Recordatorios aumentados

Realidad Aumentada de cámara trasera

La imagen que abre este post, una fotografía de la pantalla de una camioneta con la marcha atrás activada (indicando la ruta que seguirá la camioneta en función del giro de las ruedas) fue un amable recordatorio de una de mis citas favoritas:

“La tecnología es todo aquello que todavía no funciona.”- Danny Hillis

En el entendido de que denominamos “tecnología” a objetos o funcionalidades que existen y funcionan, aunque no al 100% o el 100% de las veces. Y cuando lo hacen, entonces le adjudicamos un nombre específico, por ejemplo, “Internet”, “Bluetooth”, “Silla”.
Una vez funcionan, ya no son tecnologías sino cosas concretas.

La imagen de la cámara me recordó una vez más cómo comenzamos a tener muchos ejemplos que usan la tecnología de realidad aumentada con un propósito definido: “Cámara trasera”, “Filtro de Snapchat”, “Pokemon Go”.

Todo lo contrario a otras tecnologías como la de la Realidad Virtual, a la que seguimos llamando, en Enero de 2018, “Tecnología”. A falta de buenos ejemplos por los que nombrar su uso y no lo que la posibilita, cabe deducir entonces que todavía no funciona “correctamente”.

Privacidad, teatro con Wi-Fi

Privacidad México - programa de mano

Apagar tu teléfono (o silenciarlo al menos) es uno de los requisitos básicos de buenas maneras cada vez que uno acude al teatro. Ese día, en cambio, una voz solemne nos pedía que nos conectáramos a una de las redes inalámbricas disponibles durante la representación de la función.

Nadie dudó ni un segundo en hacerlo. Ya saben que hoy en día no importa si estamos al lado de un millón de dólares, del último Bitcoin disponible o de la aparición bíblica de algún Arcángel. Si hay un Wi-Fi al que conectarse elegimos conectarnos al Wi-Fi antes que hacer o prestarle atención a cualquier otra cosa.

Ese fue el primer detalle que me llamó la atención cuando hace un par de meses asistí a una de las representaciones de “Privacidad”, en el Teatro de los Insurgentes de la Ciudad de México.

La obra, que se estrenó primero en Londres, es una adaptación de varios textos escritos por Edward Snowden, allá por 2014, al respecto de cómo los gobiernos y grandes corporaciones vigilan y comercian con los datos que diariamente generamos mediante nuestros dispositivos conectados a Internet.

Privacidad México - público con selfie

Entretenida, algo densa en ocasiones, “Privacidad” es un magnífico vehículo para la reflexión al respecto de dónde van a parar y las consecuencias de cada una de las (aparentemente) inocentes interacciones que realizamos a diario: la selfie, un filtro de Snapchat, una búsqueda en Google, un correo a nuestro banco, etc.

Es ahí donde se activa una segunda capa de entretenimiento muy significativa: son tan relevantes las palabras recitadas sobre el escenario como la observación de las reacciones del público durante el transcurso de las mismas. Aunque somos conscientes desde el inicio de que estamos asistiendo a la representación de un texto relacionado con nuestros datos y su privacidad, nadie tiene ningún reparo en, por ejemplo, tomarse una selfie y enviarla a una dirección de correo que aparece en varias pantallas cuando el personaje de turno lo solicita. Porque… ¿qué hay de malo en tomarse una selfie cuando además tenemos un buen teléfono y sabemos tomarla y compartirla?
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Iconos de empatía digital

Nuevos botones de emociones de Facebook

Es un poco medio macabro darle “Me gusta” a un post en Facebook donde un amigo relata algo malo que le acaba de pasar. La alternativa, “No me gusta”, tampoco refleja exactamente el sentimiento, que tiene más que ver con “Estoy contigo” o “I feel you” que con un rechazo propiamente dicho. Por eso, a mí me pareció muy lindo y acertado el que Facebook agregara esos nuevos iconos de emociones, una especie de “botonera de empatía”.

Aquí, un texto de uno de los responsables del proyecto explicando cómo llegaron a esa solución.

Y ya que estamos, otro par de enlaces más:
+ cómo se se produjo el cambio del icono de amistad de Facebook
+ Little Big Details: un blog del que ya escribí aquí, y que publica con regularidad curiosidades y descubrimientos sobre todos esos iconos de los interfaces que navegamos todos los días.

La publicidad no está muerta, algunas marcas sí

Nerdy Anthropologist

Lanzamos BAG, y desde hace unos días me hacen preguntas o entrevistas para que explique exactamente en qué consiste mi nuevo proyecto. Si les toca ver o leer alguna, discúlpenme, porque de momento es más sencillo explicar qué no es que lo que sí.

Aunque parezca trabalenguas, no es una situación que me sea extraña, y se da cada vez que cambio de trabajo y tengo que, por ejemplo, dar una conferencia. El esqueleto base, a partir del cual crearé historias y complementaré con anécdotas que la vayan haciendo crecer, es lo más difícil de crear cuando una termina un ciclo y ha de abrir uno nuevo. Me pasó cuando dejé Grupo W. Y cuando dejé JWT México. Y me está pasando ahora que dejé Flock.

No es que uno reniegue de lo que ha venido diciendo hasta ese momento, pero todo ese conocimiento se transforma por la sana vía del escepticismo y la colisión. Se reordena, por así decirlo, y en esas estoy, reordenando (y más vale que reordene rápido porque con viajes a Argentina, Colombia y Rusia no está el tiempo para desperdiciarse).

Como ya les conté, yo pensaba en irme a Cannes para obtener respuestas a las dudas que tenía en aquel momento, y el viaje, lejos de resolverlas me incrementó el número de preguntas. Pero de entre todo el galimatías, algo apunta como cierto, y viene a propinarle un derechazo en el rostro a una frase muy en boga (hasta yo mismo la he usado, con más o menos matices) durante los últimos años: “la publicidad ha muerto”.

Las marcas y sus problemas
Pareciera, entonces, que el problema de las marcas para relacionarse con sus usuarios tiene que ver únicamente con los puntos de contacto en los que ambos se encuentran. Y que si digital esto, y que si las historias lo otro y que si la tecnología lo de más allá. Así que, si arreglamos la publicidad, las marcas y su relación con la gente se habrá salvado. Cual Lázaro, levántate y anda.

Y luego ve uno la cantidad de ideas publicitarias maravillosas e inteligentes que salen todos los días por aquí y por allá, y entonces uno no entiende muy bien el porqué de que la publicidad se esté muriendo, o de qué se está muriendo exactamente. Porque lo cierto es que existe gran publicidad, pero eso no está sirviendo para que la gente cambie su percepción general sobre las marcas: les importan un carajo. Como si la publicidad de esas marcas no estuviera muerta… pero las marcas sí.

Entonces, e igual es muy obvio esto, da uno un paso atrás, y se imagina que a lo mejor el problema de las marcas no es su publicidad, sino la marca en sí misma. Quién la dirige, para dónde la lleva, para hacer qué. Asuntos que, sin resolver, pueden provocar que la publicidad relacionada sea excelente… pero que a nadie le importe en términos de marca, más allá de pasar un buen rato o compartir lo que sea con sus amigos en redes sociales.

Medios y paradigmas
A lo mejor, el cómo “digital” atraviesa transversalmente todos los puntos de contacto en los que una marca se comunica con sus usuarios es una visión muy pequeña que tenemos los publicistas sobre el mundo de marcas para el que trabajamos. Porque esa “transversalidad” (no sé si exista semejante término) también es relevante a nivel de cómo toca al brand manager… y a los de ventas… y al CEO… e incluso a las agencias de publicidad que trabajan para esa marca.

Las implicaciones del problema que se origina si lo anterior no está bien resuelto son inmensas. Y por eso, pretender reducir ese problema a que la publicidad ha de cambiar y evolucionar es como intentar curar una anemia con una tirita (o curita si lees esto en México).

No estaba muerta, estaba de parranda
Así que, no me malentiendan lo que quiero decir, creo que la publicidad no está muerta, y que, como herramienta, su rol sigue tan vigente como hace cincuenta años: comunicar. El problema es que el qué se comunica cada vez está más jodido porque la mayoría de las marcas están así de jodidas o hacen algunos productos que le hacen a uno rezar tres Padresnuestros. A veces, es hasta peor, el mundo está lleno de marcas, productos y servicios irrelevantes.

Creo que las agencias de publicidad no van a salvar a ninguna marca de este desbarajuste. En el mejor de los casos quizá salven la publicidad de la misma. O puedan comunicar lo que la marca ya hace bien. Que no es poca cosa, pero paren de contar.

Tengo una sensación creciente de haber estado dando martillazos a un clavo durante demasiado tiempo, sin darme cuenta de que el clavo estaba en el lugar equivocado. El clavo iba más arriba, y si no empezamos a dar martillazos allí, lo único que lograremos será hacer cosas chulas e innovadoras… en publicidad, pero nunca podremos transformar a ninguna marca. Si quieres cambiar algo, las cosas se hacen de arriba abajo, y no a la inversa, que es lo que hacemos los publicistas.

Cambiar de opinión es sano, por eso es bueno escribir un blog, para recordar dónde dijiste tal cosa el día que vas y escribes lo contrario. O lo mismo, pero visto desde un lugar distinto, al menos.

Por eso, si leen o ven alguna entrevista mía próximamente, no me tachen de no saber de qué estoy hablando, es sólo que ando en modo “reordenación”.
¡Graaaaaacias!

Innovación en agencias: ¿servicio o visión?

Agencias: la innovación se tiene o no se tiene. No es algo que quepa en un “departamento”. Salvo por moda, claro.

Yo simplemente publiqué una reflexión en Facebook, la de que (a mi parecer) la “innovación” es una visión que debiera regir todo lo que hace una agencia de publicidad, y que aunque específicamente tenga un “departamento” del que proviene, esta innovación debiera permear a toda la estructura. O sea, que si el “Departamento de Innovación” es simplemente el lugar en el que alojar a los “loquitos” para que jueguen con placas Arduino y demás parafernalia mecatrónica, entonces esa “innovación” no es una visión, sino un servicio que hace que ese “Departamento de Innovación” sea la versión 2013 de los antiguos “Departamento Digital” de las agencias de publicidad. Con más hype, claro, porque el hype es importante.

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Silencios

Este no es el tipo de post que un servidor suele escribir en este blog, pero hoy voy a escribirlo así porque este 12 de Marzo es un día chungo (como se diría en España) o culero (como le dirían en México). Un día jodido, vamos. Un día que amerita el contar una historia.

Hace cuatro años, obviamente, también era 12 de Marzo y yo estaba en La Paz (Baja California Sur, México) para dar una conferencia. Un día antes se habían cumplido cuatro años de los atentados en los trenes de Atocha (Madrid, España) y tres días antes el PSOE había vuelto a ganar las Elecciones Generales en España. Fue ese domingo cuando mi padre me dijo escuetamente por teléfono que estaba “enfermo”, que su piel tenía un tono amarillento y que pensaba que pudiera tener ictericia, una enfermedad que se manifiesta cuando en el cuerpo hay problemas que van desde serios hasta muy graves.

Al día siguiente, lunes, le realizaron varios análisis clínicos, todos los cuales descartaban cualquier tipo de tumor como parte del problema, citándole dos días después (o sea, ese día 12 del que hoy se cumplen cuatro años) para una intervención quirúrgica que sirviera para atajarlo de raíz. Y así estaba yo ese día, recién terminada mi conferencia (a cuya foto pertenece la imagen de unas líneas más arriba), pendiente del teléfono móvil para saber cómo había transcurrido la operación, compleja pero hasta cierto punto “no de riesgo”.

Cuando mi teléfono sonó por fin, mi madre, desde el otro lado de la línea me dijo que me sentara, porque había de contarme que los médicos, al abrir al paciente en busca de su vesícula biliar (la que estaba generando toda la bilirrubina y produciendo esa ictericia) habían encontrado varios tumores. Y uno de ellos, en el páncreas, en avanzado estado.

Pérdida
Menos de tres meses después (el 8 de Junio de 2008), mi padre falleció. Les ahorro los detalles para decirles que por muy asumido que tengamos que la muerte es parte de la vida, uno nunca está preparado para comprender la partida de un ser querido, joven o anciano, y que el famoso dicho del “es ley de vida” no le quita a uno ni un gramo de dolor. Mucho menos cuando mi padre tenía 59 años y aún le quedaba tanto por vivir, y a mi madre y a mí con él, supongo.

Para acompañar el cuadro, dos eventos más (ambos patéticos y ambos de pérdida) adornaban la escena de mi vida. Uno en Diciembre del año anterior. Otro en ese mismo mes de Junio. Y no sé si alguna vez han vivido una desesperación de esas en que uno termina por sentir que su cuerpo se vacía por dentro, como el agua se marcha por un desagüe en un lavabo. Así es como yo me sentía, sereno pero solo, vacío e impotente.

Soledad
Hay distintos tipos de soledad y a todas hay que acostumbrarse. Por ejemplo, la Ciudad de México es una urbe gigantesca llena de gente que en realidad se siente muy sola, alienada, pero con la ventaja de que hay muchas cosas por hacer. La soledad en esta ciudad se puede paliar si tienes ánimo y fuerza de voluntad.

En cambio, Saltillo, que es donde yo residía entonces, es un lugar más pequeño, lleno de las costumbres y rutinas que se generan en los lugares donde no hay tanta diversidad de opciones. Y aun con ánimo y fuerza de voluntad, uno termina arrastrado a los mismos lugares a los que ya solía ir anteriormente.

Pueden imaginarse el grado de soledad que me acompañaba al regresar de España, sin nada más que rutina por delante y toda mi familia a doce horas de distancia en avión.

Puente
Desde la distancia de estos cuatro años, creo que nunca he crecido tanto en mi vida como en aquella época. Porque aun estando con gente, me sentía tan en soledad que el silencio que la vestía me sirvió para comenzar a tomar decisiones. A distinguir lo importante y a desprenderme de lo que quizá era doloroso pero no tan grave. Pero, sobre todo, el silencio se volvió el lugar en el que escuchar lo que probablemente mi padre hubiera comentado si yo le hubiera preguntado sobre tal o cual tema acerca del cual necesitara tomar una decisión.

Las opciones que uno elige cuando está tan a solas consigo mismo contenían así una cierta equidistancia entre la cabeza y el corazón, al punto de que ese silencio se volvió un puente entre ambos lugares, para que cada decisión tomada con la cabeza tuviera un poco de corazón en ella, o que de igual manera todas las corazonadas llevaran anexas consigo una cierta sensatez.

Silencio
No hay ningún tipo de trasfondo religioso en las próximas líneas, pero creo que los que se van siguen al lado de uno aunque ya no estén físicamente presentes. Lo creo firmemente en el caso de mi padre, y creo también que es el silencio el lugar desde donde me habla. No sé si les parezca absurdo, pintoresco o irracional, pero así es como funciona para mí. Y a lo mejor funciona para ustedes si se ven en la misma situación o a lo mejor no, no creo que haya ninguna fórmula.

Lo que sí parece funcionar como un reloj es el hecho de que en silencio uno escucha cosas que en otro lugar no podría escuchar por estar sepultadas bajo el ruido. Y en vista de que hoy todo el mundo parece tener una opinión para todo y para todos a cualquier hora y en cualquier plataforma, no debieran desdeñar el potencial que tienen esos momentos en los que la única opinión que cuenta es la suya. Si piensan en la cantidad de cosas que dependen única y exclusivamentemente de ustedes mismos, verán que no son tantas como para andar desperdiciándolas.

Dicho lo cual, nada de este texto-exorcismo quita que hoy siga siendo 12 de Marzo, un día especialmente chungo, culero y jodido. Pero al menos sí puedo terminar diciendo que, gracias a esos silencios, hoy soy un mejor tipo que hace cuatro años, porque a veces hay en ellos más sabiduría que en la más convencida de las voces.

La fórmula para un viral

Está de moda encargar “virales” para internet a las agencias de publicidad. Por desgracia quienes lo encargan no saben siquiera qué es un viral. La mayoría de los creativos a los que pregunté aseguran que cuando un cliente pide un viral en realidad se refiere a una activación vía internet, a un banner graciosillo que será pautado en páginas de medios y en páginas de modita. Con suerte estarán dispuestos a aflojar dinero para apariciones en la página principal de YouTube, pero no mucho más.

La mayoría de los virales originales nunca fueron pautados y muchas veces se dan de forma involuntaria. El éxito de Edgar se cae –por poner el más clásico ejemplo- reside en que nadie lo planeó para ser viral; lo inesperado de su éxito es su éxito.

Sin embargo creo que sí existe una fórmula para hacer virales, una fórmula más o menos efectiva, pero que hay que depurar. Por desgracia parte de las variables de esa fórmula son incontrolables pues dependen del entorno. Intentaré plasmar un primer boceto como un ejercicio de reflexión, no como algo científico-experimental.

Una pieza se convierte en un fenómeno viral cuando alcanza una Masa Crítica de views: una constante que debe ser igual o menor que la cantidad de Views entre el tiempo en el que sucedieron esos Views, todo multiplicado por una variable dependiente del Entorno. Para alcanzar la masa crítica debiéramos de aprender a calcular esa variable por medio de la observación, algo que todavía no podemos hacer de manera objetiva pero sí por tanteo.

Masa crítica≤[(Views/tiempo)*Entorno]+Ruido

Si la Masa Crítica es constante y el Entorno es independiente, nosotros solo podemos accionar sobre las Views en el Tiempo. Esa acción debe de ser conforme a los dos elementos que no podemos controlar para cumplir con la fórmula.

También es importante recalcar que los Views tienen que ser voluntarios, no sólo impresiones forzadas e insertas en los medios que el usuario visita, porque en ese caso se convierten en Ruido (que coloco con reservas como una suma por mera intuición, pero que todavía no logro ubicar bien a bien).

Los publicistas debiéramos conocer la variable de entorno no de forma numérica sino con experiencia y preguntas, de manera que podamos aumentar la probabilidad de que una campaña “viral” pegue.