Industrias descalabradas de rebote

La última milla

Aunque los más puristas no compartirán mi opinión, creo que hay palabras que fonéticamente son más poderosas en inglés que en castellano. Por ejemplo, “represalia” no suena tan temible como su traducción en inglés, “retaliation”. O “rebotar”, que en inglés puedes traducir por “ricochet” y que suele utilizarse, por ejemplo, para hablar de lo que sucede cuando una bala no alcanza su objetivo y rebota contra alguna superficie, tomando un rumbo peligroso e impredecible.

Y así, podríamos calificar como una especie de “efecto Ricochet” al que está alcanzando a algunas industrias en plena yugular, cuando en principio no había en ninguna de ellas un actor que jugara el rol que jugó Netflix con Blockbuster o Instagram con Kodak.

Por ejemplo, esas empresas de transportes que eran “dueñas” de lo que se denomina “la última milla”, ese término que describe el movimiento de personas y bienes desde un almacén hasta un domicilio para satisfacer un pedido. Y que los usuarios también utilizábamos para hacer llegar un documento de un punto a otro de una ciudad a unos costes, pensándolo bien, algo prohibitivos.

Todas ellas despreocupadas (o ligeramente preocupadas por noticias como las de Amazon entregando pedidos con drones), y que de repente hoy se ven descolocadas porque ahora es mucho más fácil pedir un Uber para que sean sus conductores los que completen el servicio.

O piensen también en todas esas compañías cuya expectativa de los usuarios para con ellas pueda haber cambiado, ahora que esos usuarios se han acostumbrado a un servicio como el que Uber ofrece a la hora de proporcionar movilidad, como bien escribía René Lankenau en este post que pude leer la semana pasada.

Balas perdidas e industrias “ricocheteadas”, descalabradas de rebote.

Lo digital, la electricidad y los nuevos pioneros

Gold Rush - California

Puede que haya llegado la hora de dejar ir. Del desapego liberador.

De darse cuenta de que es complicado ser pionero o relevante en una industria que ha sido ya más saqueada que las pepitas de oro en California en la era en la que todos iban buscando su propio Dorado.

Vean la foto que abre el post. Reemplacen “Cada uno de nosotros busca oro” por “Cada uno de nosotros es dueño de una agencia de publicidad digital”, por ejemplo. En un lugar donde cada vez había menos pepitas, que recuerda a este lugar de publicidad donde cada vez hay menos oportunidades de hacer trabajos ilusionantes porque vivimos en un mundo donde la mayoría de marcas viven esclavas de lo que yo denomino “la tiranía* de las pequeñas cosas”: el próximo trimestre de ventas, la promoción para el próximo fin de semana, los resultados de un testeo cualitativo y cuantitativo antes de lanzar su próximo spot de TV de 30 segundos, etc.

*“La tiranía de las pequeñas cosas” es la antítesis de lo que yo contaba en este post acerca de preguntarle a las marcas qué quieren ser de mayores.

Esas marcas (y sus agencias) que siguen hablando hoy de cómo incorporar la palabra “digital” o “social media” a su comunicación o a sus procesos me hacen pensar en que probablemente en 1910 habría conversaciones en algunas compañías de la época que transcurrirían así:
“Jefe, ¿nos pasamos ya a la luz eléctrica o compramos más velas para alumbrar a los trabajadores?

Así que como hoy TODO es digital y TODO es social (llámenme para una conferencia si necesitan que se lo desglose más detenidamente), quizá debiéramos buscar nuevas palabras que nos enviaran a descubrir nuevos horizontes. Por ponerles un ejemplo, la Realidad Virtual.
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Que entren los filósofos

Makers, Doers, Thinkers

Por lo general, cuando el ser humano tenía una necesidad inventaba la tecnología para satisfacerla en la medida de lo posible. De alguna forma, la necesidad dirigía el “descubrimiento”.

Ahora parece todo lo contrario. Uno siente que algunas tecnologías han superado ya con creces muchas de las necesidades del ser humano. Existen, pero sin un propósito definido (más allá del puramente militar, por ejemplo, con los drones).

Uno de los mejores ejemplos es el género de la ciencia-ficción, del que comentábamos hace unos meses que ha sido “disrrumpido” por la realidad. Si se fijan, obras como “Black Mirror” ya no inciden en el descubrimiento de nuevas tecnologías o breakthroughs científicos, sino en la parte ética de quién y cómo se utilizan aquellos avances que ya existen.

Pareciera como si después de unos años de auge de los “makers” (o “doers” o como quieran llamarlos), volviéramos a necesitar “thinkers”. Filósofos (para replantearse problemas esenciales como la existencia o el lenguaje), Filólogos (para darle nombre a todos esos nuevos objetos con los que ahora convivimos y comportamientos que de ellos se devienen), Éticos, etc. Pensadores, en suma. Lo que me hace pensar en la necesidad de reinventar esas carreras universitarias cuya existencia no es obsoleta, pero sus contenidos sí. Ya no puedes estudiar sólo el “de dónde venimos”, sino que se hace imperiosa la necesidad de averiguar “a dónde nos dirigimos”.

Porque cuando alguien dice “el futuro ya está aquí”, la primera respuesta debiera ser “Sí, pero ¿qué futuro?”. No parece que sea algo que deba estar únicamente en manos de los “makers”.

Prepararse para cuando llegue la ola

Ola rompiendo

Preguntas a veces por qué alguien asiste a un curso o conferencia y te responden:

Porque hay que estar preparado para cuando llegue la ola.

Lo que deja a quien lo dice en una situación muy incómoda (y peligrosa), porque la ola ya llegó y arrambló con todo a su paso, el futuro es más “District 9” que luces de neón y, como dice Salles, no somos otra cosa que lo que dejó el tsunami.

Aduanas del 2016

Fui y regresé rápido de Lima (Perú) para una conferencia, y en el avión de regreso a México (que casi pierdo) me dio por leer los formularios de aduana para saber qué artículos puedes introducir en el país:

Formulario de aduana de entrada a México

Me pareció sumamente divertido que prácticamente toda la lista de aparatos electrónicos viva ahora en mi teléfono móvil, y me acordé de este vídeo (cortesía de BestReviews):

La lista ha de ser prácticamente la misma en cualquier país del mundo: Aduanas de 2016. Formularios de 2003.

Las interfaces de Analucy

Teléfono a la escucha

La forma en que Analucy ve dibujos animados en su iPad es pidiéndoselo a Siri. Ella pulsa el botón de HOME con uno de sus deditos, Siri le pregunta en qué puede ayudarla y Analucy le dice, por ejemplo, “My Little Pony Youtube”.

Siri le contesta “Ok, esto es lo que he encontrado” junto con una lista de enlaces, de los que Analucy elige uno y espera tranquilamente a que la conexión a Internet haga su trabajo y la lleve hasta el vídeo que ella acaba de seleccionar.

Hasta que hace unos días, aún sin Internet en casa por la reciente mudanza, le enseñé una lista de juegos en la pantalla de mi laptop. Ella escogió uno y yo le dije que ese “era el juego número 53”. Entonces, Analucy se inclinó para acercar su cara a la pantalla de mi laptop y le dijo, muy firmemente: “CINCO, TRES”

Obviamente, no pasó nada, y Analucy me miró entre confundida y enfadada, porque qué clase de iPad extraño era esa laptop que estaba sobre la mesa del comedor. Entonces yo intenté explicarle que tenía que usar el ratón o el teclado para pulsar sobre el número de juego que quería. Y fue entonces cuando al agarrar ella el ratón me di cuenta de que, para Analucy, el ratón de una computadora era una especie de objeto alienígena, que tenía tanto sentido en su vida como pueda tenerlo para mí un teléfono de disco o un walkman. Era como ver a Indiana Jones agarrando un objeto precioso… y antiguo.

Pensamos que lo “antiguo” es una radio o un reproductor de vídeo VHS, pero en realidad es una palabra que se extiende de forma cada vez más rápida a más y más objetos en una especie de metástasis implacable. A un ratón o a un teclado de ordenador, por ejemplo. Me pregunté entonces si Analucy tendrá necesidad de usar un ratón alguna vez en su vida, cuando puede directamente hablar con las máquinas o usar sus dedos (o un lápiz stylus) para dibujar lo que crea conveniente.

Tarjeta perforada

La certeza de lo que acabo de narrar en el párrafo anterior me pilló por sorpresa, pero le dio sentido a otra de las cruentas batallas de “Las Guerras del Interfaz” de las que hablaba hace unos días: el próximo Santo Grial en dichas guerras es el reconocimiento de voz. Es por eso por lo que compañías gastan millones de dólares en perfeccionar esta tecnología, porque niños y niñas como Analucy ven el ratón y el teclado como nosotros vemos ahora aquellos enormes ordenadores que funcionaban con tarjetas perforadas.

Días después le contaba esta anécdota a Dany Saadia, el cual me refirió a una (parece ser) célebre escena de “Star Trek”, donde Scott (que acaba de viajar en el tiempo, del futuro hasta el pasado, para salvar unas ballenas), vive algo similar a lo que le sucedió a Analucy:

Así que cuando apenas vamos terminando de pensar en cómo se ve el sitio web de nuestra compañía en un dispositivo móvil, resulta que hay que empezar a preocuparse de cómo se va a navegar… con la voz. Y eso para empezar, porque la calificación de “antiguo” avanza rápido, rápido, rápido.

O como decía una maldición china: “Ojalá vivas tiempos interesantes.”

Las marcas como interfaz

Dedo e interfaz

Los más asiduos de este blog recordarán este antiguo post donde una imagen pedía a los usuarios que dieran cabezazos al teclado.
Durante mucho tiempo usé ese ejemplo en mis conferencias, porque más allá de lo (aparentemente) estúpido de la petición, lo interesante era que la imagen no era un contenido que compartir, sino una “herramienta” que pedía a los usuarios hacer algo. Y de entre todas las interacciones (dejar comentarios) de los mismos se generaba una divertida dinámica donde todos esos usuarios estaban creando una historia a medida que los cabezazos al teclado se sucedían, comentando unos las interacciones de los otros.

Sirve como ejemplo para, seis años después, explicar por dónde pudiera transitar el futuro publicitario de muchas marcas. Durante años escuchamos una y otra vez “el contenido es el rey”, pero los hechos parecieran demostrar lo contrario.

Las marcas siguen gastando ingentes cantidades de dinero en crear contenidos con los que poblar todas sus posesiones en redes sociales, pero de alguna manera todas ellas siguen rehenes de quien sirve a los usuarios todos esos contenidos: empresas de tecnología.

Porque hoy, las empresas a las que mejor les va en aquello de la publicidad son empresas de tecnología, especialmente Google, Facebook y (quizá) Snapchat. Y lo consiguen proporcionando a los usuarios, no un contenido, sino una interfaz en la que a veces consumir, pero sobre todo en la que poder interactuar con la interfaz y con otros usuarios para poder crear sus propias historias.

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Adoptando tecnología

Este era mi teléfono en 2003, la primera vez que viajé a Estados Unidos, un Nokia 7650:

Siempre recordaré, al pasar por uno de los controles de seguridad, mi conversación con un agente muy malencarado que intentaba abrir el teléfono como si fuera uno de esos antiguos Motorola StarTAC:

Agente: ¿Qué es esto, señor?
Yo: Un teléfono
Agente: No parece un teléfono
Yo: Se abre así, tiene una cámara
Agente: ¿Una cámara de fotos en el teléfono? ¿Para qué?

Catorce años después nadie se pregunta por qué tener una cámara de fotos en el teléfono, todos lo aceptamos como algo normal y ni siquiera recordamos cómo eran los teléfonos antes de la aceptación masiva de la fotografía digital.

Realidad aumentada

Vivimos estos días la explosión de popularidad de Pokémon Go y, por ende, de la tecnología que la soporta (Realidad Aumentada). Pero la Realidad Aumentada no es nada nuevo. Ya la usábamos en publicidad hace ocho o nueve años, con la única diferencia de que usábamos la webcam de tu ordenador en vez de la cámara de un teléfono. Pero es ahora cuando los usuarios la comienzan a utilizar sin poner en cuestión la capa de tecnología que la soporta.

Siguiendo la estela, muchas otras tecnologías están aún a, al menos, diez años de que sean masivamente aceptadas y/o entendidas: nanotecnología, criptomonedas, inteligencia artificial, etc. Y es ahora y en la intersección de muchas de ellas donde hay grandes oportunidades.

Charla en Social Media Week CDMX (vídeo + presentación)

Charla de Daniel Granatta - Social Media Week CDMX 2016

Como les conté antaño, este año di una charla en Social Media Week CDMX titulada “Las fuerzas invisibles de la tecnología y los hijos que le dejamos al planeta”.
Aparte de ser una de las mejores cosas que me han ocurrido en la vida, convivir con una niña de tres años también “reseteó” la forma en que veo y aprendo sobre tecnología

La presentación:

Conferencia (+ descuento) en Social Media Week CDMX

Palacio de Bellas Artes - CDMX

Seré conciso, por una vez.

La próxima semana (del 6 al 10 de Junio) se celebra en la Ciudad de México la segunda edición del evento Social Media Week, en el que voy a participar (el martes 7 de Junio, a las 4pm) dando una charla que se llama (tatatachán) “Las fuerzas invisibles de la tecnología y los hijos que le dejamos al planeta”, cuya sinopsis es:

Nos pasamos media vida preocupados por la clase de mundo que íbamos a dejarle a nuestros hijos, pero la tecnología avanzó tanto que es hora de pensar en la clase de hijos que vamos a dejarle a nuestro planeta. Y a Keith Richards, por supuesto.

Código de descuento SMW CDMX

Como sé que les gusta dejarlo todo para el último momento, les dejo un código de descuento por si deciden comprar su pase para el festival (es válido hasta mañana miércoles 1 de junio a las 11:59pm):
1.- Accedan a socialmediaweek.org/mexicocity/attend/
2.- Utilicen el código smw4you al comprar un Campus Pass

Espero verlos allí.
See you later, alligator 🙂