Un taller para diseñar futuros

smart Creative Lab

smart Creative Lab es una experiencia educativa para las industrias creativas, un ejercicio de experimentación para repensar el futuro de la ciudad.

Como parte de las actividades, una serie de 16 cursos y talleres repartidos en cuatro ejes temáticos, estaré impartiendo (del viernes 28 de Julio al martes 1 de Agosto, en las instalaciones de CENTRO) un taller sobre “Diseño de Futuros”, una de las disciplinas “creativo/estratégicas” más apasionantes que podrás encontrar hoy en día, y que en contra de lo que el nombre pudiera sugerir (o alguien pensar) no tiene como objetivo predecir el futuro, sino intentar llevarnos hacia el que nos parezca más deseable.

En ese tenor, escribí la siguiente descripción para el taller:

La construcción del futuro es una misión de todos y conlleva además una responsabilidad ética.
Adéntrate en los principios del análisis prospectivo, imagina escenarios y diseña mapas que te permitan anticiparte a las tendencias y a la solución de problemas futuros.

Si estás interesado en cursar el taller, aún me quedan algunos códigos de descuento. Escríbeme un correo a dani.granatta@gmail.com para enviarte uno.

· Más información sobre smart Creative Lab
· Información sobre mi taller (temario, objetivos, fechas, precio)

Conferencia (+ descuento) en Social Media Week CDMX

Palacio de Bellas Artes - CDMX

Seré conciso, por una vez.

La próxima semana (del 6 al 10 de Junio) se celebra en la Ciudad de México la segunda edición del evento Social Media Week, en el que voy a participar (el martes 7 de Junio, a las 4pm) dando una charla que se llama (tatatachán) “Las fuerzas invisibles de la tecnología y los hijos que le dejamos al planeta”, cuya sinopsis es:

Nos pasamos media vida preocupados por la clase de mundo que íbamos a dejarle a nuestros hijos, pero la tecnología avanzó tanto que es hora de pensar en la clase de hijos que vamos a dejarle a nuestro planeta. Y a Keith Richards, por supuesto.

Código de descuento SMW CDMX

Como sé que les gusta dejarlo todo para el último momento, les dejo un código de descuento por si deciden comprar su pase para el festival (es válido hasta mañana miércoles 1 de junio a las 11:59pm):
1.- Accedan a socialmediaweek.org/mexicocity/attend/
2.- Utilicen el código smw4you al comprar un Campus Pass

Espero verlos allí.
See you later, alligator 🙂

El QR-Code: la tecnología que nunca vivió

Esta mañana asistí a una charla de Mike Yapp, el Director General Creativo Global de The Zoo, la agencia interna con la que Google provee de soluciones creativas a marcas y agencias mediante el uso de sus plataformas. Y, en algún momento, surgió la conversación acerca de que gracias a tecnologías como Google Goggles ya no haría falta escanear nunca más en la vida un QR-Code….

Y más allá de lo que el comentario sugiere por lo que alguna vez ya hemos escrito aquí me pareció muy divertido, o muy triste, o muy tierno, o muy no sé, lo que suscitan los QR-Codes, ya que es una tecnología que nunca vivió.

Me explico. Si recuerdan, hubo una época donde muchos (incluyéndome) hablábamos de cómo los QR-Codes eran una buena forma de enlazar el mundo real con el digital. El problema que había entonces era que los QR-Codes vivían “demasiado en el futuro” (por aquello de cuánta gente tiene un smartphone, cuantos sabrían descargar el lector, etc.). Y si se fijan, hemos pasado a otra época donde la aparición de QR-Codes en los sitios más bobos e inapropiados ha hecho que cualquier alternativa a estos sea mucho más interesante, porque por lo general el esfuerzo de escanear un QR-Code (descargar un lector, encontrar el QR-Code, sacar el teléfono, escanear mientras estás conectado a la red) es mucho mayor que la recompensa que los usuarios obtenemos por ello. De repente, los QR-Codes ya son algo del pasado, que proponen los que aún consideran que “digital” son sitios, aplicaciones de Facebook y… QR-Codes.

O sea que fíjense qué curiosa una tecnología que siempre fue considerada futurista hasta que fue considerada demasiado obsoleta e incómoda. Nunca tuvo un momento de adopción masiva en el PRESENTE antes de que surgiera una solución mejor para resolver el mismo problema. O sea, una tecnología que, en realidad, nunca vivió.

Y es que si uno fuera un QR-Code, imagínense que esquizofrénico me sentiría. Qué cosas, ¿no?

Los códigos y mi pereza

Desde hace ya algún tiempo se encuentra uno con estas tarjetitas cada vez que llega a pagar a la caja de algún Starbucks (parece que voy mucho últimamente).

En principio la idea tiene toda la lógica del mundo, obtener una canción gratis a cambio de una visita al establecimiento (generalmente acompañada de una consumición), pero lo cierto es que nunca en la vida me ha dado por acudir a iTunes (en mi portátil o en el teléfono) e introducir el código que trae cada tarjeta en su parte posterior. Quizá podrían resultar útiles si en vez de un código trajeran un QR-Code que pudiera fotografiar para descargar la canción directamente. O que al menos cada tarjeta resultara un objeto de colección con una estética que tuviera un acabado algo más especial, uno que hiciera merecer la pena guardarla como quien guarda un cromo de los que se coleccionan, para que quizá descargar la canción fuera lo de menos.

Pero no, nada de eso, y la verdad es que a mí toda la logística para conseguir cada una de esas canciones me da demasiada pereza, sobre todo porque tardo mucho menos en abrir mi cuenta de Spotify y buscar allí ese tema sin necesidad de introducir ningún código ni descargar nada de nada. Quizá en esta época, en que la música es tan accesible que ya ni el formato importa, este tipo de tarjetas y acuerdos deberían realizarse para ofrecerle a la gente algo que no puedan conseguir en ningún otro lugar, para darle algún valor al objeto del regalo. Como cuando conectarte al Wi-Fi de un Starbucks en Estados Unidos te permite acceder, vía iTunes, a la estación que emite la música que ambienta cada uno de los establecimientos. Ahí sí, pídanme cuantos códigos quieran. Pero por una canción que puedo conseguir en cualquier otro sitio… pues como que no.

Dos cosas que me encontré ayer

La primera, otro QR-Code en las calles de la ciudad de México. Después de la experiencia con el de Dove, tenía curiosidad por saber qué habría detrás de éste de Adidas, más aún por el llamativo texto de “Descarga el nuevo vídeo en tu teléfono móvil”. Sin embargo, me topé con que el “nuevo vídeo” era la versión reducida del spot de lanzamiento de la nueva campaña de la marca… en Marzo de 2011. Boring.

Después, otra de MTV (tras aquella del clima), esta pequeña barrita de estado con la que se muestra muy gráficamente cuánto tiempo lleva y cuánto tiempo queda del vídeo que está actualmente en pantalla. Cute!

Los irresistibles QR-Codes

Yo la verdad es que no sé cómo andan las estadísticas de uso de los códigos QR, si sube o baja, si sólo es una cosa de early adopters o si ya es muy popular, ya saben, todas esas cifras con las que de repente se matan ideas propias y ajenas sólo porque un número dice que de momento la gente que usa una tecnología determinada no es “suficiente”. Pero entonces estamos en un bucle terrible, porque como la cifra nunca llega al número deseado nunca invitamos a la gente a que la use para que así un día podamos llegar a la cifra que deseamos.

Bueno, no sé. Sólo sé que últimamente, cada vez que veo uno de estos códigos, tengo que ir corriendo a tomarle foto y escanearlo para saber qué dice o a dónde me lleva. Y simplemente soy un tipo con un teléfono que sabe que hay unos códigos que se llaman QR y que sirven para acceder a nuevos contenidos. O sea, que no soy tan especial, y esta tecnología quizá tampoco lo sea.

Zapatos colgantes

Desde que llegué a México, hace ya unos años, me he encontrado de forma recurrente con esta imagen, unas botas o zapatillas de deporte colgadas de las ramas de un árbol o de algunos de esos cables que cruzan las calles de lado a lado. Alguna vez me dijeron que era en homenaje a alguien que hubiera fallecido en el lugar, pero he visto tantos y tantos zapatos colgantes que a uno ya le entra la duda de si será sólo homenaje o si será algo más. Así que pregunté desde mi cuenta de Twitter, para ver si me podían ayudar, y estas fueron las respuestas que obtuve:

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Si Publímetro usara QR-Codes

Noticia sobre Natalie Portman en Publímetro

Ya hemos hablado alguna vez en este blog sobre el periódico Publímetro, que se distribuye gratuitamente en algunas ciudades de México. En un ejemplar del pasado jueves me encontré en la portada con la noticia que se muestra en la imagen que abre el texto, noticia que iba acompañada de una dirección web. Y aun cuando lo que acompaña al titular en el resto de noticias suele ser, por ejemplo, un “página 7” y no una dirección web, yo me dediqué a ojear el periódico en busca de la referida información, sin suerte.

Hasta que me di cuenta de que la misma no vivía en el periódico impreso sino en su sitio web, y que por eso me proporcionaban algo que teclear en mi navegador. Lástima que justo en ese momento también me invadió una terrible pereza que me impidió abrir mi ordenador portátil (estaba leyendo el periódico, recuerden) para teclear una cadena de texto de semejante longitud.

Hubiera estado bien que la dirección web hubiera sido acompañada o reemplazada por un código QR, al que hubiera podido tomar una fotografía con mi teléfono para visualizar directamente allí el contenido, o bien guardarlo para auto-enviarme por correo electrónico la dirección de la noticia y así poder visitarla posteriormente, cuando estuviera delante de una pantalla (para no tener que dejar de leer el periódico mientras tomaba un café).

Un QR-Code como este:

Código QR-Code de la dirección de la noticia

Para poder quedarme con la información así:

Aplicación lectora de QR-Codes

(pueden generar sus propios QR-Codes aquí y pueden descargar lectores de QR-Codes para sus teléfonos en alguno de los enlaces que salen aquí)

Si Publímetro usara QR-Codes en vez de un texto gigantesco con la dirección en su web podría saber de qué tratan noticias como la de Natalie Portman, porque lo cierto es que este tipo de información puede despertarme un mayor o menor interés, pero no tanto como para abandonar aquello que esté haciendo en ese momento (por intrascendente que sea).