¿Redes sociales? ilimitadas

Estas Navidades vino tanta gente de visita a la Ciudad de México que apenas pasé un minuto en mi casa. Consecuencia: entre pedir Ubers y subir fotos a Instagram me terminé antes de tiempo los datos mensuales que tengo contratados con mi proveedor de telefonía móvil.

O no, porque Facebook, Twitter y Whatsapp aún funcionaban.

Intrigado (y también para pagar mi reconexión) fui a una de las tiendas de la compañía y les pregunté:

Yo: Creo que tengo los datos cortados, pero funcionan Whatsapp, Twitter y Facebook.
Empleado: Claro, señor, es que su plan contempla redes sociales ilimitadas.
Yo: ¿Redes sociales?
Empleado: Sí, lo que son (sic) Whatsapp, Twitter y Facebook.
Yo: Pero Snapchat o Instagram…
Empleado: Las redes sociales son Whatsapp, Twitter y Facebook, señor.
Yo: Ehm…

Salí de la tienda cabizbajo y con cara de Buster Keaton (porque aparte de no entender nada de lo que me dijo, el empleado de la tienda me llamó “Señor” dos veces), pensando en que una vez más las marcas operan desde lo que creen que la gente quiere (oferta) en vez de actuar de hecho en base a lo que la gente quiere (demanda). Pero sobre todo recordé este antológico post de hace unos años de Jorge Camacho sobre los ciclos del hype de cada tecnología, y como lo que a unos les parece que ya está de salida para otros es una auténtica novedad. Con la conversación en la tienda descubrí además que hay otros que ni siquiera aparecen aún en la curva.

Qué dolorosísimo el hueco que existe entre el lugar donde uno cree vivir y el lugar en el que vive la mayoría de las marcas de consumo que pueblan nuestra cultura. Y más doloroso aún para los que se dedican a trabajar para esas marcas.

La vida cuando tienes millones de seguidores

Parece ser que la vida es esto cuando tienes millones de seguidores en tus cuentas de redes sociales:

What happens to your iPhone when you post to 8 million Instagram followers: http://tnw.me/HqkQhoc(Video Credit: Demy de Zeeuw)

Posted by The Next Web on Tuesday, January 12, 2016


Qué angustia ser famoso. O no desactivar las notificaciones.

Plataformas con anticuerpos

El virus de la publicidad

“Un anticuerpo son las sustancias que crea nuestro cuerpo, para combatir cuerpos extraños (es decir bacterias y virus). Si no tuviéramos anticuerpos las bacterias y virus acabarían con nosotros. Cada virus y bacteria necesita un anticuerpo distinto, y algunos anticuerpos son más difíciles de producirse.”

Encontré la definición aquí, porque me parecía que necesitaba una definición simple para intentar explicar, frente a todas esas voces que claman por la muerte de la publicidad, que en realidad la publicidad no es otra cosa que un virus que busca introducirse en cuantos sistemas se lo permitan. Y que no puede morir porque siempre va mutando, como un Ébola o la gripe, y que es muy distinto que desaparezca a que consigamos erradicarlo o, al menos, mantenerlo bajo control.

Quizá lo que ocurre hoy, entonces, no es que la publicidad esté muerta ni patas arriba ni nada que se le parezca, sino que cada nueva plataforma que nace, hija (de alguna forma) de alguna que la precedió, contiene anticuerpos que impiden que nuestro virus favorito se manifieste en ella de alguna manera. Si no me siguen, piensen en cuántas campañas publicitarias han visto en sus televisiones o en sus timelines de Twitter o Facebook y cuál (si es que han visto alguna) recuerdan haber visto mientras usaban Snapchat o Kik.

Pero recuerden que también a veces necesitamos de los virus, para que nuestros cuerpos generen los anticuerpos que necesitan para defenderse de ellos. O sea, hablamos de algunas de esas plataformas que, por no tener muy claro cómo poder ofrecer espacios para que las marcas hagan publicidad acaban por perderse de una buena cantidad de dinero, que quizá les permitiera mejorar dicha plataforma y mantenerse por delante de otras que puedan estar ofreciendo un servicio similar a los que la utilizan. No tiene por qué ser en forma de anuncio. Puede ser con contenido, compartiendo con otros usuarios o incluso con cupones… ¿ven? Maldita publicidad, otra vez mutando para hacerse un hueco.

Nuestro virus favorito.

Los nuevos medios y 2015

Como las tarifas de Uber están hoy por las nubes, decido pedir un ride en Lyft para poder llegar a la oficina. Y me sale esto:

Bieber y Lyft

Si me compro el disco acabo recibiendo dinero para otros viajes que pueda hacer con el mismo servicio. Porque estamos en 2015, claro. Mientras tanto, muchas de sus marcas favoritas aún suelen preguntarse qué van a hacer en Twitter y Facebook en la semana entrante para conseguir likes y followers.

Limpia

Mr. Wolf

Como con cada inicio de año, Efraín volvió a escribir un post con sus propósitos para el nuevo año, conminándonos a varios amigos a hacer lo mismo. Hace mucho que no escribo nada semejante, pero me pareció interesante compartir algo que llevo haciendo durante el último par de meses para intentar mejorar lo que encuentro en mis feeds de redes sociales.

Alguna vez publiqué un texto acerca de cómo usaba (y uso) Twitter, que básicamente tiene que ver con seguir a un montón de gente, en mi teoría de que cuanta más gente sigo, más probabilidades tengo de encontrarme con algo interesante, divertido, peculiar, etc.

Pero de un tiempo a esta parte, hay demasiado ruido. Demasiados contactos publicando contenidos falsos tomados por verdaderos, vídeos que realmente no me interesan o que, directamente, me resultan estúpidos u ofensivos. Así que tomé una determinación, un tanto radical tal vez, pero necesaria para mí:

– Si alguien publica algo que me resulta ofensivo o estúpido, lo elimino de mi timeline sin ningún tipo de remordimiento. Para no leerlo ni que me lean, bloqueado, fin, bye. No es nada personal, la verdad, pero no tengo tiempo para lidiar con ese tipo de contenidos.
– Si la persona que publica ese contenido es alguien que me interesa que me lea, simplemente dejo de seguirla, pero permito que me siga leyendo a mí.
– Toda noticia de páginas que me provoquen el mismo sentimiento las reporto como spam o faltas de interés.

Y así, poco a poco, mis feeds están volviendo a serme útiles como lo eran hace unos años, antes de esta semejante cantidad de ruido.

Prueben. Limpien. Todo se ve mejor 🙂

Los influencers están sobrevalorados…

Influencers sobrevalorados

Justin Bieber y lo que criticamos de la “gente”

Parece ser que una consecuencia más del cambio al que la tecnología nos ha sometido a todos es el de que juzgamos en vez de intentar comprender. Me explico. Cuando comenzaron a popularizarse las descargas de música por Internet, uno de los lamentos más repetidos era el de “¿A ti te parece justo que un artista trabaje un año completo en grabar un disco y luego la gente se lo descargue gratis?”. Probablemente no sea justo, pero ya no importa si lo es o no, porque igualmente la gente lo hace. En cuanto la industria musical se dio cuenta de ello, dirigió la mayor parte de sus esfuerzos no ya a intentar castigar a los que descargaban contenido, sino más bien a intentar crear un contexto en el cual esas nuevas interacciones pudieran controlarse mejor para, sobre todo, obtener negocio a partir de ellas. Spotify es un buen ejemplo.

Algo similar pasa cuando estamos online y vemos qué es lo más visitado y compartido: memes de gatos, niños que ríen, caídas espantosas y, en general, una amplia variedad de contenidos que podríamos definir como “weird”. Y es que en esta época, el concepto de lo que es “bueno” o “relevante” ya no depende de lo que diga una marca o sus agencias, sino que es la gente la que lo decide. Y los gustos de la gente son, con frecuencia, bastante bizarros. Y es en ese punto donde nosotros, que trabajamos en publicidad, comenzamos a juzgar acerca de aquello que ve la gente. Que si esto es pésimo, que si es incomprensible, que si la gente “está tonta”, etc.

Pero creo que, al igual que en el tema musical, el juicio aquí debiera ser el mismo. No importa lo que la gente “sea”, porque sea lo que sea esos son los contenidos que comparten en vez de las campañas que con tanto lustre, bombo y platillo se lanzan cada cierto tiempo. Pareciera como si ese intento nuestro de distanciamiento “pseudo-intelectual” con respecto a los gustos de la masa nos dejara a la misma distancia por la que, en tantas ocasiones, nos referimos a los usuarios como “el target”, como si nosotros no fuéramos también parte de esa misma colectividad. Como si a veces pareciera que los que trabajamos en marketing y publicidad no nos compartiéramos vídeos de gatos, sino sólo conferencias de Alejandro Jodorowsky.

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Desparramados por ahí, capítulo 9

Artículo para Merca 2.0 - 181209

Artículo para Merca 2.0 - 251209

Artículo para Merca 2.0 - 010110

Artículo para Merca 2.0 - 080110

Debido al cambio de año (gran excusa), esta vez tardé un par de semanas más en actualizar aquí la colaboración semanal con Merca 2.0, tratando diversos temas como una llamada de atención al gremio de profesores de asignaturas de mercadotecnia, para ponerse al día en la realidad del mercado que espera a sus alumnos, mi opinión sobre el uso positivo que pueden tener las redes sociales y la hipocresía de quienes las denuncian desde la ignorancia, una columna acerca de por qué es mejor invertir en creatividad que en sólo comprar pauta en medios, y, por último, otro texto sobre la música, las descargas y algunos derechos de autor.