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La tecnología y las ideas obsoletas

Uno de los mayores problemas que afrontan hoy las agencias, con todo el cambio tecnológico al que estamos expuestos, es el de la vigencia de sus ideas, porque muchas veces éstas dependen de las plataformas donde viven y, bueno, hoy en día las plataformas van y vienen en cuestión de meses.

Cuando esto sucede, las ideas, que dependían de la plataforma en la que vivían, quedan caducas porque probablemente la gente ya esté usando otra cosa, otra tecnología, otro dispositivo. Lo que sea, tal como una vez escribimos aquí.

Esto se acentúa más en años como este 2013, donde las marcas congelan parte de sus presupuestos para invertir con más fuerza en el siguiente, en el que hay una Copa del Mundo de fútbol que polariza la atención del mundo entero. Así que, cuando todo lo que propones a una marca se propone para que viva dentro de doce meses has de tener cuidado de no depender de una plataforma que dentro de ese tiempo puede estar muerta. O, si no muerta, sí lejos del pico de atención de la gente porque ya no la considere interesante.

Así que, para evitar esto, quizá sea interesante entender cómo madura la tecnología, desde que surge el dispositivo que la permite hasta que se vuelve tan “mainstream” que ya nadie piensa en la tecnología sino en el objeto que esa tecnología habilita. Usemos un ejemplo muy simple, las fotografías:

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Si algo es gratis, a alguien le cuesta dinero

Dos cosas que quizá a mí me parecen muy obvias o razonables, pero que a lo mejor para alguien más no lo son tanto:

1) Si usas un servicio o utilidad de forma frecuente (no tiene por qué ser a diario) y realmente te entretiene, resuelve un problema, etc. deberías querer pagar algo por él aunque tengas la posibilidad de usarlo de forma gratuita. Mi caso específico es Spotify, con historias como la que les cuento en este post.

Y deberías querer pagar por muchas razones, pero principalmente por dos: a) por respeto a quien tuvo y desarrolló esa idea y b) porque con más gente pagando con ello, quien hizo el desarrollo tendrá una posibilidad de mejorar su producto, algo que subsiguientemente también te puede beneficiar a ti.

2) Que un sitio que visitas con asiduidad tenga banners y/o publicidad no significa automáticamente que el dueño sea un “vendido” que únicamente busca hacer negocio de las visitas a ese espacio. Puede que simplemente esté intentando recuperar parte de lo que le cuesta económicamente el espacio en servidor y la transferencia en el mismo que genera la gran cantidad de usuarios que, como tú, pasa por allí recurrentemente.

Así que si eres uno de esos adalides que instalan bloqueadores de publicidad y presume de ello por lo lindo y no-contaminado por el consumismo que tienes el karma, felicidades. Estás quemando vivo uno de los recursos que tu sitio favorito tiene para darte el contenido que hace que ese sea tu sitio favorito.

Así que, insisto, igual este sentido común es muy mío y poco de los demás, pero cuidado con esas posturas del “todo gratis” y “abajo la publicidad” con las que de repente saltan algunos por aquí o por allá, porque cuando alguien hace algo gratis para unas pocas personas, puede que sólo esté pagando con la moneda de su tiempo. Pero cuando alguien ofrece algo gratis para muchas personas, tengan por seguro que hay alguien a quien eso le cuesta dinero. Así que no desprecien tan a la ligera el esfuerzo y recursos que alguien puso para ello, ni censuren de forma tan dogmática el que quieran recuperar parte de lo invertido.

El matonismo en el mundo de la publicidad

Para hablar hoy de un tema general, empezaré por una auto-acusación particular. Acababa yo de regresar a la Ciudad de México tras pasar unos días en España y me topé con el parabús de la imagen que abre este post, comprado ese día (parece) por Initiative, una agencia de medios con la que me han salido úlceras de todos los colores cada vez que me ha tocado trabajar con ellos. Bueno, el caso es que tomé foto y la subí a mis espacios sociales acompañada de algunos comentarios burlescos, sin darme cuenta de que lo que estaba yo haciendo es darle barra libre a la gente que me sigue en dichos espacios para también hacer burla, aun no habiendo tenido (en el 99’999% de los casos) relación laboral alguna con Initiative (que es lo que provocó mi publicación inicial).

Total, que las ristras de comentarios convirtieron el asunto en un aquelarre y la agresión llegó a un punto en que me pareció que lo mejor que podía hacer era dar de baja la imagen porque la cosa se estaba poniendo bastante fea. Y es que, a fin de cuentas, si alguien quiere comprarse un billboard en mitad del desierto para presumir de lo grande o pequeña que la tiene, pues… who cares?

Sigo. Porque, como si hubiera una especie de karma-express corriendo por la vida, se juntó lo narrado en el párrafo anterior con la llegada a mis oídos de varios rumores y cotilleos (falsos) llegados desde las entrañas de un lugar en el que ya no trabajo. Como uno ya está curado de espanto de críticas después de haber publicado más de veinte libros, lo que sí llegué a sentir fue preocupación por el interés desmedido de algunas personas por desacreditar a alguien que ya ni siquiera está presente ante gente que ni siquiera me conoce.

Y es que no sé, si llega uno a un trabajo y tiene un jefe brillante (o no tanto) que emplea parte de su tiempo ejerciendo el “matonismo” (contra otros creativos o contra campañas de otros creativos de la industria), al final parece que uno pudiera llegar a asumir que parte del trabajo que hay que hacer para llegar a ser un jefe brillante (o no tanto) pasa por comportarse como un matón contra otros creativos o contra campañas de otros creativos de la industria. Esto es peligroso, sobre todo entre los jóvenes, porque aún pueden no ser tan experimentados o brillantes (o no tanto), pero ser un matón es muy fácil. Y al final el ambiente se vuelve ciertamente irrespirable.

En este punto, siempre me parece oportuno rescatar este texto de David Trueba titulado “La máquina de odiar”. La máquina de odiar existe y todos tenemos una, pero sabiendo que las acciones derivadas de su uso siempre terminan regresando a su dueño.

Y es que es una tristeza que en publicidad a veces nunca basta con el éxito o preocupaciones propias, sino que lo que realmente importa es el descrédito de los demás. Afortunadamente, y dentro de lo despiadada que puede ser a veces, hay que hacer saber que la publicidad es una profesión tremendamente democrática. Que, al contrario que en otras disciplinas, donde hay un ganador y muchos perdedores, en publicidad nada impide que haya una idea maravillosa en una agencia mientras, simultáneamente, nace otra igual de brillante en una agencia distinta, y que las dos pueden triunfar. Quizá eso es lo que debiéramos transmitirle a la gente que llega a la industria.

Así que probablemente debiéramos dedicar más tiempo a crear buenas (o mejores) ideas que a estar criticando lo que hace gente a la que no hemos tratado más que un par de veces en nuestras vidas. Y sobre todo si eres jefe (brillante o no).

Porque yo no sé vosotros, pero a mí siempre me cayó mejor el Karate Kid que los Cobra Kai. Eso. Y una disculpa sincera desde aquí para la gente de Initiative.

Sturgeon y publicidad

Directamente descendiente del Principio de Pareto existe un aforismo denominado Ley de Sturgeon, que reza que el 90% de todo es basura. El caso es que, bien porque lo sean o bien porque a alguien se lo parece, nueve de cada diez ideas (aproximadamente) que se alumbran en una agencia de publicidad terminan por morir, en cualquiera de las fases que transcurren entre su concepción y su producción.

Lo malo es que si esas diez ideas son buenas es terriblemente jodido aceptar que se mueran nueve. Así que uno termina por aprender que es mejor ver el vaso medio lleno en vez de medio vacío, para así valorar la que consigue sobrevivir en vez de echar de menos a las que se quedaron por el camino.

Pero eso sí, para aceptarlo te tiene que gustar mucho la publicidad. De hecho, te tiene que gustar mucho la publicidad para trabajar en publicidad.

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Así juzgo una idea

Con motivo de la charla en la Miami Ad School México a la que fui cortésmente invitado por Dani Granatta el pasado mes, decidí preparar y resumir en 10 puntos el cómo yo creo que debería juzgarse hoy en día … Read More

De verdad…

Esto no va de hacer campañas integradas en muchos medios, sino de poner todos los medios para buscar ideas verdaderamente integradoras.

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Tiempo de Naviralidad

Es tiempo de regalos. Muchos se sorprenden, a veces con cierta indignación, que año tras año las campañas navideñas arranquen cada vez más pronto en los medios, vitrinas y lineales de las tiendas, por momentos pisándose incluso con las promociones … Read More

Cuidado con los regalos de ideas ajenas

El miércoles tuve la conversación de la imagen que abre este post. Probablemente mi interlocutor debió pensar de mí que soy un sabihondo y no sé cuántas cosas más, ninguna buena, pero la verdad es que aunque esté totalmente carcomido por la curiosidad de saber qué idea tenía para contar, no podemos (desde una agencia) aceptar ideas de esta forma.

Este tipo de situaciones, que ocurren más frecuentemente de lo que pudiera parecer (según me cuentan maestros como Mike Brito), ha derivado en más de una ocasión en que la idea ya estaba hecha, o propuesta y rechazada por el cliente, o no era tan buena o era imposible ejecutarla en los términos en que su autor la pensó, y todo queda ahí. Pero si tiempo después, resulta que la marca decide hacer algo que tiene (según el autor de aquella idea) un remoto parecido con la original, todo se reabre con el autor de aquella idea denunciando por “plagio” a marca y/o agencia. Y resulta que hay profesionales de todo este tipo de actividades en muchos lugares, incluido México.

Y aunque muchas iniciativas son de buena fe y no tienen tras ellas este tipo de pensamiento tan perverso, uno no puede arriesgar a una marca para la que trabaja a este tipo de situaciones, y por eso la única forma de plantear esas ideas es entrando a trabajar a una de las agencias con las que trabaje la marca y desde ahí proponerlas. O proponérselas directamente a la marca y ver qué pasa.

Y eso que me muero de ganas de saber cuál era esa idea que tenían para contarnos, pero no así, sorry :)

2011 y un libro por semana, capítulo 9

Continuando con mi propósito de leer un libro por semana en 2011, el siguiente de la lista es:

Making Ideas Happen: Overcoming the Obstacles Between Vision and Reality
(Scott Belsky)
Portfolio Hardcover
+ enlace en Amazon

Scott Belsky es el fundador de Behance, un lugar de portafolios en línea desde el que él, como fundador, ha contemplado en innumerables ocasiones cómo el éxito de un proyecto depende no sólo de tener buenas ideas sino también la disciplina y decisión de convertirlas en realidad.

El libro relata diversas técnicas (incluido un breve paso por la herramienta Action Method) para organizar las tareas pendientes y cómo descomponerlas en pasos accionables, que lleven cada proyecto a su ejecución completa, así como diversos consejos y ejemplos relativos a la hora de trabajar con y en grupos de diversas personas e intereses.