Un UX de cinco dólares por visita

La televisión que hay en mi casa no tiene capacidades de HD. Aún así, la calidad HD es la que se me ofrece por defecto cada vez que busco una película para comprar o alquilar en iTunes:

Guardians of the Galaxy - iTunes

Pero resulta que “escondida” al final del scroll vertical (en mi teléfono) hay una opción SD. Visto como “escaneamos” hoy las pantallas con nuestras miradas, uno pensaría que colocar ahí esa opción la hace prácticamente invisible:

Guardians of the Galaxy - iTunes

Hay ocasiones en que esta opción SD trae menos “features”. En otras, los mismos en menor calidad. Sea como sea, es la resolución que me dan las pantallas de mi televisión o mi teléfono. Y por 5 ó 6 dólares menos:

Guardians of the Galaxy - iTunes

Considerando la cantidad de películas que se venden al día en iTunes, parece un buen negocio dejar que la gente compre por defecto la versión HD. Por si les parece que diseñar UX es una labor no tan importante y que pueden dejar al azar.

Comprando y descargando música

Descarga de canciones de iTunes

Ya saben que por aquí somos heavy-users de Spotify (con peticiones extrañas o recomendaciones de uso), pero resulta que, de un tiempo a esta parte, he vuelto a comprar mucha música en la tienda de iTunes.

¿Motivos? Tres.

El primero es el de que que en la Ciudad de México la conectividad es casi una quimera en determinadas zonas, así que, aunque mi teléfono diga 3G, el acceso a mi cuenta de Spotify es nulo (sí, ya sé que puedo activar que determinadas canciones se puedan escuchar en modo offline, pero no voy a andar marcando para escuchar offline todo lo que escucho).

El segundo es el de que mucha música que me gusta no está en el catálogo de Spotify, algunos discos de Draco, por poner un ejemplo bastante reciente.

El tercero es que mucha música que me gusta vive en plataformas como Soundcloud o Stereomood, que no disponen de un método de escucha “offline”, salvo que descargues los temas correspondientes.

Conclusión: al final, para poder escuchar la música que me gusta, compro los temas en la tienda de iTunes o los descargo en mi ordenador para sincronizarlos con mi teléfono, y así poder tener la música almacenada de forma física, sin necesidad de depender de una conexión a Internet.

Qué cosas, ¿no?
¿A alguien más le pasa algo similar?

Los códigos y mi pereza

Desde hace ya algún tiempo se encuentra uno con estas tarjetitas cada vez que llega a pagar a la caja de algún Starbucks (parece que voy mucho últimamente).

En principio la idea tiene toda la lógica del mundo, obtener una canción gratis a cambio de una visita al establecimiento (generalmente acompañada de una consumición), pero lo cierto es que nunca en la vida me ha dado por acudir a iTunes (en mi portátil o en el teléfono) e introducir el código que trae cada tarjeta en su parte posterior. Quizá podrían resultar útiles si en vez de un código trajeran un QR-Code que pudiera fotografiar para descargar la canción directamente. O que al menos cada tarjeta resultara un objeto de colección con una estética que tuviera un acabado algo más especial, uno que hiciera merecer la pena guardarla como quien guarda un cromo de los que se coleccionan, para que quizá descargar la canción fuera lo de menos.

Pero no, nada de eso, y la verdad es que a mí toda la logística para conseguir cada una de esas canciones me da demasiada pereza, sobre todo porque tardo mucho menos en abrir mi cuenta de Spotify y buscar allí ese tema sin necesidad de introducir ningún código ni descargar nada de nada. Quizá en esta época, en que la música es tan accesible que ya ni el formato importa, este tipo de tarjetas y acuerdos deberían realizarse para ofrecerle a la gente algo que no puedan conseguir en ningún otro lugar, para darle algún valor al objeto del regalo. Como cuando conectarte al Wi-Fi de un Starbucks en Estados Unidos te permite acceder, vía iTunes, a la estación que emite la música que ambienta cada uno de los establecimientos. Ahí sí, pídanme cuantos códigos quieran. Pero por una canción que puedo conseguir en cualquier otro sitio… pues como que no.

Acepte TODOS estos términos y condiciones

Últimamente cambian cada dos por tres los términos y condiciones para comprar en iTunes Store, la tienda online de música de Apple. Aunque lo cierto es que no sé qué es lo que modifican, porque cada vez que llego a la pantalla donde se me informa de que hay cambios me encuentro con una cifra intimidante, 69 páginas de texto:

Así que huyo al botón de Aceptar, para salir de allí cuanto antes:

Quién sabe qué es lo que dicen los términos y condiciones y qué estoy aceptando con ese click… pero lo siento, tengo prisa.

Estupideces y llamadas falsas

No sé si estará documentado o no, pero creo que en el cerebro debe existir una zona que se active al escuchar una estupidez, algo así como un bullshit detector. E imagino que cuando se escuchan muchas estupideces consecutivas, por ejemplo en una reunión de esas que se dan a veces en publicidad o cuando vamos a un banco a preguntar por un crédito, esa zona del cerebro se inflama hasta extremos insospechados. Es entonces cuando uno siente la imperiosa necesidad de desconectarse como sea de esa fuente perturbadora de información, algo para lo que puede servir esta (muy) útil aplicación para iPhone/iPod llamada Fake Call, que simula una llamada entrante en nuestro teléfono una vez que transcurre un determinado período de tiempo (definido previamente por nosotros):

No es la única, hay muchas (unas gratuitas, otras de pago), por fin estamos a salvo, aunque no sé muy bien cómo podría alguien explicar el estar recibiendo una llamada de teléfono en un iPod.