Las interfaces de Analucy

Teléfono a la escucha

La forma en que Analucy ve dibujos animados en su iPad es pidiéndoselo a Siri. Ella pulsa el botón de HOME con uno de sus deditos, Siri le pregunta en qué puede ayudarla y Analucy le dice, por ejemplo, “My Little Pony Youtube”.

Siri le contesta “Ok, esto es lo que he encontrado” junto con una lista de enlaces, de los que Analucy elige uno y espera tranquilamente a que la conexión a Internet haga su trabajo y la lleve hasta el vídeo que ella acaba de seleccionar.

Hasta que hace unos días, aún sin Internet en casa por la reciente mudanza, le enseñé una lista de juegos en la pantalla de mi laptop. Ella escogió uno y yo le dije que ese “era el juego número 53”. Entonces, Analucy se inclinó para acercar su cara a la pantalla de mi laptop y le dijo, muy firmemente: “CINCO, TRES”

Obviamente, no pasó nada, y Analucy me miró entre confundida y enfadada, porque qué clase de iPad extraño era esa laptop que estaba sobre la mesa del comedor. Entonces yo intenté explicarle que tenía que usar el ratón o el teclado para pulsar sobre el número de juego que quería. Y fue entonces cuando al agarrar ella el ratón me di cuenta de que, para Analucy, el ratón de una computadora era una especie de objeto alienígena, que tenía tanto sentido en su vida como pueda tenerlo para mí un teléfono de disco o un walkman. Era como ver a Indiana Jones agarrando un objeto precioso… y antiguo.

Pensamos que lo “antiguo” es una radio o un reproductor de vídeo VHS, pero en realidad es una palabra que se extiende de forma cada vez más rápida a más y más objetos en una especie de metástasis implacable. A un ratón o a un teclado de ordenador, por ejemplo. Me pregunté entonces si Analucy tendrá necesidad de usar un ratón alguna vez en su vida, cuando puede directamente hablar con las máquinas o usar sus dedos (o un lápiz stylus) para dibujar lo que crea conveniente.

Tarjeta perforada

La certeza de lo que acabo de narrar en el párrafo anterior me pilló por sorpresa, pero le dio sentido a otra de las cruentas batallas de “Las Guerras del Interfaz” de las que hablaba hace unos días: el próximo Santo Grial en dichas guerras es el reconocimiento de voz. Es por eso por lo que compañías gastan millones de dólares en perfeccionar esta tecnología, porque niños y niñas como Analucy ven el ratón y el teclado como nosotros vemos ahora aquellos enormes ordenadores que funcionaban con tarjetas perforadas.

Días después le contaba esta anécdota a Dany Saadia, el cual me refirió a una (parece ser) célebre escena de “Star Trek”, donde Scott (que acaba de viajar en el tiempo, del futuro hasta el pasado, para salvar unas ballenas), vive algo similar a lo que le sucedió a Analucy:

Así que cuando apenas vamos terminando de pensar en cómo se ve el sitio web de nuestra compañía en un dispositivo móvil, resulta que hay que empezar a preocuparse de cómo se va a navegar… con la voz. Y eso para empezar, porque la calificación de “antiguo” avanza rápido, rápido, rápido.

O como decía una maldición china: “Ojalá vivas tiempos interesantes.”

Las marcas como interfaz

Dedo e interfaz

Los más asiduos de este blog recordarán este antiguo post donde una imagen pedía a los usuarios que dieran cabezazos al teclado.
Durante mucho tiempo usé ese ejemplo en mis conferencias, porque más allá de lo (aparentemente) estúpido de la petición, lo interesante era que la imagen no era un contenido que compartir, sino una “herramienta” que pedía a los usuarios hacer algo. Y de entre todas las interacciones (dejar comentarios) de los mismos se generaba una divertida dinámica donde todos esos usuarios estaban creando una historia a medida que los cabezazos al teclado se sucedían, comentando unos las interacciones de los otros.

Sirve como ejemplo para, seis años después, explicar por dónde pudiera transitar el futuro publicitario de muchas marcas. Durante años escuchamos una y otra vez “el contenido es el rey”, pero los hechos parecieran demostrar lo contrario.

Las marcas siguen gastando ingentes cantidades de dinero en crear contenidos con los que poblar todas sus posesiones en redes sociales, pero de alguna manera todas ellas siguen rehenes de quien sirve a los usuarios todos esos contenidos: empresas de tecnología.

Porque hoy, las empresas a las que mejor les va en aquello de la publicidad son empresas de tecnología, especialmente Google, Facebook y (quizá) Snapchat. Y lo consiguen proporcionando a los usuarios, no un contenido, sino una interfaz en la que a veces consumir, pero sobre todo en la que poder interactuar con la interfaz y con otros usuarios para poder crear sus propias historias.

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Adoptando tecnología

Este era mi teléfono en 2003, la primera vez que viajé a Estados Unidos, un Nokia 7650:

Siempre recordaré, al pasar por uno de los controles de seguridad, mi conversación con un agente muy malencarado que intentaba abrir el teléfono como si fuera uno de esos antiguos Motorola StarTAC:

Agente: ¿Qué es esto, señor?
Yo: Un teléfono
Agente: No parece un teléfono
Yo: Se abre así, tiene una cámara
Agente: ¿Una cámara de fotos en el teléfono? ¿Para qué?

Catorce años después nadie se pregunta por qué tener una cámara de fotos en el teléfono, todos lo aceptamos como algo normal y ni siquiera recordamos cómo eran los teléfonos antes de la aceptación masiva de la fotografía digital.

Realidad aumentada

Vivimos estos días la explosión de popularidad de Pokémon Go y, por ende, de la tecnología que la soporta (Realidad Aumentada). Pero la Realidad Aumentada no es nada nuevo. Ya la usábamos en publicidad hace ocho o nueve años, con la única diferencia de que usábamos la webcam de tu ordenador en vez de la cámara de un teléfono. Pero es ahora cuando los usuarios la comienzan a utilizar sin poner en cuestión la capa de tecnología que la soporta.

Siguiendo la estela, muchas otras tecnologías están aún a, al menos, diez años de que sean masivamente aceptadas y/o entendidas: nanotecnología, criptomonedas, inteligencia artificial, etc. Y es ahora y en la intersección de muchas de ellas donde hay grandes oportunidades.

Charla en Social Media Week CDMX (vídeo + presentación)

Charla de Daniel Granatta - Social Media Week CDMX 2016

Como les conté antaño, este año di una charla en Social Media Week CDMX titulada “Las fuerzas invisibles de la tecnología y los hijos que le dejamos al planeta”.
Aparte de ser una de las mejores cosas que me han ocurrido en la vida, convivir con una niña de tres años también “reseteó” la forma en que veo y aprendo sobre tecnología

La presentación:

Conferencia (+ descuento) en Social Media Week CDMX

Palacio de Bellas Artes - CDMX

Seré conciso, por una vez.

La próxima semana (del 6 al 10 de Junio) se celebra en la Ciudad de México la segunda edición del evento Social Media Week, en el que voy a participar (el martes 7 de Junio, a las 4pm) dando una charla que se llama (tatatachán) “Las fuerzas invisibles de la tecnología y los hijos que le dejamos al planeta”, cuya sinopsis es:

Nos pasamos media vida preocupados por la clase de mundo que íbamos a dejarle a nuestros hijos, pero la tecnología avanzó tanto que es hora de pensar en la clase de hijos que vamos a dejarle a nuestro planeta. Y a Keith Richards, por supuesto.

Código de descuento SMW CDMX

Como sé que les gusta dejarlo todo para el último momento, les dejo un código de descuento por si deciden comprar su pase para el festival (es válido hasta mañana miércoles 1 de junio a las 11:59pm):
1.- Accedan a socialmediaweek.org/mexicocity/attend/
2.- Utilicen el código smw4you al comprar un Campus Pass

Espero verlos allí.
See you later, alligator 🙂

La educación de 2025

MInistros de Educación de España

Leo en una revista del pasado fin de semana distintas entrevistas con algunos de los últimos Ministros de Educación de España, expresando su opinión al respecto de qué es lo que ha fallado en el sistema educativo del país.

Mientras disertamos sobre lo que fue (o no), nadie sabe cómo será la educación en 2025. Nuestros hijos van a la escuela a estudiar algo que sabemos que probablemente no les sirva para mucho en su futuro, pero tienen que ir porque “así es como son las cosas”.

La tecnología avanza y se nos van quedando caducas todas las referencias y las cartas de navegación que sirvieron en el pasado. La educación de tus hijos, o de los míos o de los de cualquiera, está probablemente más en nuestras propias manos que en las de cualquier Gobierno o Ministro que pase por el puesto en los años venideros.

Sin embargo, es ese un tema con el que no queremos lidiar y por eso el futuro es tan temible, porque depende de nosotros y ninguno queremos hacernos cargo de semejante responsabilidad; mejor se la dejamos a otro para así poder emplear nuestro tiempo en, por ejemplo, utilizar el último filtro de Snapchat, mientras esperamos que todo lo demás se resuelva por sí solo.

El día en que desaparecieron los idiomas

Torre de Babel

La implicación principal del crecimiento exponencial de la tecnología es la de que, por un precio cada vez más asequible, nuestros ordenadores tienen cada vez más capacidad para realizar cálculos por segundo.

Imagina, por ejemplo, la cantidad de variables a tener en cuenta y operaciones que ha de realizar un coche autopilotado en un instante determinado. Hace muchos años era imposible realizar tantos cálculos simultáneamente, y hace algunos menos años ya era posible, pero muy caro. Ahora, ambas dos se cumplen, y por ello es muy probable que un día, mucho antes de lo que te esperas mientras lees estas líneas, te veas dentro de un coche que circula de forma autónoma.

Siendo emigrante en un país cuyo idioma es distinto al del lugar en que nací, esa forma de crecimiento (del que puedes saber más leyendo estos textos que publiqué hace casi tres años) es tremendamente relevante cuando una máquina, vía la cantidad de cálculos por segundo que ya puede realizar, es capaz de traducir prácticamente en tiempo real lo que está diciendo tu interlocutor en una conversación:

Más aún si ese “traductor” lo puedes llevar encima:

Piénsalo así: estas traducciones serán más y más “en tiempo real” cuanto más tiempo pase, incluyendo además más y más idiomas. Hasta que lleguemos al punto en el que la palabra “idioma” desaparezca porque esté carente de significado alguno.
Se puede uno imaginar entonces a los traductores del mundo levantándose en armas contra las máquinas, igual que los taxistas se levantan y revolucionan contra Uber.

Adiós a la Torre de Babel.

El bolígrafo (o no) de Bogotá

Bolígrafo Bogotá

Me dieron el bolígrafo que se muestra en la fotografía que abre este post hace algo menos de dos años, cuando fui de jurado al Festival El Dorado en Bogotá.

Yo ni había reparado en ello, porque desde el inicio pensé que lo que había en la parte de arriba era una goma de borrar (porque ya saben que en los 80s y 90s los bolígrafos incluían una goma de borrar que no borraba nada), pero justo ayer en que necesitaba firmar un documento electrónico, me percaté de que no era una goma, sino la punta de un stylus para escribir en mi iPad.

Una muestra más de cómo ver objetos desde un punto de vista analógico o un punto de vista digital: para mí, la parte valiosa es la de la tinta, mientras que para alguien menor de 13 años la parte valiosa es la del stylus.

Historias del GPS

Woman shot

Elderly woman shot dead after Waze GPS app leads her, husband down dangerous Brazilian neighborhood.

O sea, lo que yo decía hace dos años.

Otra joya al respecto es la de este GPS “recalculando nueva ruta” (léase con voz de asistente de GPS) porque el conductor del coche no gira a la derecha (porque hay un barranco):

Todavía no está claro si estos accidentes son parte de la evolución de la tecnología, o si ésta ya está completamente desarrollada y hay en curso un plan de las máquinas para eliminar a los humanos de la faz de la Tierra. Cualquiera se fía.

Después del futuro

Adaptación de Coppertone

Este vídeo de una antigua entrevista a Isaac Asimov regresó de las profundidades hace un par de semanas para hacer sus rondas por todo mi timeline de Facebook:

Es interesante porque el comentario general era el de la admiración (obvia) por las palabras de alguien adelantado a su tiempo, pero también interesante por un fenómeno que nos atormenta, quizá sin saberlo: cuando el futuro se torna presente ya no sabemos qué es lo que sucederá a continuación.

Y no porque no haya futuristas, sino porque el futuro imaginado hace 60 años era más o menos lineal, pero ahora hay tantos posibles futuros que es complicado ponerse de acuerdo en cuál sería el idóneo para nuestra especie.

A ver si Jorge Camacho y sus amigos me echan una mano. Por lo pronto, voy a apuntarme a este workshop.


* la imagen que abre este post la encontré en este post sobre un antiguo anuncio de Coppertone *