Abogados, enfermeros, creativos y Perogrullo

Vaso medio lleno

No es por ponerme nostálgico con el cambio de año, pero recordando los tiempos en los que lanzamos Enchingatown vino a mi mente la anécdota de un enfermero muy enfadado porque, según él, no había badges para poder expresar que él también estaba en Enchingatown en Urgencias.

“Claro,” pensé yo, “porque si tú estás Enchingatown, lo último que necesitarían tus pacientes es que estés haciendo check-ins en tu teléfono.”

Su respuesta fue un artilugio perfecto de cachetada pasivo-agresiva (más agresiva que pasiva): “No me parece justo, porque mi trabajo sí es importante. Si yo la cago, alguien muere. Tú eres publicista. Si la cagas, no le importa a nadie. Por eso debería haber badges para mí.”

Aún sangro por la herida varios años después, pero es algo sobre lo que me ha tocado recapacitar mucho (aunque sea una perogrullada), el privilegio de quienes nos dedicamos a algo que tenga que ver con la “creatividad” (en cualquier ámbito).

Si a ese enfermero se le murieran nueve de cada diez pacientes, nunca querrías saber nada de él ni del lugar donde trabaja.
Si un abogado perdiera nueve de cada diez casos, nunca lo contratarías.
En cambio alguien puede tener nueve malísimas ideas, incluso una décima y una undécima. No importa. Si encuentra una buena, nadie recuerda ninguna de las otras.

Dedicarse a algo que requiera “creatividad” implica poder vivir la vida en el mundo del vaso medio lleno, aunque lo lleno sean dos o tres simples gotas. Es más que suficiente.

O sea, que el coste de cada riesgo tomado es 0, porque si algo no funciona en realidad no muere nadie. O como dice muy sabiamente Luis Gaitán: “It’s bold or never”.

Privacidad, teatro con Wi-Fi

Privacidad México - programa de mano

Apagar tu teléfono (o silenciarlo al menos) es uno de los requisitos básicos de buenas maneras cada vez que uno acude al teatro. Ese día, en cambio, una voz solemne nos pedía que nos conectáramos a una de las redes inalámbricas disponibles durante la representación de la función.

Nadie dudó ni un segundo en hacerlo. Ya saben que hoy en día no importa si estamos al lado de un millón de dólares, del último Bitcoin disponible o de la aparición bíblica de algún Arcángel. Si hay un Wi-Fi al que conectarse elegimos conectarnos al Wi-Fi antes que hacer o prestarle atención a cualquier otra cosa.

Ese fue el primer detalle que me llamó la atención cuando hace un par de meses asistí a una de las representaciones de “Privacidad”, en el Teatro de los Insurgentes de la Ciudad de México.

La obra, que se estrenó primero en Londres, es una adaptación de varios textos escritos por Edward Snowden, allá por 2014, al respecto de cómo los gobiernos y grandes corporaciones vigilan y comercian con los datos que diariamente generamos mediante nuestros dispositivos conectados a Internet.

Privacidad México - público con selfie

Entretenida, algo densa en ocasiones, “Privacidad” es un magnífico vehículo para la reflexión al respecto de dónde van a parar y las consecuencias de cada una de las (aparentemente) inocentes interacciones que realizamos a diario: la selfie, un filtro de Snapchat, una búsqueda en Google, un correo a nuestro banco, etc.

Es ahí donde se activa una segunda capa de entretenimiento muy significativa: son tan relevantes las palabras recitadas sobre el escenario como la observación de las reacciones del público durante el transcurso de las mismas. Aunque somos conscientes desde el inicio de que estamos asistiendo a la representación de un texto relacionado con nuestros datos y su privacidad, nadie tiene ningún reparo en, por ejemplo, tomarse una selfie y enviarla a una dirección de correo que aparece en varias pantallas cuando el personaje de turno lo solicita. Porque… ¿qué hay de malo en tomarse una selfie cuando además tenemos un buen teléfono y sabemos tomarla y compartirla?
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Figo, Luis Enrique y las marcas referencia

Figo y Luis Enrique

Uno se acostumbra a que las cosas sean de determinada manera. Por ejemplo, si eres aficionado al fútbol (seas del equipo que seas) sabes que Messi juega en el F. C. Barcelona y Cristiano Ronaldo en el Real Madrid. Los aficionados de ambos equipos aceptan las virtudes y defectos de cada uno de ellos porque los reconocen como los “suyos”, pensando que la pasión de los ídolos por los colores del club que representan es tanta como la de ellos.

A veces es así. Pero a veces, no. Y entonces resulta que un día te encuentras a un jugador del que era tu equipo vistiendo la camiseta del equipo rival (me vienen a la mente Figo o Laudrup jugando en el Real Madrid o Luis Enrique en el Barça), y eso tu cerebro de aficionado no lo puede procesar. Tantos años cultivando un afecto, para que de buenas a primeras el objeto de tanto afecto termine en el lugar por el que menos afecto puedes llegar a sentir. Uno siempre necesita un punto de partida a partir del cual expresar o construir su identidad. Y si te lo quitan zozobras. O enloqueces.

Yo siento que eso mismo pasa a veces en publicidad. Que uno construye una suerte de posturas u opiniones de cómo deben ser las cosas en base a una serie de circunstancias que uno considera “icónicas”, y de repente, por designios divinos (o no tan divinos), todo ese escenario zozobra y se derrumba, dejándonos descolocados.

Me venía esto a la mente al leer este texto sobre Fernando Machado, uno de los nuevos responsables de la comunicación global de Burger King.

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Historias de horror cómico de la publicidad

El horror

Así como muchas otras, la profesión de publicista también cuenta con sus propias historias de horror. Lo bueno es que el paso de los años (por lo general) convierte dichos relatos de horror en relatos absolutamente hilarantes.

Si no me creen, dejen de lado lo que están haciendo y lean estas dos historias:
la de la clienta japonesa de Luis Elizalde (VP Creativo de Saatchi&Saatchi México) que tenía una petición
la de cuando Mateo Montes de Oca (Director de Cuentas en JWT México) se convirtió en un meme

Otro día les cuento una mía.

New kid on the blog: Luis Gaitán

Sucede una cosa curiosa cada vez que Luis y yo nos juntamos: siendo él un mexicano que lleva muchos años en Francia y España y yo un español que lleva muchos años en México, ni él habla ya correctamente mexicano ni yo hablo ya correctamente el castellano que se habla en España. Somos un par de “Lost in Translation”, por así decirlo.

Aparte de eso, y como buen integrante de una agencia como DoubleYou (de cuya aventura mexicana es el responsable), nos parecía que sus pensamientos y palabras tienen mucha relación con aquellos temas que aquí solemos tratar, así que nos pareció que Diciembre era un momento estupendo para que se sumara a las filas de los Gorditos y Bonitos.

Bienvenue à bord, Don Luis 🙂

2011 y un libro por semana, capítulo 3

El tercero de los libros del propósito de leer un libro por semana en 2011 me lo encontré en el Fondo de Cultura Económica de Monterrey, mientras buscaba libretas Moleskine (debe ser uno de los pocos lugares en la ciudad donde las venden):

Portada de "Tango, discusión y clave"

Tango, discusión y clave
(Ernesto Sábato)
Losada
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Un ensayo breve escrito a modo de misiva de Sábato a Borges, que retrata el Tango a partir de la definición de Enrique Santos Discépolo, “un pensamiento triste que se baila”, recorriendo a partir de ahí el nacimiento del género o la etimología de su nombre hasta llegar al clásico Gardel y el apogeo del género en Europa, pasando por un pequeño análisis de los personajes y contextos definitorios del mismo, el mundo del compadrito y el lunfardo, así como la evolución musical basada en el mestizaje o la llegada del bandoneón como ingrediente final para la definición de su sonido.

Un recorrido entretenido pero denso, debido a la gran cantidad de términos provenientes del lunfardo que utiliza. Afortunadamente, el libro concluye con un glosario de las principales voces de esa jerga, para sentirse un poco menos perdido.