GràciesBarcelona!

(Reproduzco aquí también mi post escrito para lasblogenpunto, la bitácora del gran Juan Boronat Martín)

De biennacido es ser agradecido.

Imagino que como muchos de vosotros, esta frase mítica y por eso mismo elevada a la categoría de cliché, la escuché de pequeño (y no tan pequeño) repetidas veces de boca de mis padres.

Y empiezo con esta frase porque es justo GràciesBarcelona! (mi última “campaña” si es que se le puede llamar así a algo tan personal) el único de mis trabajos que mis padres han entendido ya no a la primera, que también, sino que han entendido.

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O me hacen sentirme especial o no me manden nada

Me siento como el día en que me dieron cierto astronómico e impersonal número de usuario para usar un taxi en Monterrey. Pero bueno, comienzo por el principio, que es ver lo felices que son los protagonistas de este maravilloso spot cuando terminan de hornear el pan 1000001:

Luego me llega este mail, donde me dicen que soy un “early-adopter” cool y trend-setter por haber sido el usuario 30512 en suscribirse al servicio BranchOut:

Pero yo qué quieren que les diga, aunque el servicio tenga ya más de un millón de usuarios es deprimente ser el usuario 30512. Si me hubieran dicho que estaba entre los mil primeros, por ejemplo… o que me hubieran mentido a mí y a todos y nos hubieran enviado un mail que dijera que éramos el usuario 100. Pero no, soy el 30512, ni mucho ni poco, ni fú ni fá, nada que presumir. O sea, que un correo que quería hacerme sentir especial me deja en realidad en crisis existencial.

¿Cómo se sentirá el pan 1000001?

2011 y un libro por semana, capítulo 10

Continuando con mi propósito de leer un libro por semana en 2011, el siguiente de la lista es:

The Numerati
(Stephen Baker)
Mariner Books
+ enlace en Amazon

Relatado desde un punto de vista más periodístico que tecnológico, este libro expone la forma en la que trabajan los “Numerati”, denominación del autor para los matemáticos y personas encargadas en múltiples empresas, corporaciones y ramas de negocio, de construir modelos de datos, a partir de los cuales poder prever enfermedades u ofrecer una oferta publicitaria más personalizada para el resto de nosotros, los usuarios anónimos cuyos datos y pautas de conducta están cada vez más al descubierto gracias a la forma en la que usamos los medios digitales (teléfonos, redes sociales, etc.).

Facebook no es una isla, es una orilla

Gente en la orilla

A veces me encuentro con la pregunta de cómo hago para leer todo lo que escriben las casi seis mil personas a las que sigo desde mi cuenta de Twitter. No puedo, nadie puede, y lo que yo hago es esto. Otra opción es hacer listas, temáticas, y agrupar ahí a las personas que consideres que pueden aportarte algo sobre cada tema concreto. Y ya, el resto (creo) es demasiada información como para que una sola persona pueda procesarla.

En Facebook es distinto, porque la información tiene más recorrido, no posee tanto factor de “tiempo-real” como la de Twitter, así que uno puede pasarse un rato haciendo scroll al feed de noticias generadas por los amigos, para ver si hay algo rescatable y de valor. Pero igualmente surge otra pregunta relativa al “número de amigos”, la de ¿cuánto es mucho?

Dejando de lado (además) el ponernos exquisitos con el “¿son realmente amigos tus contactos de Facebook?”, la pregunta que surge siempre es la de ¿es posible tener casi tres mil “amigos” (es mi caso ahora) en Facebook con los que mantener contacto diario?

Y creo que es obvio que no, no hay minutos en el día. Pero eso si miras tu cuenta como un lugar concreto, como una isla donde están tus tres mil “amigos”. Porque hay otra opción, la de ver tu cuenta como la orilla de un río por el que uno circula en una balsa. Y en la orilla están los tres mil “amigos”, colocados en el orden temporal en el que los agregaste como contactos. Eso me pasa a menudo cada vez que agrego nuevas personas a mi cuenta; tiempo después sigo en contacto con algunos de ellos (corren por la orilla a la par que mi balsa, o tienen su propia balsa, incluidos los que aparecen y desaparecen cada cierto tiempo) y con otros no tengo ya más contacto en absoluto (los veo al pasar y ellos a mí, como un fan del ciclismo ve pasar a los corredores en el Tour de Francia). Así que, como mucho, interactúo con cuarenta o cincuenta diariamente, que es lo máximo que la velocidad de mi balsa me permite.

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