Entrenando a Skynet

Seleccionar imágenes de árboles

Me pareció muy inteligente el modelo de negocio de una de esas compañías que te enseñan a hablar idiomas mediante una aplicación en tu teléfono o tablet, y que utiliza las respuestas de los alumnos para perfeccionar el algoritmo de sus traducciones. Es con ese algoritmo con el que pueden ofrecer entonces múltiples servicios de traducción automatizada (muy rápido, a costes mucho más bajos) a otras compañías que lo requieran, siendo esto último lo que genera la mayor cantidad de ingresos, no las “suscripciones” de los usuarios.

Pensé en Skynet. Skynet está entrenándose. Bueno, de hecho, lo estamos entrenando nosotros, igual que al algoritmo de las traducciones del que les acabo de hablar. Cada vez que completamos uno de esos captcha en los que se nos pide primero que digamos que “no somos un robot”, para luego pedirnos que seleccionemos las imágenes donde aparecen montañas, o ríos, o tiendas, etc., entrenamos a los algoritmos para que sepan, cada vez mejor, qué es una montaña o un río o una tienda.

Skynet asomándose a nuestro cerebro para nutrir el “suyo”.
Make no mistake, it’s happening.

Cáceres, I love you

Cáceres 2016 - Logotipo Candidatura

Cada vez que subo a un taxi en algún lugar de México e intercambio dos palabras con el taxista, indefectiblemente la conversación deriva, por mi acento, al “usted no es de aquí, ¿verdad?”, lo que en ocasiones sienta bien y lo colma a uno de alegría (conservar algo del acento original con el que llegué a Saltillo, difícil por lo pegajoso de la forma de hablar del norte de México), pero también lo deja en otras al borde de una catalepsia crónica al recibir comentarios del tipo “por el acento supe que usted era de Argentina”. El cómo alguien puede no distinguir entre el acento de España y el de Argentina lo dejo para otro día, porque merece post aparte, pero en general suelo encaminar la charla con el “soy de España”, que dicho en voz alta suena mucho menos cañí de lo que se lee aquí escrito. Esta frase, como decía, abre tres posibles caminos para la charla (o plática, como le dicen en México):

1.- “Yo fui a España una vez…”

2.- “Yo tengo un amigo (o familiar) que una vez fue a España…”

3.- “Yo siempre quise ir a España porque…”

Ésta última es, con diferencia, la más jugosa, porque lo que era una charla ya encaminada vuelve a divergir de forma cósmica gracias a los motivos que el taxista explica que tenía para querer ir a España. La mejor historia que he escuchado al respecto fue la de un taxista que estuvo ahorrando diez años para ir a España porque estaba enamorado de Gemma, una de las componentes del grupo Parchís, y al final nunca consiguió ir. Que digo yo que viendo cómo terminaron los de Parchís, mejor que no fuera al final. Así que, un consejo, teniendo en cuenta que en muchas partes de México (inclusive las grandes ciudades) los taxis no suelen usar taxímetro, entablar amena conversación con el conductor es una buena solución para evitar tarifas clavadas como estacas en el pecho al final del trayecto.

Pero vaya por donde vaya la conversación, al final todo se recoloca gracias a la pregunta:

“¿Y de qué parte de España es usted?”

Madrid (A) - Cáceres (B) - Lisboa (C)

Ahí llega otro problema, porque decir “Cáceres” es tan impersonal como decir “Calasparras del Madroño”, a fin de cuentas, lo que alguien de México que va a España suele conocer son las grandes ciudades, no las llanuras y periferias, y ni siquiera sirve ya decir “Cáceres, Extremadura”, porque no suelen identificar a ésta última (Extremadura) con el lugar de origen de Hernán Cortés y tantos otros que los pasaron a cuchillo cuando estuvieron por las Américas. Nada, nada. Nada de eso sirve, así que tuve que desarrollar una tercera versión de mi lugar de origen, que consiste en decir “a mitad de camino entre Madrid y Lisboa… en el punto medio… ahí está Cáceres”. No es exactamente el punto medio, pero se le parece y así lo entienden, así que todos felices: la inconcreción geográfica como método de autodefensa.

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