Workshop de Creative Tech en Saltillo

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Nuestros amigos de Digital Invaders nos invitaron a hablar un poco sobre Innovación y Creatividad Tecnológica. Aceptamos la invitación y ademas se nos ocurrió impartir un workshop  sobre Internet of Things y modelos de innovación los día 30 de Mayo y 1 de Junio en la  Librería Carlos Monsiváis, en el centro de Saltillo.

Además de una buena charla y de armar proyectos interesantes, seguiremos con la búsqueda de la tripleta que mencionamos anteriormente:  Hackers, Hipsters y Hustlers.

Así que si estás interesado en tecnología, innovación o en ser parte del equipo de Flock te invitamos a que nos acompañes.

La pared delirante

Meme de Jackie Chan

En alguna ocasión (cuando aún vivía en Saltillo) ya escribí sobre las cosas delirantes (para los ojos de un extranjero) que uno se puede encontrar por las calles de este país. Y si uno se las encuentra en Saltillo, que es una ciudad con poco más de un millón de habitantes, imaginaos lo que puede llegar a ocurrir en la Ciudad de México, cuya población excede los treinta millones de personas.

Pero aún así, y rizando el rizo, hay ocasiones en las que a esta ciudad se le va la mano, porque no es que ofrezca alguna situación o visión anecdótica, sino que dicha anécdota evoluciona a lo largo del tiempo como en este ejemplo que os traigo hoy: una pared de la que Sebastián y yo ya hablamos en alguna ocasión con motivo de esta conferencia que una vez dimos en Nike.

-2 de Marzo de 2013-
La anécdota comienza un día cualquiera, en el que, caminando por una avenida de la ciudad, te topas con una pared en la que hay un buzón de correos. Se supone que un buzón acompaña a un domicilio, y se supone que un domicilio dispone de una puerta. Pero no. Hay una pared. Y un buzón.

pared 1

-9 de Marzo de 2013-
Unos días después, resulta que dicho buzón no es un buzón, sino una toma de agua. ¡Misterio resuelto!

pared 2

-11 de Mayo de 2013-
O no, porque un par de meses después resulta que la toma de agua ya no es de agua, sino de gas.

pared 3

-16 de Mayo de 2013-
Sólo cinco días. Después de ellos, ya no es ni una cosa ni otra, sólo un par de agujeros en la pared y el techo.

pared 4

-26 de Mayo de 2013-
Entonces alguien decide que los agujeros se ven mal, y que es mejor taparlos con cemento. O sea que ya no tenemos ni buzón ni toma de agua ni toma de gas.

pared 5

-8 de Junio de 2013-
El 8 de Junio tenemos por fin una pared normal. Sin agujeros. Una pared anónima que puedes ignorar cuando caminas por la calle…

pared 6

-26 de Junio de 2013-
… hasta que alguien decide que por qué no colocar una cámara de seguridad. En algún punto de la historia me pregunto si la cámara no es para vigilar el por qué tomo tantas fotos de ese lugar.

pared 7

-6 de Julio de 2013-
Y unos días después… ¡hay una puerta! Hay una puerta y una cámara de seguridad. Lo malo es que ahora hay una puerta pero… ¡no hay buzón para dejar correspondencia!

pared 8

-20 de Marzo de 2014-
Después de meses con la misma imagen, alguien decidió que había que hacer cambios de nuevo. Por ejemplo, un agujero.

pared 9

-14 de Abril de 2014-
Que dos semanas después se convirtió en una cerradura.

pared 10


Como comprenderéis, este post termina aquí, pero supongo que los cambios en la pared, no. Y en fin, a estas alturas yo ya me siento así:

Jigsaw de "Saw"

Si quieren ir a visitar la pared en persona, pueden encontrarla aquí.
Seguiremos informando.

No piratees mi disco de covers piratas

Cosas que me pasan: cierto día, comiendo en Saltillo, me topé con el típico grupo musical que toca en restaurantes amenizando la comida de los comensales, con la particularidad de que TODAS las canciones que ellos tocaban eran versiones (covers) de canciones famosas de diversos autores. Cuando terminaron su actuación, pasaron por las mesas ofreciendo copias en CD de sus versiones, y decidí comprar una al “módico” precio de 100 pesos mexicanos (unos 6 euros). Mi sorpresa vino al ver la parte trasera del CD:

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La caja 50… y algunas otras más

Ahí está la caja número 50 de la mudanza, en un pequeño guiño que dejó dibujado Dana hace un par de meses. Hace una semana llegó al fin el camión de la mudanza para llevarse todas las cajas (las cuales fueron buena excusa para aprender cómo funciona iMovie):

Así que ya podemos decir que tenemos todo en casa (supongo que ya podemos llamarla así):

Saltillo, cuatro años y medio después

Calle Saltillo en La Condesa (Cd. de México)

Saltillo ya no es la ciudad donde vivo, sino una calle por la que a veces paso para llegar a mi nuevo hogar en la Ciudad de México. Pero cuando en mi vida Saltillo era la ciudad donde vivía me pasaron muchas cosas, algunas relatables y otras no, y algunas de las primeras quedaron inmortalizadas en fotografías que aparecieron en este blog o mis perfiles en Facebook o Twitter. Quizá, involuntariamente, dí a conocer Saltillo a muchas personas que no hubieran tenido ningún motivo para saber de la ciudad si no hubiera sido por mí o por la agencia donde trabajaba, lo cual creo que me da licencia para poder hablar de ella con un cierto criterio, aunque sea mediante esos comentarios míos que mezclan lo surrealista del carácter saltillense junto con mi visión (en ocasiones bastante) ácida de las cosas. También desde el respeto, eso sí.

Aún así, uno siempre se topa con los típicos personajes dispuestos a quejarse y sentirse ofendidos, y para los que cualquier comentario sobre la ciudad que no sea una alabanza desencadenará un lamento digno de la más cruel de las plagas bíblicas. Para ellos, y con la esperanza de que entiendan que los extranjeros, en realidad, vivimos fascinados con Saltillo (pregúntenle a Edward Hopper), aquí les va, desde mis teclas, una lista de cosas maravillosas de Saltillo:
El cielo de Saltillo: no es broma, la gama de colores de que consta hace de los amaneceres y atardeceres una espectacular orgía de color.
– El centro: colonial, de verdad, qué hermoso.
Sergio Avilés: y sus historias, impagables. En el debe que me llevo está el no haber podido conocerle en persona, ojalá algún día.
– Los taxistas: en cualquier otro lugar uno le cuenta sus penas al taxista, que hace las veces de paciente psicoanalista. En Saltillo es al revés, es el taxista el que le cuenta sus penas a uno.
Andreíta: 🙂
– El Kumbala y el Olmo: delirantes lugares nocturnos donde acude personal de lo más variopinto. Lugares que pasaron en cuatro años de ser dignos de una zona roja prohibida a ser lugares mainstream para los after-hours saltillenses.
El pan de pulque: así, tal cual, sin más explicaciones.
Paseo de Ovejas: porque la música consiste en crear vínculos entre acordes y los instantes de nuestras vidas, y esto es lo que hace la música de este grupo, capturar momentos.

Y sobre todo, y por encima de todo, Grupo W y Digital Invaders, que tienen sus instalaciones en Saltillo para aquellos que tengan talento creativo y busquen nuevas aventuras.

Hasta pronto, Saltillo, see you soon, aunque sea de visita.

Imágenes hermosas sin motivo aparente, capítulo 10

Otro par de imágenes hermosas sin motivo aparente. La primera de ellas se la tomé prestada a Kevino On Line, un maravilloso ejemplo de ese ingenio típico mexicano:

Oferta de taller de neumáticos

La segunda es de cosecha propia, y es la prueba de que no sólo en Estados Unidos puede uno ver arcoiris dobles, también en Saltillo:

Doble arcoiris en Saltillo

El parabrisas del coche del responsable de marca

En Saltillo es común encontrar todo tipo de trípticos, flyers, y pegatinas en los parabrisas de los coches aparcados en la calle. Hace unos días Pit llegó a la oficina llevando lo que alguien había dejado sobre el suyo. Ni que decir tiene que no pude pude resistirme ni tres segundos a leerlo, debido a lo sugerente del título, que prometía diversiones de todo tipo (click sobre las fotos para verlas a mayor tamaño):

Tríptico - página 1

Lástima que en la página 2 mataron toda mi curiosidad, anunciando (y de muy malas maneras, por cierto) que no había nada que hacer para llegar a ese sitio porque ya estábamos allí. Y en la página 3 me contaron qué tenía que hacer para salir de ese lugar de mi interés, que era la única razón por la que le dediqué unos minutos a este tríptico.

Tríptico - páginas 2 y 3

Todo concluía en la página 4, donde me dijeron que ya va siendo hora de reconocer que aquello que me causó interés es un desastre y que tienen algo mejor para mí, cerrando todo este viaje astral con un formulario que he de rellenar antes de enviar por correo postal el tríptico, pero sin decirme quién guarda los datos ni a dónde dirigirme para obtener el mágico remedio, más allá de algunas vagas y abstractas recomendaciones:

Tríptico - página 4

El viaje me recordó a esos carteles que dicen (en letras gigantes) “SEXO”, y que al acercarte a ellos agregan “y ahora que hemos captado tu atención, tenemos que decirte que…”. Qué pena que el tríptico era literal en lo del “infierno” y no una metáfora para anunciar la apertura de un nuevo lugar al que salir por las noches, por ejemplo. Pero qué divertido el cómo este tríptico ejemplifica con tanta precisión cómo me siento cada vez que alguna marca me pide mis datos, sin nada a cambio que llevarme a la boca de su parte. Ojalá a los responsables de las marcas les dejaran más trípticos y flyers en el parabrisas de sus coches para que lo entendieran también.

Igual no es mala idea, si sus clientes no les entienden e insisten en transitar caminos que ustedes ya saben que no llevan a nada, no convoquen reuniones para explicarlo, mejor hagan flyers con lo contrario de lo que ustedes proponen e inunden con ellos los parabrisas de los coches de los responsables de esa marca: bienvenidos al “guerrilla-teaching”.

Imágenes hermosas sin motivo aparente, capítulo 4

Más imágenes hermosas publicadas sin motivo aparente. La primera de ellas, el tierno encuentro entre edades en un vagón de metro, encontrada en un tweet de Iraís Salgado, referenciando una imagen del photostream de Flickr de Sean Bonner:

Momento en el vagón de metro

La segunda imagen la encontramos Pit y yo, un día en que fuimos a reparar la cadena rota de su bicicleta a este local de Saltillo llamado Balderas. El texto del cartel (“Lo imposible lo hacemos al instante. Los milagros nos tardamos un poquito más”) nos hizo sonreír:

El taller de los milagros

El delirante delirio de la ciudad de Saltillo

Muchas veces, en mis presentaciones, trato de explicar el contexto en el que trabaja Grupo W, haciendo notar que México es un país altamente surrealista. Eso a nivel general, porque si vamos a lo particular de un lugar pequeño como Saltillo, el surrealismo se incrementa de forma exponencial, algo que quedó retratado en este set de Flickr al que durante un tiempo agregué imágenes curiosas (o simplemente, distintas) que encontraba todos los días por la ciudad, hasta que en determinado momento tuve que dejar de tomar fotografías porque la realidad excedía, con mucho, la capacidad de almacenamiento de mi cámara.

De todo lo capturado nunca encontré mejor imagen que la que se encuentra bajo estas líneas para explicar cómo de delirante puede llegar a ser un lugar, una casa con una puerta en el primer piso que da directamente… al vacío:

La puerta que da al vacío

Pero como hace menos de un año que la tecnología de Google Street View pasó por estos lares, nunca me había dado a la tarea de buscar esa casa en un mapa, algo totalmente necesario porque creo que esa localización debería ser un sitio de obligada peregrinación turística. Finalmente, y aunque me costó un rato, la encontré:

Localización de la casa en Google Maps

Producto sin duda de que cada cual se construye su casa como mejor le conviene, la imagen es surrealista, pero tiene un punto de ternura. Y sobre todo, da que pensar acerca de si en un país que produce imágenes como ésta hay que tomarse la publicidad tan en serio como algunos lo hacen (o hacemos…)

¿Dónde estará Wally?

Bones

El domingo, buscando algo que ver de entre la enorme (pero a veces tan vacía) oferta que ofrece Sky TV, me topé una película cuyo argumento era el de que una mujer llamada Bella Bloom recibe la noticia, de parte de una psíquica, de que ya ha tenido una cita con el que será su futuro marido, con la condición de que tiene que encontrarse de nuevo con él (sin saber quién es exactamente) en el plazo de un año o se quedará soltera para siempre.

Dicho argumento me hizo recordar entonces que apenas tres días antes, buscando fotografías en mi teléfono para ilustrar el post sobre las pantallas que fallan, había encontrado estas tres que le tomé a una taza que compré en 2003, la primera vez en mi vida que puse un pie en la ciudad de Monterrey:

Recuerdo de Monterrey - M   Recuerdo de Monterrey - T   Recuerdo de Monterrey - Y

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