Publicidad y Creatividad

Pulsando botón del ratón

Estos días en que estoy votando las piezas enviadas a un festival de publicidad me asalta un pensamiento: las piezas que se enviaban hace 5 ó 10 años a este mismo certamen eran más brillantes, más valientes. Entiendo que los festivales son, antes que nada, un negocio, y ello requiere que mucha gente envíe sus materiales, de los cuales probablemente un 80% sean terribles, pero hasta las mejores piezas de éste que estoy votando palidecen ante cosas hechas hace algún tiempo. Me pregunto si no estaría bien que los festivales de publicidad desaparecieran durante uno o dos años, para que las agencias y las marcas pudieran hacer una especie de detox al respecto de cómo y por qué trabajan de esa manera, les interesen los premios o no.

Pienso entonces en un artículo que enlazaba hace unos días Jorge Camacho sobre el futuro de la publicidad, de esos en los que alguien te arregla la vida en 5 puntos sin hacerse primero la pregunta más importante: antes de preguntarse cuál es el futuro de la publicidad, primero hay que preguntarse si la publicidad tiene futuro, o si tiene sentido que lo tenga.

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Pitches, agencias de publicidad y lanzamientos de 3 puntos

Trevor Ariza - Houston Rockets

Lanzamientos de 3 puntos
No sé si lo saben, porque igual no son aficionados, pero este año en la NBA (la liga profesional de baloncesto de Estados Unidos) hay un equipo que está batiendo todos los récords de lanzamientos de 3 puntos intentados (y anotados): los Houston Rockets.

Esto, que parece un contrasentido contra el “buen” baloncesto, resulta que tiene todo el sentido del mundo cuando tienes un equipo que es muy efectivo lanzando desde esa distancia, lo que ocasiona que la táctica para ganar sea el intentar cuantos más lanzamientos mejor, ya que sabes que, si lanzas mucho con ese porcentaje de acierto, al final acabarás compensando (o superando) lo que consiga el otro equipo, que se supone juega una versión más “convencional” del deporte y lanza más veces desde cerca (2 puntos) que desde lejos (3 puntos).

En este contexto, lo raro no es lanzar X número de veces desde la línea de 3 puntos, sino el no hacerlo mucho, mucho, mucho más, cuantas más, mejor.

Pueden leer sobre este “hackeo” a la ortodoxia de lo que es “jugar al baloncesto” en cualquiera de estos textos, que describen a estos Houston Rockets como la versión en esteroides del plan que durante los dos o tres últimos años llevaron a cabo los Golden State Warriors (campeones en 2015, subcampeones en 2016):
The Houston Rockets’ Great Three-Point Experiment
Rockets set trio of NBA single-game 3-point records
The Rockets shoot very deep 3-pointers on purpose. Here’s why
Rockets set NBA record with 50 three-point attempts in win against Kings
Houston Rockets Daily Rockets Science – Three Point Prowess
The Golden State Warriors Have Revolutionized Basketball
How the Warriors’ 3-point prowess broke basketball

Mad Men - Carrusel

Los clientes de las agencias de publicidad
Después de esfuerzos denodados y muchas noches sin dormir, llega el tan esperado día de la presentación del pitch (concurso), para el que alguna marca ha invitado a varias agencias de publicidad. De entre todas ellas, y por motivos que por lo general no tienen nada que ver con la calidad de las ideas creativas presentadas, una resulta la ganadora. Alegría. Alborozo. Y también el principio del fin.

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¿Tendencias? de publicidad

Don Draper confundido

Es confuso y puede que sólo sea una impresión mía, pero lo que uno se topa últimamente en cuanto a la comunicación de marcas es:

Compañías de bienes y servicios de consumo:
· Spots (para mostrarse en televisión o en plataformas online como contenido de vídeo)
· Ads en Facebook y/o Google
FIN

Compañías tecnológicas:
· Spots en televisión
· Out Of Home
· Radio (en ciudades grandes)
· Su plataforma como interfaz
· E-mail
FIN

(Casi) no sitios web, no banners rich-media, (casi) no campañas integradas, no nada. Nadie prueba nada fuera de los lugares que (más o menos) les garanticen una cierta seguridad en los resultados.
Una suerte de back to basics masivo.

Así está el tema.
Así que si tienen o trabajan en una agencia, recluten en consecuencia…

Las marcas Medici

Familia Medici

Cuando uno habla de la oportunidad de las marcas de mejorar el mundo o construir el futuro (di una charla en un TEDx hace ya seis años sobre ese tema) probablemente se nos olvidó especificar que todo empezaba por que las marcas hicieran mejores productos para el mundo, no por poner a sus agencias a hacer múltiples campañas de marketing diciendo que en tal o cual marca hay ahora una intención de responsabilidad social: sólo con la intención no basta (este artículo lo explica muy bien, el futuro del branding puede ser el debranding).

Cada año, los festivales de publicidad se llenan de esos vídeos caso-de-estudio de dos minutos donde multitud de marcas dicen que hicieron tal o cual cosa para el mundo, aparte de vender. O eso dicen esos vídeos caso-de-estudio. El problema es que muchas veces las marcas (y sus agencias) piensan que el futuro se construye creando “productos” para los usuarios, aunque luego se les olvida lo más básico: alimentar esos productos para que sean productos de verdad y no lo que son en realidad: una suerte de PR con esteroides. Porque la clave nunca está en el app o producto, sino sobre las relaciones que se generan entre los usuarios gracias a él.

Sin embargo, sí hay una forma en que las marcas están ayudando a construir el futuro: pagándole ingentes cantidades de dinero en publicidad a las compañías dueñas del interfaz (Google, Facebook, Twitter o Snapchat, por ejemplo) para intentar tener algo de visibilidad en un mundo donde las personas cada vez tienen más y más opciones a la hora de elegir qué ver a continuación.

Y con esos ingresos por publicidad, estas compañías están construyendo gran parte del futuro en el que vamos a vivir en los próximos años, desde lo que sucede en tu navegador de Internet hasta cómo te vas a relacionar con la Inteligencia Artificial en el dispositivo correspondiente o en tu tienda favorita.

O sea, que las marcas sí están financiando la construcción del futuro, pero el crédito se lo están llevando otros. Marcas Medici que no quieren serlo. Ah, la ironía.

Y tu marca, ¿qué quiere ser de mayor?

De mayor quiero ser...

A muchas marcas, cuando les preguntas por el futuro, te hablan de los resultados que esperan obtener en el próximo trimestre, del próximo producto que van a lanzar o de cómo piensan diferenciarse de la competencia. Porque, ya saben, la competencia viene “pisando fuerte”.

Ninguna decide dar un salto en el tiempo y verse, por ejemplo, en 2026, y así poder hacerse preguntas para averiguar si a lo que se dedicarán entonces será lo mismo a lo que se dedican ahora. O si tan siquiera seguirán existiendo.

Para las marcas, como decía Gustavo Cerati, “siempre es hoy”.

Contrastan con ese niño que desde pequeño quiere (y se empeña en) ser futbolista o esa adolescente que quiere (y se empeña en) ser estrella de rock. Y, es entonces, con ese objetivo concreto en mente (su “yo” del futuro) cuando se construyen los peldaños hacia atrás para poder llegar a subir algún día esa escalera. A veces se logra, a veces no, pero al menos (guiados por ese propósito) lo intentan.

A los que no tienen el propósito tan claro, tratamos de ayudarles a encontrarlo con esa pregunta tan tonta que hacemos a veces los adultos: Y tú, ¿qué quieres ser de mayor?

Es una pregunta muy tonta, digo, porque a esa edad muy poca gente puede tener la claridad de saber qué quieren ser dentro de diez o veinte años. Y agréguenle a ello ese factor por el que la vida siempre se ríe de los planes que le contamos.

Pero, sea como sea, sirve para ilustrar cómo funcionamos en otros órdenes de la vida. Nos fijamos un objetivo a medio-largo plazo y entonces tomamos las acciones o medidas pertinentes para intentar maximizar las oportunidades de alcanzarlo.

Y es de ahí de donde surge mi inquietud: la misma persona que le pregunta a su hijo qué quiere ser de mayor sólo se preocupa por los tres-seis-nueve siguientes meses de la compañía para la que trabaja.

Nadie le pregunta a las marcas qué quieren ser cuando sean mayores.
E igual es esa una pregunta que debieran comenzar a plantearse.

La narrativa del problema

Laberinto

Me pasó recientemente.
Los técnicos de la compañía responsable de instalar el servicio de Internet en mi casa llegaron y anduvieron trasteando un rato con el módem y los cables, antes de marcharse sin terminar la instalación por no-sé-qué problema con el abastecimiento del servicio en el edificio donde vivo. Regresaron al día siguiente con la (probable) solución, pero no funcionó. Se volvieron a marchar. Y a partir de entonces entré en una especie de bucle donde yo tenía que llamar al Servicio a Cliente de la compañía, contarles el status de mi instalación y agendar una nueva cita para que los técnicos volvieran a visitarme.

Esta rutina, digna de Día de la Marmota se repitió durante ocho días (laborales) consecutivos. “Hoy sí… ah, no, perdón”. Y cada uno de los días me daban una explicación distinta del motivo concreto por el que mi conexión a Internet tampoco quedaría instalada en ese momento.

Pasa al instalar un servicio de Internet en un domicilio. Pero también pasa cuando un banco te desaparece dinero que tienes en tu cuenta o te causa problemas con tus tarjetas de crédito sin tener aparentemente un motivo. O cuando una aerolínea retrasa un vuelo o te pierde las maletas.

En esos momentos, en que como usuario te sientes a la deriva sin saber muy bien qué hacer, todas estas compañías entran en un modo que podríamos denominar (props a Gonzalo Alonso) “la narrativa del problema”.

“La narrativa del problema” es ese bucle que se genera en el espacio-tiempo en el que, ante un problema con un servicio o producto de una marca, ésta dedica todo el tiempo a explicarte por qué se produjo el problema, en vez de informarte debidamente de los pasos a seguir para solucionarlo.

Esta “narrativa” se agrava, además, porque cada vez que contactas con alguien de la marca para saber el estado de tu reclamación te toca hablar con un nuevo interlocutor, que en muchos casos desconoce los detalles del problema que ya le contaste al interlocutor anterior. Así que re-narras lo sucedido para que ese nuevo interlocutor se entere, lo cual te hace revivir el problema y volver a enfadarte por lo sucedido, por tercera, cuarta o décima vez. Cuánta bilis.

Un usuario (pasada la rabia y confusión del momento) puede llegar a entender que estas cosas pasan. Porque shit happens, porque todos cometemos errores, etc. Pero también espera que, una vez “reportado” uno de estos problemas, todos los implicados entren en “modo solución” en vez de en “modo excusa”.

A veces pareciera que “la narrativa del problema” es una actitud voluntaria de las marcas para intentar cansar a sus usuarios, hasta que se den por vencidos y dejen de reclamar. Hay que ser muy tenaz y fuerte de voluntad y espíritu para llegar hasta el fondo del problema en que te metió esa marca, y encontrar así la solución al mismo.

Yo, sin embargo, creo que la gran mayoría de las marcas no activan su “narrativa del problema” por mala fe, sino simplemente por incapacidad, estupidez y falta de empatía. Factores meramente humanos, porque ya saben que las marcas piensan desde la oferta en vez de desde la demanda.

Sea como sea, esta “narrativa” es una gran contradicción para esas marcas que luego se preocupan por conseguir Likes en sus redes sociales o buscan maximizar sus métricas al lanzar una nueva campaña. No hay presupuesto de publicidad o marketing que pueda contrarrestar los devastadores efectos que causa “la narrativa del problema”.

Las marcas como interfaz

Dedo e interfaz

Los más asiduos de este blog recordarán este antiguo post donde una imagen pedía a los usuarios que dieran cabezazos al teclado.
Durante mucho tiempo usé ese ejemplo en mis conferencias, porque más allá de lo (aparentemente) estúpido de la petición, lo interesante era que la imagen no era un contenido que compartir, sino una “herramienta” que pedía a los usuarios hacer algo. Y de entre todas las interacciones (dejar comentarios) de los mismos se generaba una divertida dinámica donde todos esos usuarios estaban creando una historia a medida que los cabezazos al teclado se sucedían, comentando unos las interacciones de los otros.

Sirve como ejemplo para, seis años después, explicar por dónde pudiera transitar el futuro publicitario de muchas marcas. Durante años escuchamos una y otra vez “el contenido es el rey”, pero los hechos parecieran demostrar lo contrario.

Las marcas siguen gastando ingentes cantidades de dinero en crear contenidos con los que poblar todas sus posesiones en redes sociales, pero de alguna manera todas ellas siguen rehenes de quien sirve a los usuarios todos esos contenidos: empresas de tecnología.

Porque hoy, las empresas a las que mejor les va en aquello de la publicidad son empresas de tecnología, especialmente Google, Facebook y (quizá) Snapchat. Y lo consiguen proporcionando a los usuarios, no un contenido, sino una interfaz en la que a veces consumir, pero sobre todo en la que poder interactuar con la interfaz y con otros usuarios para poder crear sus propias historias.

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Marcas que se aburren

Esperando en el aeropuerto

No hay mucho que hacer cuando tu viaje te obliga a realizar una escala en un aeropuerto. Puedes comer algo, comprar souvenirs, mirar vídeos en tu teléfono si tienes un buen plan de datos, leer un rato o, si tienes un poco de autocontrol para no perder tu siguiente vuelo, permitirte el dormir unos minutos (generalmente en una postura poco recomendable).
Sí, hacer una escala es aburrido, y a veces he pensado si ese tiempo de espera que pasamos no será un tiempo que nos otorgan (y que no aprovechamos) la vida o la Divina Providencia, para poder realizar todo aquello para lo cual no tenemos tiempo en nuestra vida diaria. Ya saben, terminar de escribir un libro, retomar el contacto con la familia o viejos amigos, ponernos en forma, etc.

Pero bueno, retomando, hacer una escala es aburrido, y ya saben que la necesidad agudiza el ingenio. Como el de las chicas de este equipo de natación que, aburridas por su espera, decidieron utilizar las cintas para transportar pasajeros del aeropuerto (¿alguien sabe cómo se llaman esas cintas?) para grabar este vídeo:

When a swimming team is bored at an airport……wait for the bike!CREDIT: Kelsi Worrell/Facebook

Posted by Hope 103.2 on Friday, November 20, 2015

A veces es necesario aburrirse para luego poder crear algo interesante.

Y me pregunto entonces, como ejercicio, si las marcas se dan tiempo o no a aburrirse. A mí me parece que no, que viviendo en ese continuo frenesí del -por ejemplo- “chicos, salió una nueva plataforma”, “¿cómo van mis likes?” o “¿cuánto venderemos en este próximo Q?” las marcas acaban tan sobreestimuladas como un niño de 3 años al que le prestas un iPad. Y esa necesidad de “hacer engage” a toda costa TODOS los días las vuelve muy, muy aburridas.

Y como no es lo mismo ser aburrido que aburrirse, quizá necesitaríamos que las marcas se permitieran aburrirse un poco, para así poder crear cosas interesantes en las que entonces nosotros, usuarios, sí podríamos estar interesados. Como hicieron las chicas de ese equipo de natación en el aeropuerto.

Más marcas que se aburren para no ser tan aburridas.
Eso nos vendría bien.

Los nuevos medios y 2015

Como las tarifas de Uber están hoy por las nubes, decido pedir un ride en Lyft para poder llegar a la oficina. Y me sale esto:

Bieber y Lyft

Si me compro el disco acabo recibiendo dinero para otros viajes que pueda hacer con el mismo servicio. Porque estamos en 2015, claro. Mientras tanto, muchas de sus marcas favoritas aún suelen preguntarse qué van a hacer en Twitter y Facebook en la semana entrante para conseguir likes y followers.

Metáforas en Bogotá

Carteles de Bogotá

Hace un par de semanas fui y regresé a Bogotá para impartir una conferencia. De regreso al hotel, ya en la noche de lo que había sido otro lluvioso día, me topé con la imagen que abre este post. Me quedé atónito, sobre todo porque unas horas antes había pasado por el mismo lugar y aún estaban pegando los nuevos carteles de un nuevo programa de MTV, y tomé una fotografía pensando en lo fugaz de la vida de uno de estos anuncios sobre los que rápidamente se pegan otros nuevos todos los días.

De vuelta a la imagen, al principio pensé en algún tipo de vándalo que odiaba la publicidad, al punto de derribar todos los posters de una pared. Pero rápidamente me desmintieron:

“- Es la lluvia. Hay tantos posters pegados que cuando llueve como llovió hoy, toda la pared se derrumba.”

Y me pareció una muy bonita metáfora del ruido de todas las marcas gritando al que estamos expuestos diariamente. Y la ciudad defendiéndose (y defendiéndonos) contra ello.