De viaje con Moshi: confesiones de un conferencista

Artículos de Moshi

El año pasado impartí tantas conferencias que en algún punto empecé a hacer notar en mis redes sociales que parecía ser un artista popular, tocando en cuanto escenario (grande o pequeño, cerca o lejos) estuviera disponible. O una versión low-budget, claro.

Tweets de Moshi Latam

Un día, Moshi me escribió para preguntarme si alguno de sus productos me ayudaría a que mi vida de conferencia-allá-donde-me-llamen fuera más fácil. Dije que sí, ellos me los enviaron, y yo escribí este texto (y tomando fotos por el camino) para contarles a ustedes, lectores, el porqué.

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Rothko y la Realidad Virtual

Cuando vives en una megaurbe (como, por ejemplo, la Ciudad de México) te acostumbras al ruido. Es un ruido que nunca se detiene, ni siquiera de madrugada -sirenas a lo lejos, gritos por la calle, etc-, y que se vuelve una especie de zumbido que te acompaña a donde quiera que vas.

Uno no sabe que se ha acostumbrado al ruido hasta que se desplaza a otras latitudes (generalmente más pequeñas) donde no hay tanto ruido como en ese lugar del que procedes. Yo me percaté un sábado por la mañana en la ciudad de Querétaro. Iba saliendo de un aparcamiento y pensé “un momento, ¡no se escucha nada!” Escuchar el silencio es toda una novedad cuando ya no te acuerdas de cómo se siente.

Otra ocasión en que me sucedió lo mismo fue en un viaje a Houston, en el que alcancé a visitar la famosa Rothko Chapel, una capilla en la que el artista fue comisionado para crear obras que inspiraran la meditación en el lugar, una especie de santuario para personas de cualquier religión.

Capilla Rothko (Houston, EEUU)

Allí dentro (obviamente no se pueden tomar fotografías) uno no podía dejar de pensar en qué habrá pasado por la mente de alguien para pintar de morado o de negro unos lienzos de semejante tamaño. Una vez me dijeron que para entender las obras de un artista era necesario conocer las vicisitudes por las que pasó a lo largo de su vida. Ha de ser el caso.

Pero bueno, volviendo al tema que nos ocupa, el silencio en el lugar (aun estando lleno de gente) era sepulcral, y me hizo plantearme la necesidad que tenemos hoy en día de silencio. Para pensar, para recordar, para aburrirnos.

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