Los Inventores Gollum

Gollum - Lord of the Rings

Mi último post trataba de las similitudes entre industrias que nacen hoy e industrias que nacieron hace veinte años. Similitudes que animan a emprender cualquier tipo de aventura, pues pareciera que uno no va tan a la deriva sino con una cierta “brújula” que alivia la incertidumbre.

Pero por el camino también se encuentra uno algunas diferencias sustanciales. Hace veinte años no estábamos tan hiperconectados como ahora. Hace veinte años encontrabas por casualidad a alguien que hacía algo remotamente parecido o relacionado con lo que hacías tú y le escribías con el espíritu de quien envía un mensaje en una botella; resulta que los destinatarios vivían también con ese espíritu, y a partir de ahí empezaron a nacer comunidades deslocalizadas geográficamente pero tremendamente enfocadas en descubrir y compartir.

Hoy apenas hay misterio, todos sabemos en segundos lo que pasa en la otra punta del globo, y los protagonistas de cada noticia no buscan (en general) tanto el compartir como el capitalizar los pasos que hayan dado. Muy bien lo decía Alejandro Berman hace unos meses: “En la Ciudad de México todo el mundo quiere ser el próximo Mark Zuckerberg o el inventor de la próxima gran cerveza artesanal.”

Si algo nos enseñó el concepto de open-source y todo lo que vino después es que nadie es tan bueno en solitario como la suma de todos nosotros juntos. Nos falta volver a asombrarnos. Y compartir, y dejar de pensar que el progreso es un sistema de vasos comunicantes, donde si a uno le va bien al resto le va mal. Sucede justo todo lo contrario.

En mi último post hablaba de la necesidad que tenemos de ser inventores de lo que necesitamos para que aquello a lo que nos dedicamos progrese. Pero pareciera que somos una especie de “inventores-Gollum”: lo que creamos vive bajo el esquema “my precious, my precious”. Todo para mí, nada para los demás.

El “inventor-Gollum” es más cínico que entusiasta, especialmente en lo que se refiere al trabajo de otros. Y como siempre les digo, si pueden ser entusiastas, no malgasten su energía siendo cínicos.

“Inventores-Gollum”. Don’t.

La charla en el Día C (presentación + vídeo) – #9diaC

Uno pensaría que cuantas más conferencias imparte más tranquilo se presentará a la siguiente, por aquello de tener práctica, pero en mi caso nunca ha sido así, de modo que antes de cada charla soy un manojo de nervios, preocupado por cosas como el micrófono, el lugar o cómo el público recibirá mis palabras y mi presentación. Así que lo primero que pensé cuando vi el vídeo de mi charla en Valladolid (España) hace unos días era que parecía bastante tranquilo para lo nervioso que realmente estaba, más aún cuando llevas casi cinco años sin dar una charla en tu país y además te enteras de que el auditorio al que te vas a dirigir se ve de esta forma desde el escenario:

El lugar, como pueden ver en la foto que tomé prestada de la cuenta de Twitter de Ch. Martínez, debe ser el sitio más hermoso donde alguna vez me he subido a un escenario, con la particularidad de que siendo en esa ciudad donde mis padres, mis héroes, se hicieron novios, decidí convertir mi charla en un relato de cómo había terminado yo delante de esa platea, hablando de la idea que buscamos en la agencia en la que trabajo e incluyendo unas pizcas de cómo es la vida en México, por aquello de compartir la experiencia de alguien que se fue hace mucho con gente que ahora mismo puede que esté pensando en emigrar, viendo cómo anda España en estos momentos.

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De “Casetas-Alcancía” en acción

Como les contábamos hace un par de días, el pasado viernes lanzamos las llamadas “Casetas-Alcancías”, para apoyar de forma simbólica el lanzamiento de un número de teléfono de Telmex con el que puedes donar dinero a la Colecta Anual de la Cruz Roja Mexicana. Y entre la multitud de anécdotas, aciertos, fallos y aprendizajes, llegan fotos maravillosas como ésta:

Así que nos pareció que sería divertido editar un pequeño vídeo (a la carrera, eso sí) para ilustrar un poco mejor mucho de lo sucedido hasta ahora:


– Las Casetas-Alcancías son la manera simbólica de apoyar el lanzamiento de la línea *6565 que Telmex ha creado específicamente para apoyar la colecta de este año de la Cruz Roja. –

El RTón

Hay personas que se toman muy en serio la vida en Twitter, por lo que seleccionan cuidadosamente la gente a la que siguen o el tipo de retweets que hacen, y eso está bien porque cada uno usa la herramienta como le viene en gana, según las tres reglas inmortales de Rafa Osuna al respecto.

Otros, en cambio, somos más desenfadados, así que a veces dedico parte de mi tiempo a un pequeño divertimento llamado RTón (léase “erretón”): cuando estoy aburrido o quiero dejar de lado aquello en lo que estoy trabajando por un rato, me dedico a dar RT a todos los tweets de gente que lo solicite/necesite durante unos 45-50 minutos.

Si me preguntaran el porqué de este ejercicio, la única respuesta que podría dar es “porque sí” y porque me parece divertida una dinámica que suele comenzar con un mensaje de este tipo:

La timidez de la gente hace que al inicio sólo dos o tres se animen a pedir RTs, hasta que unos pocos más, animados por los RTs a los primeros, comienzan a pedir también el suyo, generándose un efecto similar al de una bola de nieve bajando por la ladera de una montaña. Pasados unos minutos esto es lo que mucha gente que me siga en Twitter puede ver en su timeline:

En este punto mucha gente elige dejar de seguirme, y quién soy yo para decirles que no lo hagan, cada cual administra sus follows y unfollows como mejor le parece. Y algunos otros, que no me seguían, deciden hacerlo. La proporción suele ser tres de los segundos por cada dos de los primeros, pero realmente no importa porque el objetivo de este ejercicio no tiene nada que ver con la gente que me sigue a mí, sino con la cantidad de personas que incrementan sus followers o agregan visitantes a sus causas o portafolios (que es el contenido de la mayoría de los mensajes) vía un mensaje republicado.

Es sorprendente la cantidad de información que se genera y comparte en tan poco espacio de tiempo, de modo que con que haya unas pocas personas a la que algo de lo republicado les sirva me doy por satisfecho. Y es que, como decía al inicio, mucha gente se toma muy en serio Twitter y los RTs que dan (o no), y yo, en cambio, creo que hace falta un poco más de humor e intrascendencia. Nos vemos en el próximo RTón.

La charla en el Museo de Antropología (presentación + vídeo)

Aunque la organización de la charla corría por cuenta de un organismo relacionado con la publicidad (Círculo Creativo de México) y el requisito era el de que la duración del evento fuera de unos 90 minutos, pensé que no era tan relevante el tiempo como la cantidad de cosas que necesitaba contar para poder enfocar correctamente (en mi opinión) el tema (definido por el título “El Hombre en la era de la comunicación digital”), aunque ello me llevara unos minutos más y enmarcando todo en un contexto más relacionado con el “Hombre” que con publicidad pura y dura.

El comportamiento de ese “Hombre”, en sus diversas acepciones del actual ecosistema publicitario (usuario, publicista, marca o nuevo talento), quedó desglosado en estos puntos:
1. La industria de la música
2. El paradigma de relevancia
3. Cultura popular contemporánea
4. De lo digital y su producción
5. Las agencias
6. El nuevo talento
7. Conclusiones

Así que aquí está, con esa agenda, el fruto de varios días de trabajo, la presentación en su versión de Slideshare (con especial mención para las maravillosas ilustraciones que encontré en Very Important Pixels):

Hablando sobre “piratería” y autores en TelmexHub

Llevaba cierto tiempo buscando una oportunidad para convertir en charla este post que sobre libros y “piratería” publiqué el año pasado. La invitación que me hizo Guillermo para participar en la Gira TelmexHub de 2011 me vino que ni pintada, y con tres presentaciones pendientes por delante pensé que sería interesante recuperar aquel antiguo post en forma de charla, para compartir esa experiencia con los asistentes al evento que iba a celebrarse en Mérida los días de este pasado fin de semana:

Once cosas que aprendes de piratería cuando escribes libros from Daniel Granatta on Vimeo.

También subí a Slideshare una copia de la presentación que utilicé, primera versión de las varias que imagino que esta charla pueda tener, pues el tema da para largo:

Once cosas que aprendes de piratería cuando escribes libros

Adicionalmente, y a modo de anécdota, me encontré con una crónica de la charla en la que su autor dice que dije exactamente lo contrario de lo que dije, así que pondré por escrito lo que quería decir con la charla como cierre de este post: cuando escribes libros, la “piratería” de tus libros es una de las mejores cosas que te pueden pasar en la vida.

Plis RT

Cuando comencé a usar Twitter para difundir contenidos, tenía la costumbre de rematar los urls con un plis RT, una muletilla que ponía a los seguidores en una situación comprometedora: difundir algo por petición, no por gusto.

Grave error.

Compartir es una actividad básica en internet. Lo hacemos casi de forma automática. Si algo nos gusta o parece interesante, buscamos el botón que facilite su difusión. No necesitamos que el contenido nos recuerde compartirlo; basta con que sea bueno.

No tengo nada contra el plis RT a nivel personal: es un favor, pedirlos es normal. En publicidad, sin embargo, el call to action se vuelve delator al poner el favor por delante del juicio. Confiesa la poca creatividad, calidad o interés que el contenido tiene para hacerse difundir por sí mismo, o en su defecto, la nula fe que su creador tiene en él.

Hace mucho (mucho) que dejé de poner plis RT al final de mis links. En lugar de buscar la caridad de los seguidores, preferí apelar por algo mucho más efectivo: su entretenimiento.

Plis RT.

Cero

Vi este sitio hoy. Acaba de salir y creo aún está intentando encontrar su público. Me topé con ese botón de compartir en Twitter, aún en 0, y pensé en los botones de Retweet con los que cierra cada uno de estos posts, que también tienen un 0 cuando nadie los ha retuiteado aún.

Estaría bien que esos módulos de compartir no muestren cifra alguna cuando ésta sea 0. No sé yo si a alguien le dan ganas de compartir algo que nadie haya compartido antes.

11 cosas que aprendes de “piratería” cuando escribes libros

Libro Flash y PHP, versión pirata

La imagen que abre este texto es una foto de una versión pirata de uno de mis libros, que encontré en la fascinante Avenida Wilson, una megalópolis gigante de contenidos pirateados y/o “extraviados” que se venden y revenden a un mucho menor precio del original en Lima (Perú).

Esa imagen inolvidable, de mi libro fotocopiado y con CD rippeado del original, es la que viene a mi cabeza cada vez que alguien saca el tema de la propiedad intelectual, el “asalto a los derechos de los autores” y todas esas cosas con las que habitualmente se adornan las conversaciones o escritos sobre este tema, tan manido, de “cómo la piratería destruye la cultura” y blablabla.

* Y antes de comenzar, y para dejarlo todo BIEN claro y en contexto, le estoy enormemente agradecido a la editorial que me publica (Anaya Multimedia) por la oportunidad que me dió de poder escribir para ellos (eso incluye una paciencia infinita para conmigo y mis, en ocasiones, más que discutibles plazos de entrega) *

Empecé a escribir libros (el listado no está actualizado) en 2002, solo o en compañía de amigos como Kada, Kali o Manu. No los escribía para ganarme la vida, sino como complemento (o consecuencia) de mi trabajo. Son libros técnicos, sobre Adobe Flash, ActionScript (el lenguaje de programación de Flash) o el diseño interactivo, así que no me considero “escritor” pero sí “autor”, y la verdad es que de un tiempo a esta parte a uno se le sube la bilirrubina cada vez que éste o aquel te lanza una diatriba acerca de lo nefasto de la “piratería”. Digo, a mí me sube la bilirrubina cada vez que escucho diatribas sobre cualquier tema, pero cuando trata sobre algo de lo que hago, más aún.

Y es que, en lo que se refiere a la “piratería”, esta es una lista (desordenada) de algunas cosas que aprendí en estos ocho años que llevo escribiendo materiales didácticos:

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