Futuros de la memoria

Borrado binario

Tool es una de mis bandas favoritas. Y el disco duro donde tengo todos sus discos, junto con otros 250 GB de música, ya no funciona. Una tragedia personal.

Pero nada comparado con la noticia hace un mes de que Soundcloud podría cerrar en los próximos 80 días. ¿Dónde iría a parar toda la música y material sonoro que artistas de todo el planeta decidieron compartir directamente con los usuarios sin pasar por una discográfica? (haz click para leer un par de buenos enlaces al respecto)

Al borde del desastre, de similar calado al de la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, una milagrosa intervención en forma de ronda de inversión salvó el futuro de Soundcloud, al menos por unos años más.

Pero el olor a pólvora y la certeza de que ni siquiera los bits son para siempre (porque dependen del hardware que los almacena) trae buenas preguntas. Por ejemplo, ¿cuántas veces guardan nuestros datos aquellos que guardan nuestros datos? ¿Qué pasará cuando lo que se guarden sean recuerdos en vez de canciones y podcasts? ¿Existirá el Alzheimer de datos en 2045?

Las pruebas del Festival Ultra

Ultra Music Festival 2016 - Escenario principal

De noche, la luz entra por las ventanas haciéndonos creer que vivimos dentro de uno de los billboards de la película “Blade Runner”. Y es que ya me lo advirtieron/anunciaron cuando me mudé al apartamento en el que ahora vivo:

En Marzo se celebra el Festival Ultra, en el parque que está justo enfrente del edificio.

Nunca había transitado mucho por esa zona de Miami, así que la noticia no me pareció ni buena ni mala, simplemente no la registré. Hasta que hace unas semanas cerraron dicho parque para comenzar los preparativos del Festival e instalar los siete escenarios por los que, dentro de un par de horas, van a empezar a pasar muchos de los grandes nombres del mundo de la música electrónica.

Y más allá de las complicaciones logísticas por el tráfico que se va a originar en una zona transitada por más de noventa mil personas, me llamó la atención (desde mi ventana) el proceso de montaje de cada uno de los escenarios. Porque, aunque el festival empieza hoy (18 de Marzo), el escenario principal está listo desde el pasado domingo 13. Todo lo que han hecho desde entonces (aparte de pulir detalles, imagino) ha sido probar el audio y las luces que lo acompañan. Todo el día, todos los días, sin interrupción:


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Shazam del conference call

Llevo dos meses inmerso en un proyecto cuyos procesos son larguíiiiiisimos, y gracias al cual he aprendido muchas cosas que en breve vendré a contar aquí. Entre otras, que Shazam arroja resultados si lo utilizas cuando suena la música de espera del teléfono mientras esperas a que comience un conference call:

Shazam al conference call

No tan divertido como el famoso ejemplo de la licuadora y Skrillex, eso sí:

Skrillex + Blender

De Shazam a playlist

Ya era hora de que Shazam lanzara una característica como ésta. Y es que, si en la aplicación están “taggeadas” todas las canciones que uno encuentra por aquí o por allá, qué coñazo tener que ir buscándolas individualmente en Spotify (o tu servicio de música en línea favorito) para agregarlas a un playlist en el que poder tenerlas todas.

¿No era muy obvio el que debiera haber una opción que permitiera convertir la lista de canciones “taggeadas” en un playlist? Y eso fue lo que anunciaron ayer:

Playlist en Shazam

Aunque sea con Rdio en vez de con Spotify. Pero bueno, ¡ya era hora!

Because The Night

Como ya os contaba estos días, hasta la semana pasada estuve, por fuerza mayor, prácticamente desconectado de la Red. Por eso cuando volví a tener Internet y pude entrar en mi Facebook, me sorprendió ver mi muro inundado de publicaciones de amigos que compartían muy emocionados esto:

“Uno de los mejores violinistas del mundo, ignorado en el metro en hora punta”.

Al verlo me dio qué pensar. Por una parte, siempre me resulta fascinante el cómo un algo conecta con muchos al mismo tiempo y cómo esto se replica y se comparte hasta contagiar rápidamente a toda una red social. Sin embargo, me parece todavía más interesante el intentar comprender cómo funciona este fenómeno. Pongamos por ejemplo el mencionado caso, protagonizado por Joshua Bell, el famoso violinista famoso para todos menos para mí, que no lo conocía. Perdón por mi incultura.

Lo curioso de este hecho que la semana pasada estaba de “rabiosa actualidad” en Facebook, es que ese algo sucedió hace ya cuatro años pero que, aunque en su momento salió tímidamente publicado en algún que otro medio, parece que es ahora (no sé sabe muy bien por qué) cuando alguien (no se sabe muy bien quién) le dio la importancia que no tuvo en el momento en que sucedió (sí se sabe que fue hace 4 años). Aquí cabría preguntarse si acaso es más relevante este hecho cuatro años después que cuatro años antes. Es decir, ¿se supone que es más importante ahora que cuando sucedió? ¿Sí? ¿No? ¿Por qué?

Como diría el amigo Pablo M. Sánchez, sin duda algún Influencer tuvo que ver en ello.

También me resulta curioso que si lo que se critica en este caso es la indiferencia de la gente ante un momento de virtuosismo que te pasa por delante y del que tú pasas olímpicamente, me parece que es de una actitud muy indiferente el dejar pasar cuatro años para que te des cuenta de ello.

Me resulta muy interesante también el intentar comprender cómo y por qué dos cosas prácticamente iguales tienen tan distinto efecto. Y me refiero a que por la misma época en la que sucedía lo de Joshua Belle en el Subway de Washington, en el metro de Bilbao pasaba esto.

“Nacho Campillo ignorado en el metro en hora punta”.

Viendo ambos hechos me llama sobre todo la atención qué es lo que llama la atención de estos hechos. Pongamos por ejemplo que la noticia fuese:

“Uno de los mejores violinistas del mundo, ignorado en el metro en hora punta”.

Seamos sinceros. ¿Tan sorprendente resulta que en hora punta y llegando tarde al trabajo, nadie se pare a escuchar a un artista por bueno que éste sea? Sin entrar en valoraciones de si eso está bien o mal, la verdad es que no me parece que sea tan raro, más bien todo lo contrario, así que no le veo la parte sorprendente sobre todo porque seamos sinceros, ¿cuántos de vosotros sabía quién era Joshua Bell? Y ¿cuántos de vosotros le reconoceríais a él o a Nacho Campillo en plena hora punta del metro?

Porque si la relevancia de dicho experimento es poner a un reconocido músico del panorama musical a tocar en el metro para “estudiar” la reacción de la gente y comprobar el grado de “indiferencia”, me pregunto por qué no ponen a tocar a alguien del tipo Bruce Springsteen.

Os aseguro que el resultado muy probablemente concluiría con otro sentimiento muy distinto a la indiferencia. Y sí, puede que este experimento con Bruce S. fuese también bastante previsible y sesgado, pero no más que el de Joshua y Nacho. Eso sí, con toda seguridad, o al menos para mí, sería mucho más memorable.

De hecho, ya se hizo, aunque sin pretenderlo. Fue allá por 1988 y el resultado, brutal, fue éste:

“Bruce Springsteen no ingorado en plena hora punta”.

La parte bonita de esta maravillosa historia cuenta que este busker (músico callejero in English) fanático de Bruce Springsteen, vio su sueño hecho realidad al tocar junto a su idolo, Bruce Springsteen, que pasaba por allí y al verle tocar sus canciones, decidió unírsele para tocar con él. La parte menos bonita de la historia es que el busker murió al año siguiente de cumplir su sueño.

No sé vosotros pero a mí un caso como éste sí que no me deja indiferente.

Que por qué, Because The Night. ;  )

Feliz Navid… Año Nuevo by Laüshelw & Pharwkerj

Álvaro y José trabajan en DoubleYou Barcelona y tienen un gorila. Los tres juntos decidieron felicitar las Navid… Año Nuevo de esta forma:


(gracias a Beatriz por el enlace)

Que nunca se pierda la tradición de felicitar las fiestas mediante animalitos de movimientos mecánicos.

Los códigos y mi pereza

Desde hace ya algún tiempo se encuentra uno con estas tarjetitas cada vez que llega a pagar a la caja de algún Starbucks (parece que voy mucho últimamente).

En principio la idea tiene toda la lógica del mundo, obtener una canción gratis a cambio de una visita al establecimiento (generalmente acompañada de una consumición), pero lo cierto es que nunca en la vida me ha dado por acudir a iTunes (en mi portátil o en el teléfono) e introducir el código que trae cada tarjeta en su parte posterior. Quizá podrían resultar útiles si en vez de un código trajeran un QR-Code que pudiera fotografiar para descargar la canción directamente. O que al menos cada tarjeta resultara un objeto de colección con una estética que tuviera un acabado algo más especial, uno que hiciera merecer la pena guardarla como quien guarda un cromo de los que se coleccionan, para que quizá descargar la canción fuera lo de menos.

Pero no, nada de eso, y la verdad es que a mí toda la logística para conseguir cada una de esas canciones me da demasiada pereza, sobre todo porque tardo mucho menos en abrir mi cuenta de Spotify y buscar allí ese tema sin necesidad de introducir ningún código ni descargar nada de nada. Quizá en esta época, en que la música es tan accesible que ya ni el formato importa, este tipo de tarjetas y acuerdos deberían realizarse para ofrecerle a la gente algo que no puedan conseguir en ningún otro lugar, para darle algún valor al objeto del regalo. Como cuando conectarte al Wi-Fi de un Starbucks en Estados Unidos te permite acceder, vía iTunes, a la estación que emite la música que ambienta cada uno de los establecimientos. Ahí sí, pídanme cuantos códigos quieran. Pero por una canción que puedo conseguir en cualquier otro sitio… pues como que no.

Nuevos virus para esta época

Si hacen una recopilación de los virus informáticos con los que se hayan topado en su vida, probablemente tengan todos que ver con algún tipo de procedimiento mecanizado que perjudique al ordenador en el que habitualmente trabajan. Pero ahora, en esta época social, hacen falta nuevos tipos de virus. Me explico, un virus que formatea tu disco duro es molesto, pero demasiado “old-fashioned”. Uno que acceda a toda tu lista de contactos y se ponga a enviarles mails como locos (¿recuerdan el “I love you”?) ya tienen un poco más de cercanía con 2011, por aquello de no molestar en solitario sino colectivamente. Quizá sean este tipo de virus los antecesor de otros más actuales, como los que generan el spam que llega por mensaje directo a la cuenta que uno pueda tener en Twitter, de los que se pueden ver en la imagen que abre este post.

Pero esos se arreglan con un buen antivirus (actualizado) o cambiando la contraseña de acceso a cualquiera de nuestras cuentas en la plataforma social correspondiente, de modo que aún no hay ningún virus que pueda dejarnos secuelas físicas reales irreversibles (más allá de la preocupación puntual por tener tu máquina infectada).

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2011 y un libro por semana, capítulo 14

El siguiente libro de la lista de mi propósito de leer un libro por semana en 2011 es:

I’m with the Band: Confessions of a Groupie
(Pam Des Barres)
Chicago Review Press
+ enlace en Amazon

Probablemente el personaje de Kate Hudson en “Almost Famous” esté basado en las andanzas de la autora de este libro.

Los Beatles, Don Johnson, Frank Zappa o Jimmy Page son algunos de los personajes que aparecen en la historia, en la que se relata no sólo las aventuras sexuales de una fan de la música sino el transcurrir de vida de varias generaciones.

Señores de edad que bailan como si estuvieran en un rave

“Señoras que” es probablemente uno de los memes más famosos del Internet de habla hispana. Quizá entonces este post debiera llamarse “Señoras cuyos maridos son señores de edad que bailan como si estuvieran en un rave”, por ejemplo. Vía el blog de Iain descubro este vídeo:

Con especial deleite, uno se topa, además del baile (si quieren más vídeos del tal Hasan Baba, click aquí), con la imagen de los dos televisores y con el movimiento rítmico del niño en su sillita (a la izquierda) en los momentos 0:20 y 0:39. Unos días después, Hugo me envía este otro vídeo indescriptible de principio a fin:

Quizá haya que replantear cómo se aproximan algunas campañas de publicidad a los niños, y empezar a instar a estos no a que hagan cosas, sino a que nos compartan los bailes “raver” que puedan estar haciendo sus abuelos…