De nombre a verbo

Let me Google that for you

Antes las marcas aspiraban a que el nombre de su producto definiera su categoría. Por ejemplo, Kleenex (para los pañuelos de papel) o Coca-Cola (para refrescos carbonatados).

Ahora, en cambio, aspiran a que sus servicios se conviertan en verbo. Nadie dice “hacer una videoconferencia”, “buscar en Internet” o “averiguar qué canción está sonando”. Se dice “Googlear”. “Skypear”. “Shazamear”.

Si tu compañía ofrece un servicio y ese servicio aún no es el verbo con el que se define la categoría, aún tienes un cierto margen de mejora.

La valla de Lady Gaga

Tuve una experiencia muy extraña con esta valla que me encontré ayer en el Parque México del DF, camino del trabajo:

Valla de Lady Gaga

Más allá de la foto enorme del trasero de Lady Gaga, me llamó mucho la atención lo de “Conecta tus audífonos (auriculares) aquí”, sobre todo porque, con tanto servicio de música en la nube, me pregunto si no era más fácil que me dijeran dónde escuchar el nuevo tema o de dónde descargarlo…

Pero bueno, el caso es que, importándome un comino que me miraran más raro que si hubiera ido desnudo por la calle, saqué los auriculares de mi iPhone y los conecté a la valla, tal como pedía el texto:

Auriculares para escuchar a Lady Gaga

¡y no había nada!
Digo, sí, hay una valla, pero no hay nada detrás de ella que te permita escuchar el tema que anuncia. Bu. Y además, el señor que estaba barriendo la acera me miró más raro que si me hubiera visto escaneando un QR-Code (debo ser el único que lo hace). “Qué gente más rara hay en este barrio”, debió pensar.

Así que, bueno, todo lo que me llevé como mensaje es que Lady Gaga tiene un gran culo. Y… ya.

Procatinator

Una animación de un gato + Una canción = Procatinator

WIN!

Los códigos y mi pereza

Desde hace ya algún tiempo se encuentra uno con estas tarjetitas cada vez que llega a pagar a la caja de algún Starbucks (parece que voy mucho últimamente).

En principio la idea tiene toda la lógica del mundo, obtener una canción gratis a cambio de una visita al establecimiento (generalmente acompañada de una consumición), pero lo cierto es que nunca en la vida me ha dado por acudir a iTunes (en mi portátil o en el teléfono) e introducir el código que trae cada tarjeta en su parte posterior. Quizá podrían resultar útiles si en vez de un código trajeran un QR-Code que pudiera fotografiar para descargar la canción directamente. O que al menos cada tarjeta resultara un objeto de colección con una estética que tuviera un acabado algo más especial, uno que hiciera merecer la pena guardarla como quien guarda un cromo de los que se coleccionan, para que quizá descargar la canción fuera lo de menos.

Pero no, nada de eso, y la verdad es que a mí toda la logística para conseguir cada una de esas canciones me da demasiada pereza, sobre todo porque tardo mucho menos en abrir mi cuenta de Spotify y buscar allí ese tema sin necesidad de introducir ningún código ni descargar nada de nada. Quizá en esta época, en que la música es tan accesible que ya ni el formato importa, este tipo de tarjetas y acuerdos deberían realizarse para ofrecerle a la gente algo que no puedan conseguir en ningún otro lugar, para darle algún valor al objeto del regalo. Como cuando conectarte al Wi-Fi de un Starbucks en Estados Unidos te permite acceder, vía iTunes, a la estación que emite la música que ambienta cada uno de los establecimientos. Ahí sí, pídanme cuantos códigos quieran. Pero por una canción que puedo conseguir en cualquier otro sitio… pues como que no.

Cover Song Archive

(vía Marc Sallent)

Estoy enganchado a Cover Song Archive, un blog de vídeos de gente que no conoces cantando canciones que sí conoces. Maravilloso:

Sinfonías de 8 bits

Soy un gran fan de las sintonías en 8-bits, música escrita en formatos de sonido donde las notas son procesadas, por ejemplo, por un chip, recordando así las épocas del Commodore 64 y los Atari y la música de los videojuegos de por aquel entonces. Y de vez en cuando se topa uno con cosas aquí y allá que rinden un cierto tributo a todo ese contexto, como por ejemplo esta versión en 8 bits del “Where is my mind?” de los Pixies:

Sin embargo, y aun siendo excepcional (por lo inusual) la versión, lo que realmente me cautivó fue la cantidad de sitios y herramientas que encontré a partir de ella:
8bitcollective: un sitio donde viven gran cantidad de creaciones relacionadas con los 8 bits, tanto en música como imágenes.
Schism Tracker: el programa utilizado para (re) samplear la canción a 8 bits.
nimh.org: el sitio del desarrollador de Schism Tracker, y más información sobre el proyecto.

Y para concluir, una versión 8-bit del famoso tema de Tay Zonday “Chocolate Rain”.

El vídeo más FWT de todos los vídeos WTF

Nunca pensamos en este blog como un lugar donde publicar vídeos que se vuelven virales, pero hoy vamos a hacer una excepción ante lo especial del que vamos a mostrar.

Ya saben (y si no aquí va el tip) que si desconocen el significado de unas siglas concretas pueden utilizar el término “define:” en la búsqueda de Google para descubrir los posibles significados de las mismas. Así, WTF y FTW son las siglas de los dos extremos a los que me llevó este vídeo que encontré ayer por la mañana y que no he podido dejar de ver desde entonces. No soy amante de las películas de terror (me dan miedo), y por eso creo que el vídeo es ciertamente terrorífico y espantoso, pero de una forma tan absurda que al final se vuelve cómico llegando al punto de hacerme llorar (de la risa) cada vez que lo veo. Y no puedo dejar de verlo.

Hagan la prueba, muestren este vídeo a alguien y observen el viaje de reacciones en sus caras, especialmente en los minutos 2:26, 2:46, 3:00, y una especial mención para el tramo que transcurre entre los minutos 3:18 y 3:28. Dentro de lo absolutamente bizarro se incluye el cómo después de cada uno de esos momentos el protagonista recupera la pose y el estilo para seguir interpretando el tema que suena de fondo, antes de llegar al clímax en el minuto 4:10, cuyo contenido no revelaré porque hacerlo sería un spoiler a la altura de último episodio de Lost, pero que se encuentra entre las cosas más enfermas que he visto en mi vida.

Es complicado ser tan bizarro que hasta lo bizarro nos parezca normal, a tal punto de que deseemos verlo de nuevo para comprobar si lo visto era tan bizarro como lo recordamos o un poco más. Debe ser la conjunción de factores (terrorífico, humorístico, exótico y bizarro todo en uno) la que hace de este vídeo algo tan memorable, al punto de que, los que ayer nos miraban como quien mira a un loco por verlo, nos lo piden hoy de vuelta para mostrárselo a nuevos “incautos”. ¡Bravo!