Recordatorios aumentados

Realidad Aumentada de cámara trasera

La imagen que abre este post, una fotografía de la pantalla de una camioneta con la marcha atrás activada (indicando la ruta que seguirá la camioneta en función del giro de las ruedas) fue un amable recordatorio de una de mis citas favoritas:

“La tecnología es todo aquello que todavía no funciona.”- Danny Hillis

En el entendido de que denominamos “tecnología” a objetos o funcionalidades que existen y funcionan, aunque no al 100% o el 100% de las veces. Y cuando lo hacen, entonces le adjudicamos un nombre específico, por ejemplo, “Internet”, “Bluetooth”, “Silla”.
Una vez funcionan, ya no son tecnologías sino cosas concretas.

La imagen de la cámara me recordó una vez más cómo comenzamos a tener muchos ejemplos que usan la tecnología de realidad aumentada con un propósito definido: “Cámara trasera”, “Filtro de Snapchat”, “Pokemon Go”.

Todo lo contrario a otras tecnologías como la de la Realidad Virtual, a la que seguimos llamando, en Enero de 2018, “Tecnología”. A falta de buenos ejemplos por los que nombrar su uso y no lo que la posibilita, cabe deducir entonces que todavía no funciona “correctamente”.

Extraños y audiencias

Logo Snapchat

Pasé las Navidades en España, y como no tengo costumbre ni conocimiento de cómo usa allí la gente sus redes sociales, me dio por visitar en Instagram las localizaciones de los lugares que visitaba: restaurantes, sitios turísticos, hoteles o gimnasios, por ejemplo.

Y me llamó particularmente la atención algo que ya había observado antes en otras cuentas de amigos, como la de Mau, que es el hecho de que aquellos usuarios de Instagram que también usan Snapchat tienen en sus fotos una cantidad de likes (cientos) inalcanzable para todos aquellos que sólo usamos Instagram a un nivel, digamos, de usuario básico (subir y compartir fotos de momentos cotidianos).

Me acordé entonces de esa barrera que hay a la hora de adoptar Snapchat como la siguiente plataforma, cuando tienes una cierta edad y ya usas Twitter, Facebook o Instagram, y quieres ver qué “más” hay. Hay una resistencia a la interfaz, sí, porque no es sencilla. Pero sobre todo es resistencia al broadcast (casi en tiempo real y sin archivo) de la vida de uno. “¿Cómo? ¿Compartir vídeos o fotos de lo que estoy haciendo con extraños?”

Los chicos, en cambio, parecen disfrutarlo. No piensan en quien los ve como “extraños” sino como “mi público”. Y lo llevan de una plataforma a otra con singular esmero y alegría. Y ese “público” va y viene, sin quejarse y dejando registro (un like por aquí, un comentario por allá, un DM pidiendo información por el otro lado…) del viaje que hacen siguiendo a ese personaje.

Qué bonito que lo tengan tan claro (cada usuario y su audiencia), al contrario que todas esas marcas que llevan desde 2009 en crisis existencial, empeñadas como están en que han de hacer “amigos”.