Las marcas Medici

Familia Medici

Cuando uno habla de la oportunidad de las marcas de mejorar el mundo o construir el futuro (di una charla en un TEDx hace ya seis años sobre ese tema) probablemente se nos olvidó especificar que todo empezaba por que las marcas hicieran mejores productos para el mundo, no por poner a sus agencias a hacer múltiples campañas de marketing diciendo que en tal o cual marca hay ahora una intención de responsabilidad social: sólo con la intención no basta (este artículo lo explica muy bien, el futuro del branding puede ser el debranding).

Cada año, los festivales de publicidad se llenan de esos vídeos caso-de-estudio de dos minutos donde multitud de marcas dicen que hicieron tal o cual cosa para el mundo, aparte de vender. O eso dicen esos vídeos caso-de-estudio. El problema es que muchas veces las marcas (y sus agencias) piensan que el futuro se construye creando “productos” para los usuarios, aunque luego se les olvida lo más básico: alimentar esos productos para que sean productos de verdad y no lo que son en realidad: una suerte de PR con esteroides. Porque la clave nunca está en el app o producto, sino sobre las relaciones que se generan entre los usuarios gracias a él.

Sin embargo, sí hay una forma en que las marcas están ayudando a construir el futuro: pagándole ingentes cantidades de dinero en publicidad a las compañías dueñas del interfaz (Google, Facebook, Twitter o Snapchat, por ejemplo) para intentar tener algo de visibilidad en un mundo donde las personas cada vez tienen más y más opciones a la hora de elegir qué ver a continuación.

Y con esos ingresos por publicidad, estas compañías están construyendo gran parte del futuro en el que vamos a vivir en los próximos años, desde lo que sucede en tu navegador de Internet hasta cómo te vas a relacionar con la Inteligencia Artificial en el dispositivo correspondiente o en tu tienda favorita.

O sea, que las marcas sí están financiando la construcción del futuro, pero el crédito se lo están llevando otros. Marcas Medici que no quieren serlo. Ah, la ironía.

Ideas open-source: el Uno y Uno

Uno y uno

En las ciudades de México que no son las tres grandes capitales (a saber, Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey) existe una idea open-source fantástica que todo el mundo entiende y utiliza para hacerse la vida más fácil: el Uno y Uno.

El Uno y Uno consiste en que, en cada cruce de dos calles, cada coche que llega a la intersección cede el paso al coche que viene en el otro sentido, para luego avanzar haciendo uso de su turno, mientras el coche en el otro sentido le cede el paso a él, y así sucesivamente.

Es una idea ya adoptada que sirve para engrasar el tráfico y funciona como cultura general. Pasa de padres a hijos y de locales a forasteros. A nadie se le ocurre saltarse un Uno y Uno porque te puedes llevar insultos hasta para el último miembro de tu familia, o (peor aún) causar un accidente.

A mí me encanta el Uno y Uno porque es una idea open-source, una idea que depende de que la gente la adopte y la utilice. Es un patrón de idea de la que en publicidad también se pueden ver ejemplos, como la maravillosa “The Empty Project”:

Este tipo de ideas open-source son probablemente a las que se refería Nicko cuando se preguntaba, en sus criterios para juzgar una idea, si la misma “podría ser una idea de todos”.

Una idea open-source también funciona como un interfaz: no le cuenta una historia a la gente, sino que la habilita para que la historia la desarrollen ellos.


Aun así, en esta época de plataformas sociales, las marcas siguen hablando mucho y dejando poco espacio a los demás. Asfixian. ¡Comparte! ¡Twittea! ¡Danos Like! ¡Sube tu vídeo!

Es más, cuando piensan en sus usuarios, las marcas aún piensan en función de lo que los usuarios pueden hacer por ellas, como esas dinámicas de User-Generated-Content que lanzan de cuando en cuando: “Danos tu tiempo y contenido para ganar esta promoción.”
Meh.

Pero no tendrían por qué ser así. Aún quedan muchas ideas por descubrir que dejen espacio a sus usuarios para respirar. Es más, que se nutran de la respiración de todos los que las usan. Como el Uno y Uno.

Las interfaces de Analucy

Teléfono a la escucha

La forma en que Analucy ve dibujos animados en su iPad es pidiéndoselo a Siri. Ella pulsa el botón de HOME con uno de sus deditos, Siri le pregunta en qué puede ayudarla y Analucy le dice, por ejemplo, “My Little Pony Youtube”.

Siri le contesta “Ok, esto es lo que he encontrado” junto con una lista de enlaces, de los que Analucy elige uno y espera tranquilamente a que la conexión a Internet haga su trabajo y la lleve hasta el vídeo que ella acaba de seleccionar.

Hasta que hace unos días, aún sin Internet en casa por la reciente mudanza, le enseñé una lista de juegos en la pantalla de mi laptop. Ella escogió uno y yo le dije que ese “era el juego número 53”. Entonces, Analucy se inclinó para acercar su cara a la pantalla de mi laptop y le dijo, muy firmemente: “CINCO, TRES”

Obviamente, no pasó nada, y Analucy me miró entre confundida y enfadada, porque qué clase de iPad extraño era esa laptop que estaba sobre la mesa del comedor. Entonces yo intenté explicarle que tenía que usar el ratón o el teclado para pulsar sobre el número de juego que quería. Y fue entonces cuando al agarrar ella el ratón me di cuenta de que, para Analucy, el ratón de una computadora era una especie de objeto alienígena, que tenía tanto sentido en su vida como pueda tenerlo para mí un teléfono de disco o un walkman. Era como ver a Indiana Jones agarrando un objeto precioso… y antiguo.

Pensamos que lo “antiguo” es una radio o un reproductor de vídeo VHS, pero en realidad es una palabra que se extiende de forma cada vez más rápida a más y más objetos en una especie de metástasis implacable. A un ratón o a un teclado de ordenador, por ejemplo. Me pregunté entonces si Analucy tendrá necesidad de usar un ratón alguna vez en su vida, cuando puede directamente hablar con las máquinas o usar sus dedos (o un lápiz stylus) para dibujar lo que crea conveniente.

Tarjeta perforada

La certeza de lo que acabo de narrar en el párrafo anterior me pilló por sorpresa, pero le dio sentido a otra de las cruentas batallas de “Las Guerras del Interfaz” de las que hablaba hace unos días: el próximo Santo Grial en dichas guerras es el reconocimiento de voz. Es por eso por lo que compañías gastan millones de dólares en perfeccionar esta tecnología, porque niños y niñas como Analucy ven el ratón y el teclado como nosotros vemos ahora aquellos enormes ordenadores que funcionaban con tarjetas perforadas.

Días después le contaba esta anécdota a Dany Saadia, el cual me refirió a una (parece ser) célebre escena de “Star Trek”, donde Scott (que acaba de viajar en el tiempo, del futuro hasta el pasado, para salvar unas ballenas), vive algo similar a lo que le sucedió a Analucy:

Así que cuando apenas vamos terminando de pensar en cómo se ve el sitio web de nuestra compañía en un dispositivo móvil, resulta que hay que empezar a preocuparse de cómo se va a navegar… con la voz. Y eso para empezar, porque la calificación de “antiguo” avanza rápido, rápido, rápido.

O como decía una maldición china: “Ojalá vivas tiempos interesantes.”

Las marcas como interfaz

Dedo e interfaz

Los más asiduos de este blog recordarán este antiguo post donde una imagen pedía a los usuarios que dieran cabezazos al teclado.
Durante mucho tiempo usé ese ejemplo en mis conferencias, porque más allá de lo (aparentemente) estúpido de la petición, lo interesante era que la imagen no era un contenido que compartir, sino una “herramienta” que pedía a los usuarios hacer algo. Y de entre todas las interacciones (dejar comentarios) de los mismos se generaba una divertida dinámica donde todos esos usuarios estaban creando una historia a medida que los cabezazos al teclado se sucedían, comentando unos las interacciones de los otros.

Sirve como ejemplo para, seis años después, explicar por dónde pudiera transitar el futuro publicitario de muchas marcas. Durante años escuchamos una y otra vez “el contenido es el rey”, pero los hechos parecieran demostrar lo contrario.

Las marcas siguen gastando ingentes cantidades de dinero en crear contenidos con los que poblar todas sus posesiones en redes sociales, pero de alguna manera todas ellas siguen rehenes de quien sirve a los usuarios todos esos contenidos: empresas de tecnología.

Porque hoy, las empresas a las que mejor les va en aquello de la publicidad son empresas de tecnología, especialmente Google, Facebook y (quizá) Snapchat. Y lo consiguen proporcionando a los usuarios, no un contenido, sino una interfaz en la que a veces consumir, pero sobre todo en la que poder interactuar con la interfaz y con otros usuarios para poder crear sus propias historias.

Continue reading Las marcas como interfaz

Las interfaces de Hemingway

Write drunk. Edit sober.

Puedo dictar un texto para mi blog en mi teléfono, pero no en mi laptop.
Punto para la voz.

Pero editarlo es mucho más fácil usando la laptop que un teléfono o una tablet.
Punto para el teclado.

Hoy, la famosa cita atribuida (no sé si correctamente) a Ernest Hemingway diría algo como:

Write drunk. On your phone.
Edit sober. On your laptop.

Imagina que la interfaz que estás creando es una que utilizaría Hemingway.
La belleza de dedicarse a crear interfaces.

Iconos de empatía digital

Nuevos botones de emociones de Facebook

Es un poco medio macabro darle “Me gusta” a un post en Facebook donde un amigo relata algo malo que le acaba de pasar. La alternativa, “No me gusta”, tampoco refleja exactamente el sentimiento, que tiene más que ver con “Estoy contigo” o “I feel you” que con un rechazo propiamente dicho. Por eso, a mí me pareció muy lindo y acertado el que Facebook agregara esos nuevos iconos de emociones, una especie de “botonera de empatía”.

Aquí, un texto de uno de los responsables del proyecto explicando cómo llegaron a esa solución.

Y ya que estamos, otro par de enlaces más:
+ cómo se se produjo el cambio del icono de amistad de Facebook
+ Little Big Details: un blog del que ya escribí aquí, y que publica con regularidad curiosidades y descubrimientos sobre todos esos iconos de los interfaces que navegamos todos los días.

Instagram fuera de Instagram

Aaaah, Instagram, la herramienta favorita de hipsters y no hipsters para darle glamour a fotos sin glamour. Eso sí, como la presencia en sus vidas de la aplicación dependerá de que tengan o no un iPhone, me pareció oportuno compartirles este par de enlaces, que utilizan el API de la herramienta original para poder acceder a los contenidos de los usuarios desde un navegador de Internet:
Extragram: Para acceder a los contenidos de tu cuenta, buscar usuarios o imágenes, y darles Like o comentarlas.
Statigram: No está tan enfocado en el acceso a las imágenes (aunque también te lo permite), sino en generar estadísticas y visualizaciones de tu actividad con la herramienta.
Screenstagram: Sólo para Mac, crea un salvapantallas a partir del feed público de imágenes tomadas con la herramienta. (¡gracias Fer!)

Instagram fuera de Instagram, how cool is that!

Diseñadores de interacción

Como de vez en cuando me vuelve el ramalazo de programador, me pareció fascinante la aproximación al trabajo de los diseñadores de interacción que se describe en el libro “Prototyping Interfaces – Interactive Sketches with VVVV”, son los diseñadores de nuestra vida “digital”:

(más información sobre el libro – vía José Florido)