El mundo de Lucía, el de Hernán y el tuyo

El otro día leí dos buenos artículos, uno de Hernán Casciari y casi al momento otro de Enrique Dans, que abordaban el mismo tema –las declaraciones de la escritora Lucía Etxeberría– pero cuyo mensaje creo que podría aplicarse perfectamente no sólo al mundo editorial, cultural y por supuesto al publicitario, sino también a muchas otras profesiones y sectores inmersos en dos realidades paralelas que conviven en un mismo momento: un viejo mundo y un nuevo mundo, como bien explica Hernán Casciari en su post:

El viejo mundo se basa en control, contrato, exclusividad, confidencialidad, traba, representación y dividendo. Todo lo que ocurra por fuera de sus estándares, es cultura ilegal.

El mundo nuevo se basa en confianza, generosidad, libertad de acción, creatividad, pasión y entrega. Todo lo que ocurra por fuera y por dentro de sus parámetros es bueno, en tanto la gente disfrute con la cultura, pagando o sin pagar.

Y creo que me quedaría corto y opinaría pobre si como he dicho, pensase que este criterio sólo es aplicable a prácticamente todas las profesiones y sectores de este siglo (o parte del anterior) porque sobre todo, creo que se puede extrapolar a todas las personas que formamos parte de ellos.

Sea el de la publicidad o sea cualquier otro sector, es fácil distinguir como mínimo cuatro tipos de perfiles vitales (con)viviendo en medio de esos dos mundos:

El primero, una generación de jóvenes viejos como bien definió una vez César García: creativos jóvenes con ideas de creativos “viejos”.

El segundo, su antítesis: una “tercera edad” nº 1 en tecnología (sirva de ejemplo mi madre, 63 años, con su smartphone, dos cuentas de Facebook, Google +, Skype  y por supuesto, Spotify. Os pondría los links a sus respectivos perfiles sociales, pero ella es de las que prefiere escoger a sus amigos ; )).

En medio, una generación de séniors jóvenes como la que creo que me está tocando vivir. Profesionales con una media de 6 ó 7 años en su sector pero nacidos profesionalmente con el Big Bang de este nuevo mundo y partícipes de él, y por eso mismo con una buena experiencia en nuestros respectivos campos.


En la foto vieja, un pequeño inmigrante digital con iPhone de serie.

Finalmente y en la otra punta, los verdaderos nativos digitales, esos que aprenden antes a utilizar un iPhone que a hablar.

Un mundo viejo y un mundo nuevo, ambos cambiantes y aparentemente antagónicos, pero con un denominador común: no se rigen tanto por los años físicos de sus habitantes como por la edad mental de los mismos.

Un viejo mundo donde prima la adaptabilidad versus un mundo nuevo donde creo que muy por encima de eso prevalecerá la capacidad de transformación que cada uno de nosotros tengamos y demostremos.

Un mundo de aptitud vs un mundo de actitud.
Darwin y su selección vs lo que tú decidas elegir.

El mundo de Lucía vs el mundo de Hernán y de Enrique.

O tu mundo, en donde en vez de pedirle muchas cosas al año nuevo igual podrías dárselo todo.
¿En cuál de estos mundos vives tú?

Feliz Navidad (o como diría LuisNaviralidad).