Teléfono desactivado por muerte natural

Mi iPhone ha entrado en esa espiral en la cual comienza a comportarse de modo extraño, ya saben, apagarse cuando aún tiene 50% de pila, reiniciarse cuando abro determinadas aplicaciones, tardar una vida en descargar sus fotografías, etc.

Y esto, que no pasaría de ser una simple anécdota-recomendación para no tener tantas aplicaciones instaladas o fotografías almacenadas, se vuelve trágico cuando sabes que este funcionamiento tiene quizá algo que ver con el concepto de la obsolescencia programada y los cada vez mayores requerimientos que Apple exige de los teléfonos que usamos (problema que se soluciona mágicamente cuando compras el último modelo).

Una de las películas que más recuerdo de mi infancia es una de nombre “Óscar, Kina y el láser”, con un argumento que era un absoluto delirio (las aventuras de un niño, su oca y un rayo láser que hablaba). El colofón era que al final de la película (creo recordar, tenía cinco años) el rayo láser se sacrificaba para salvar la vida de los otros dos protagonistas, lo cual me dejó embargado por la tristeza durante un par de días, pobre rayo láser.

Este tipo de sacrificio, que también se da en otra película ochentera de nombre “D. A. R. Y. L.” (una de las referencias más directas al personaje de Eleven en “Stranger Things”), tiene mucho que ver con el acercamiento al futuro que se tenía en los años 80: tecnología y robots que, de alguna manera, sentían como humanos, y cuya muerte (por pura empatía) nos dejaba devastados durante días y semanas.

Esa antropomorfización que los humanos hacemos de todo (asignar cualidades humanas a objetos o entes que no lo son) es uno de los bastiones en los que se apoya James Barrat en “Our final invention”, su libro-advertencia sobre las posibles consecuencias de una super-explosión de inteligencia artificial de las máquinas. Dice Barrat que, al antropomorfizar a las máquinas, los humanos pensamos que estarán agradecidas de que las hayamos creado y por eso nos cuidarán y ayudarán en vez de destruirnos. El problema es que una Inteligencia Artificial no puede estar agradecida si no la programan primero para ello.

Pensamos mucho en obras de ficción en las que androides, máquinas o robots mueren o pueden morir, como Roy Batty, HAL 9000 o Sonny. No los hace menos temibles, ¿pero no aminora eso en cierta medida el problema del Uncanny Valley?

Regreso entonces a mirar mi maltrecho iPhone y, pensando en el láser, D. A. R. Y. L. o Eleven, me pregunto si no sería interesante que el pobre tuviera una especie de “muerte natural” más digna que la epopeya de resets y mal funcionamiento (y con ello mis ataques de frustración) que se nos vienen encima a los dos.
Mejor duelo que cólera.
Y que esa antropomorfización y empatía sirvieran para preocuparnos por que todas las máquinas vengan con ello de serie.

¿Podrían morir entonces nuestros teléfonos o nuestras laptops en vez de simplemente dejar de funcionar?

Como una versión mejorada de cuando te aparecía el icono del Sad iPod si tu iPod estaba próximo a agotar la vida de su batería (la imagen que abre este post).

Perhaps, perhaps, perhaps.

La innovación y las agencias

Smell bacon Oscar Mayer

Se habla mucho de que las agencias necesitan innovar en vez de hacer sólo publicidad. Yo también lo he dicho, e incluso he dedicado parte de mi carrera a poner en práctica ese credo. Y mientras intentas llevar el discurso a la práctica descubres que no todo es blanco y negro, sino que también existen muchos grises.

En la última edición del Festival de Creatividad de Cannes, en donde tuve la fortuna de participar como jurado en la categoría Cyber, me encontré frente a frente con una buena definición del problema.

Estaba votando la subcategoría “Innovación”, y en mi pantalla estaba la (imagino que conocen) famosa pieza en la que Oscar Mayer creó un despertador que liberaba olor a bacon al sonar la alarma. Y entonces se me encendió la alarma a mí: ¿estaba votando el artefacto que tenía entre manos, que en realidad funcionaba de forma algo torpe? ¿O estaba votando la idea y el potencial que tenía, para desarrollarse en versiones posteriores?

Se me ocurrió preguntarlo, y eso suscitó un debate de casi una hora, donde unos opinaban una cosa y otros la otra, y al final la conclusión fue “bueno, que cada uno vote lo que le parezca”.

Dejen atrás el bacon y piensen en, por ejemplo, el iPhone. Y olviden el que tienen hoy en el bolsillo y recuerden el primero que tuvieron. Con todas sus carencias y que, aún así, los fascinaba al momento de abrir la caja. Porque lo importante no era el aparato, sino todas las novedades que contenía con respecto a la versión anterior.

Porque así se entiende la innovación, como un proceso de iteraciones donde cada versión es un anticipo de las mejoras que contendrá la siguiente. No para hacer dinero, sino porque tal o cual tecnología o recurso aún no están maduros, o tal o cual comportamiento del público aún no ha sido descubierto.

Ahora, vamos de vuelta a las agencias y en cómo le venden innovación a los clientes. Casi siempre es pensando en un “artefacto” o “plataforma” que ha de dar resultados inmediatos, porque para ello es para lo que el cliente y su marca se gastan el dinero. Y entonces, la innovación queda reducida a un proceso de entregable como el que se hace para un comercial de televisión o una gráfica, dejando atrás las posibles iteraciones y evolución de esa potencialmente gran idea.

Para mí, lo que estaba votando sobre el bacon eran la idea y su potencial, aunque lo que tenía delante en ese momento no fuera la versión óptima de la misma. Pero imagínense qué lío cuando ni siquiera veinticinco directores creativos de todos los países del mundo se ponen de acuerdo.

Y si ni nosotros los publicistas nos ponemos de acuerdo, cómo demonios se lo vamos a explicar a las marcas para las que trabajamos.

#Selfies

Selfie de Ellen DeGeneres

Me escribieron de la revista Expansión para hacerme unas preguntas sobre la (ya) histórica “selfie” que se tomaron Ellen DeGeneres y varias celebridades más en la última gala de los Premios Oscar.

Pero como también le enviaron el cuestionario a otras personas, al final, para darnos cabida a todos, seleccionaron una respuesta de cada uno, dejando fuera lo único medio interesante que dije, que fue el hecho de por qué a mí me pareció interesante que ocurriera el momento de la tan mentada foto:

Pregunta: ¿Qué pueden aprender sus competidores? ¿Deben responder o deben buscar crear algo completamente diferente?

Respuesta: Me pareció interesante el intentar innovar creando un nuevo formato en un espacio donde todos los formatos son ya conocidos y vendidos con meses (o años) de antelación. Creo que esa es una apuesta de conseguir relevancia de la que otros podrían (o deberían) seguir ejemplo.

Claro, dentro de ese contexto general en el que tengo serias dudas de que la gente asocie el momento de la fotografía con el hecho de que se tomara con un teléfono Samsung (que creo que no).

Y eso es todo lo que tenía para comentar sobre la “selfie”.
Eso, y que parece que tanta “selfie” de Samsung puede haber terminado con cualquier futura “selfie” de un Presidente de los Estados Unidos de América.

Óscar y Elvis: los chicos que “hacen” y ganan

En el mundo de la publicidad nos quejamos si el cliente aprobó o no nuestras ideas: le echamos la culpa irremediable de nuestra frustración creativa y más si hemos enfocado bastantes horas de sueño en el proyecto. Pero, ¿qué pasa si en vez de preocuparnos por eso y hacer rabietas nos dedicamos a hacerlo por el gusto de ver materializadas esas horas de desvelo?

PortadaElvisOscar

Óscar y Elvis oriundos de la mixteca poblana han llegado más lejos de lo que algún día soñaron, o bien, de lo que sus maestros pensaron que podían llegar. Su curiosidad los llevó al “I giovani e le scienze 2013”, organizado por la Federazione delle Associazioni Scientifiche e Tecniche en Milán donde presentaron su proyecto y ganaron. Todo originado de una travesura escolar.

Si les preguntan, lo único que querían era apagar la computadora de su maestra en plena clase. Si la desconectaban serían descubiertos, así que ingeniaron un sistema remoto que les permitiría apagar y encender cualquier dispositivo a través de una llamada telefónica creando un hardware para hacerlo posible desde cualquier parte del mundo.

Podríamos analizar muchas cosas al respecto, pero me gustaría enfocarme en dos: nulo presupuesto y mucha curiosidad.

1) La primera rompe casi cualquier paradigma de costo-implementación. Ojo: no quiero decir con esto que puedes construir un cohete espacial y no preocuparte por toda la producción. Lo que sí quiero decir es que toda buena implementación empieza con una gran idea y depende de nosotros el accionarla.

2) Tener curiosidad es algo nato de cualquier animal, el accionar esa curiosidad es una característica única del ser humano.

La voluntad y ganas de rebasar la media no es un asunto de pláticas motivacionales, es sólo hacerlo y punto. Las grandes ideas no están medidas en premios sino en la huella que dejan sobre la historia de la humanidad, si no pregúntenle a Felix Baumgartner o a Bree Prettis quien luchó por ser visto en años anteriores con sus impresoras 3D que ahora forma parte de una nueva Revolución Industrial.

¿Qué hago para empezar a Hacer?
Muchas teorías y poca práctica, así que esto más que ser una guía son básicos:

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La sabiduría de los tres MiniPinos

Uno de los momentos más divertidos en mi feed de noticias de Facebook es aquel en el que Esther Pino (Directora Creativa de DoubleYou) publica las perlas de sabiduría, lógica o imaginación que salen de la boca de sus hijos Mario, Óscar y Martina (en la foto que abre este post, de izquierda a derecha).

Como parece que no soy el único que se siente así al respecto de las frases de los tres pequeños, y aprovechando que Esther cumplía años el pasado día 9 de Marzo, me pareció divertido (como regalo) recopilar todas sus publicaciones en un blog de Tumblr, bajo el nombre de “Los MiniPinos”.

Y entonces resultó que a ella no sólo le gustó la idea, sino que además tenía muchas más frases guardadas en un documento de texto, así que desde hoy ella es la administradora del susodicho blog, tan divertido como “Shit my dad says”, pero con menos mala leche y más curiosidad infantil.

Y que tiene un archivo de posts que son un scanner directo y fascinante de la cabeza de tres niños que descubren el mundo día tras día, por si quieren apuntarse a redescubrirlo a través de sus ojos.