El matonismo en el mundo de la publicidad

Para hablar hoy de un tema general, empezaré por una auto-acusación particular. Acababa yo de regresar a la Ciudad de México tras pasar unos días en España y me topé con el parabús de la imagen que abre este post, comprado ese día (parece) por Initiative, una agencia de medios con la que me han salido úlceras de todos los colores cada vez que me ha tocado trabajar con ellos. Bueno, el caso es que tomé foto y la subí a mis espacios sociales acompañada de algunos comentarios burlescos, sin darme cuenta de que lo que estaba yo haciendo es darle barra libre a la gente que me sigue en dichos espacios para también hacer burla, aun no habiendo tenido (en el 99’999% de los casos) relación laboral alguna con Initiative (que es lo que provocó mi publicación inicial).

Total, que las ristras de comentarios convirtieron el asunto en un aquelarre y la agresión llegó a un punto en que me pareció que lo mejor que podía hacer era dar de baja la imagen porque la cosa se estaba poniendo bastante fea. Y es que, a fin de cuentas, si alguien quiere comprarse un billboard en mitad del desierto para presumir de lo grande o pequeña que la tiene, pues… who cares?

Sigo. Porque, como si hubiera una especie de karma-express corriendo por la vida, se juntó lo narrado en el párrafo anterior con la llegada a mis oídos de varios rumores y cotilleos (falsos) llegados desde las entrañas de un lugar en el que ya no trabajo. Como uno ya está curado de espanto de críticas después de haber publicado más de veinte libros, lo que sí llegué a sentir fue preocupación por el interés desmedido de algunas personas por desacreditar a alguien que ya ni siquiera está presente ante gente que ni siquiera me conoce.

Y es que no sé, si llega uno a un trabajo y tiene un jefe brillante (o no tanto) que emplea parte de su tiempo ejerciendo el “matonismo” (contra otros creativos o contra campañas de otros creativos de la industria), al final parece que uno pudiera llegar a asumir que parte del trabajo que hay que hacer para llegar a ser un jefe brillante (o no tanto) pasa por comportarse como un matón contra otros creativos o contra campañas de otros creativos de la industria. Esto es peligroso, sobre todo entre los jóvenes, porque aún pueden no ser tan experimentados o brillantes (o no tanto), pero ser un matón es muy fácil. Y al final el ambiente se vuelve ciertamente irrespirable.

En este punto, siempre me parece oportuno rescatar este texto de David Trueba titulado “La máquina de odiar”. La máquina de odiar existe y todos tenemos una, pero sabiendo que las acciones derivadas de su uso siempre terminan regresando a su dueño.

Y es que es una tristeza que en publicidad a veces nunca basta con el éxito o preocupaciones propias, sino que lo que realmente importa es el descrédito de los demás. Afortunadamente, y dentro de lo despiadada que puede ser a veces, hay que hacer saber que la publicidad es una profesión tremendamente democrática. Que, al contrario que en otras disciplinas, donde hay un ganador y muchos perdedores, en publicidad nada impide que haya una idea maravillosa en una agencia mientras, simultáneamente, nace otra igual de brillante en una agencia distinta, y que las dos pueden triunfar. Quizá eso es lo que debiéramos transmitirle a la gente que llega a la industria.

Así que probablemente debiéramos dedicar más tiempo a crear buenas (o mejores) ideas que a estar criticando lo que hace gente a la que no hemos tratado más que un par de veces en nuestras vidas. Y sobre todo si eres jefe (brillante o no).

Porque yo no sé vosotros, pero a mí siempre me cayó mejor el Karate Kid que los Cobra Kai. Eso. Y una disculpa sincera desde aquí para la gente de Initiative.

Regiones y muñequitos de vinilo

La última sensación-moda que hemos vivido en la agencia donde trabajo han sido estos muñequitos de vinilo, émulos modestos de los famosísimos de Kid Robot, y que sólo podían encontrarse, para envidia de mucha gente que preguntó por ellos cuando publiqué las fotos en Twitter y Facebook, en un Oxxo de Saltillo.

Parodiakis

Se supone que la colección completa se compone de cuatro series de ocho muñecos cada una, apareciendo en la primera grandes personajes históricos mundiales como el Che Guevara, John Lennon, Bruce Lee y Gene Simmons, acompañados de cuatro personajes legendarios mexicanos, como son el Chapulín Colorado, Cepillín, Frida Kahlo y Luis Miguel. Bueno, no sé si Luis Miguel es legendario a la altura de los otros siete, pero sí que es mexicano y famoso.

Frida Kahlo - Parodiakis  Gene Simmons - Parodiakis

Por cómo todos nos comportamos, desde que vimos el primero de los muñequitos hasta que se terminaron, me quedó claro que por muy lindos y cool que sean los muñecos de Kid Robot, no hay nada mejor que tener héroes locales a mano para adornar un escritorio. O héroes mundiales, pero héroes de verdad.

Pensé entonces en todas esas veces en que a México llegan campañas que se hacen en otros sitios de América Latina (por lo general, Argentina o Brasil), con actores o actrices de otros sitios, y con contexto de otros sitios, listas para ser adaptadas en un país diferente, con costumbres diferentes, un contexto diferente.

El dinero que la marca se ahorra enviando una versión regionalizada nunca podrá comprar la reacción genuina que uno siente ante la presencia de sus auténticos héroes, los cercanos que inspiran y los que inspiran desde cualquier sitio, nunca los intermedios. Y quizá en la reacción de compra a unos muñequitos de vinilo podría residir una buena explicación de por qué las campañas que se adaptan tal cual suelen no funcionar.

Mientras tanto, un grupo de muñequitos de vinilo comprados en un Oxxo de Saltillo se dispuso a ver “Where the wild things are”

Parodiakis viendo una película