Privacidad, teatro con Wi-Fi

Privacidad México - programa de mano

Apagar tu teléfono (o silenciarlo al menos) es uno de los requisitos básicos de buenas maneras cada vez que uno acude al teatro. Ese día, en cambio, una voz solemne nos pedía que nos conectáramos a una de las redes inalámbricas disponibles durante la representación de la función.

Nadie dudó ni un segundo en hacerlo. Ya saben que hoy en día no importa si estamos al lado de un millón de dólares, del último Bitcoin disponible o de la aparición bíblica de algún Arcángel. Si hay un Wi-Fi al que conectarse elegimos conectarnos al Wi-Fi antes que hacer o prestarle atención a cualquier otra cosa.

Ese fue el primer detalle que me llamó la atención cuando hace un par de meses asistí a una de las representaciones de “Privacidad”, en el Teatro de los Insurgentes de la Ciudad de México.

La obra, que se estrenó primero en Londres, es una adaptación de varios textos escritos por Edward Snowden, allá por 2014, al respecto de cómo los gobiernos y grandes corporaciones vigilan y comercian con los datos que diariamente generamos mediante nuestros dispositivos conectados a Internet.

Privacidad México - público con selfie

Entretenida, algo densa en ocasiones, “Privacidad” es un magnífico vehículo para la reflexión al respecto de dónde van a parar y las consecuencias de cada una de las (aparentemente) inocentes interacciones que realizamos a diario: la selfie, un filtro de Snapchat, una búsqueda en Google, un correo a nuestro banco, etc.

Es ahí donde se activa una segunda capa de entretenimiento muy significativa: son tan relevantes las palabras recitadas sobre el escenario como la observación de las reacciones del público durante el transcurso de las mismas. Aunque somos conscientes desde el inicio de que estamos asistiendo a la representación de un texto relacionado con nuestros datos y su privacidad, nadie tiene ningún reparo en, por ejemplo, tomarse una selfie y enviarla a una dirección de correo que aparece en varias pantallas cuando el personaje de turno lo solicita. Porque… ¿qué hay de malo en tomarse una selfie cuando además tenemos un buen teléfono y sabemos tomarla y compartirla?
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Entrevistado y Demente, capítulo 32

Dementes - Podcast de Diego Barrazas

Aparte de todas sus ocupaciones y de su trabajo como Knowledge Manager en NEXOBanregio, Diego Barrazas es también el fundador de un podcast de nombre DEMENTES, cuyo propósito es publicar conversaciones con gente que él considera están haciendo cosas interesantes (gracias por la parte que me toca).

En nuestra charla, que dura poco más de una hora, hablamos de Publicidad, Creatividad, Diseño de Futuros, este blog, e incluso mi curso en Domestika (en algún momento de la charla se cita un código de descuento para el mismo 🙂
Enjoy!

En este episodio platico con Daniel sobre su experiencia en Agencias de Publicidad, sobre la Creatividad y sobre el Diseño de Futuros.

Nos cuenta lo que está pasando en la industria de la publicidad y lo que hizo que para el perdiera un poco de encanto. Nos cuenta también cómo hace para mantenerse creativo y para escribir constantemente en su blog.

Aparte de esto nos cuenta cómo funciona el Futurismo y cómo podemos usarlo para desarrollar una mejor estrategia en nuestras empresas.

A la mitad de este episodio podrán escuchar un código de descuento para su clase online en Domestika.org

Hay que aprender a aburrirse

Niño aburrido

Es lo que me decía Diego en una comida la semana pasada. Diego, que es una persona que sabe mucho y para quien he tenido la oportunidad de trabajar tanto cuando se encargaba de la comunicación de Nike Fútbol como ahora que es responsable de la arquitectura de conexión de muchas de las marcas de Coca-Cola (ambas en México), me comentaba que algo que intenta evitar que le ocurra a su hija es que no sepa cómo aburrirse.

Y es que es verdad, joder, los niños ya no saben aburrirse; si nos pasa a nosotros, que estamos fascinados con la pantalla del teléfono vomitando información, cómo no les va a pasar a los niños, que piensan que todo fue siempre así, pantallas, consolas, internet, etc.

Luego pensé que a lo mejor lo que nos pasa es que pensamos que no nos aburrimos, pero que en realidad sí lo hacemos y no lo sabemos porque estamos todo el rato conectados buscando nuevas cosas para consumir para dejar de estar aburridos. Parece un trabalenguas, pero esta imagen lo resume mejor:

Do the evolution - Pearl Jam

Y luego pensé que en realidad hemos cambiado el aburrimiento por el FOMO, ya saben, esa patología que nos hace estar pensando constantemente que cualquier cosa que esté sucediendo en otro lugar es más interesante que lo que estamos viviendo en ese momento, algo que deriva en otros problemas, como ese que recientemente se ha dado en llamar Phubbing.

Me explico, estar en la fila de un banco es aburridísimo, pero lo cansado de la espera se palía con el teléfono. Y ya saben que, en teoría, uno no puede usar el teléfono mientras está en la fila del banco, pero muchas veces esa normativa es bastante laxa, así que o navegas por Internet, escuchas música o juegas unas partidas de Candy Crush o Angry Birds.

Cuando llega la paranoia es en el momento en que, por ejemplo, te quedas sin conexión 3G. O peor aún, cuando el teléfono se queda sin batería. Y ahí llega, no el aburrimiento, sino el pánico porque no tienes otra cosa más que hacer que aburrirte, lo cual es terrible porque ya no sabemos cómo digerirlo.

Hay que aburrirse, coño.
Hagamos algo aburrido para poder hacer algo divertido luego, ¿no?

Larmes noires y lágrimas negras

Parece ser que siempre hay experiencias esperando a ser descubiertas de la manera más estrambótica posible.

“Dark side of the rainbow” es una expresión acuñada para definir la sincronía existente entre las imágenes de la película “El mago de Oz” con el disco “The dark side of the moon”, de Pink Floyd, si ambos se reproducen a la vez. Este año, paseando por Toronto tras nuestra conferencia en Flash in the Can, encontramos un cineclub en la ciudad en el que se dedicaban a realizar mezclas de este tipo, incluyendo la proyección anteriormente citada y también otras como, por ejemplo, “Nosferatu, el vampiro” con la música del disco “Kid A”, de Radiohead.

Kid Dracula

Cuando estoy en Saltillo, apenas veo la televisión, pero suelo comprar muchos dvd’s. Recuerdo cómo cuando Paulo trabajaba en Grupo W íbamos cada sábado a uno de los Blockbuster de de la ciudad, con la intención de sólo mirar, y terminábamos comprando (cada uno) nueve o diez dvd’s de series, películas o documentales sobre música, aunque siempre nos cobraron por unidad y nunca por kilos, ja.

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