Entrenando a Skynet

Seleccionar imágenes de árboles

Me pareció muy inteligente el modelo de negocio de una de esas compañías que te enseñan a hablar idiomas mediante una aplicación en tu teléfono o tablet, y que utiliza las respuestas de los alumnos para perfeccionar el algoritmo de sus traducciones. Es con ese algoritmo con el que pueden ofrecer entonces múltiples servicios de traducción automatizada (muy rápido, a costes mucho más bajos) a otras compañías que lo requieran, siendo esto último lo que genera la mayor cantidad de ingresos, no las “suscripciones” de los usuarios.

Pensé en Skynet. Skynet está entrenándose. Bueno, de hecho, lo estamos entrenando nosotros, igual que al algoritmo de las traducciones del que les acabo de hablar. Cada vez que completamos uno de esos captcha en los que se nos pide primero que digamos que “no somos un robot”, para luego pedirnos que seleccionemos las imágenes donde aparecen montañas, o ríos, o tiendas, etc., entrenamos a los algoritmos para que sepan, cada vez mejor, qué es una montaña o un río o una tienda.

Skynet asomándose a nuestro cerebro para nutrir el “suyo”.
Make no mistake, it’s happening.

Captchas de la fortuna, hoy puede ser un gran día

Conferencia Tijuana

Hace unas semanas me invitaron a participar en un evento de conferencias. No es que otros en los que participo no sean especiales para mí (que lo son, y por eso voy), pero esta invitación me hizo especial ilusión por el brief de objetivos de la charla, que era algo así como:

Tienes X cantidad de minutos para hablar y la temática es libre, pero el objetivo es, mediante lo que expongas, cambiar para siempre la vida o la forma de ver las cosas de las personas que asistan a tu charla.

Aún no sé de qué voy a hablar, pero semejante definición de objetivos me hizo pensar en Joan Manuel Serrat, que siempre en porciones de tres o cuatro minutos conseguía cambiar la vida o la forma de ver las cosas de las personas que escuchaban algún tema suyo. Me dan envidia los músicos que saben componer, como Serrat, o Cerati. De cómo forman parte de la banda sonora de la vida de la gente, con palabras que quizá son sólo bóvedas enormes y huecas que, simplemente, suenan muy bien aunque realmente no digan nada. Y si así fuera, no importa, esas bóvedas las llenamos con situaciones y personas los que los escuchamos, para que sus palabras ya no retumben ni hagan eco.

En esas andaba mientras escuchaba “Hoy puede ser un gran día”, y se me ocurrió, al hilo de cosas como el firewall del buen rollo, que sería interesante que cuando comienzas el día tuvieras un mantra que repetir, una frase que, a fuerza de ser repetida, te cargue de energía y buenas vibraciones. Por eso, “Hoy puede ser un gran día” es un gran mantra.

Fue entonces cuando, al intentar publicar el enlace de una de las versiones en YouTube de este tema, me topé con los captchas de Facebook. Un captcha, probablemente los han visto, es uno de esos códigos de palabras aleatorias que se generan cuando uno va a enviar datos de algún tipo (generalmente vía formularios) por Internet, para evitar que todos los bots de spam que existen puedan invadir el sistema, enviando millones de peticiones similares con su propia información allí donde nosotros estamos escribiendo la nuestra. Y así es que como además los captchas no se leen muy bien (para que los bots más avanzados no puedan sortearlos), y yo soy especialmente torpe para averiguar lo que en ellos se dice, suelo protagonizar episodios donde los captchas me requieren ser escritos cinco o seis veces, hasta que doy con las palabras correctas para poder enviar la información que quiero.

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