conductor es una buena solución para evitar tarifas clavadas como estacas en el pecho al final del trayecto.

Pero vaya por donde vaya la conversación, al final todo se recoloca gracias a la pregunta:

“¿Y de qué parte de España es usted?”

Madrid (A) - Cáceres (B) - Lisboa (C)

Ahí llega otro problema, porque decir “Cáceres” es tan impersonal como decir “Calasparras del Madroño”, a fin de cuentas, lo que alguien de México que va a España suele conocer son las grandes ciudades, no las llanuras y periferias, y ni siquiera sirve ya decir “Cáceres, Extremadura”, porque no suelen identificar a ésta última (Extremadura) con el lugar de origen de Hernán Cortés y tantos otros que los pasaron a cuchillo cuando estuvieron por las Américas. Nada, nada. Nada de eso sirve, así que tuve que desarrollar una tercera versión de mi lugar de origen, que consiste en decir “a mitad de camino entre Madrid y Lisboa… en el punto medio… ahí está Cáceres”. No es exactamente el punto medio, pero se le parece y así lo entienden, así que todos felices: la inconcreción geográfica como método de autodefensa.

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