¿Redes sociales? ilimitadas

Estas Navidades vino tanta gente de visita a la Ciudad de México que apenas pasé un minuto en mi casa. Consecuencia: entre pedir Ubers y subir fotos a Instagram me terminé antes de tiempo los datos mensuales que tengo contratados con mi proveedor de telefonía móvil.

O no, porque Facebook, Twitter y Whatsapp aún funcionaban.

Intrigado (y también para pagar mi reconexión) fui a una de las tiendas de la compañía y les pregunté:

Yo: Creo que tengo los datos cortados, pero funcionan Whatsapp, Twitter y Facebook.
Empleado: Claro, señor, es que su plan contempla redes sociales ilimitadas.
Yo: ¿Redes sociales?
Empleado: Sí, lo que son (sic) Whatsapp, Twitter y Facebook.
Yo: Pero Snapchat o Instagram…
Empleado: Las redes sociales son Whatsapp, Twitter y Facebook, señor.
Yo: Ehm…

Salí de la tienda cabizbajo y con cara de Buster Keaton (porque aparte de no entender nada de lo que me dijo, el empleado de la tienda me llamó “Señor” dos veces), pensando en que una vez más las marcas operan desde lo que creen que la gente quiere (oferta) en vez de actuar de hecho en base a lo que la gente quiere (demanda). Pero sobre todo recordé este antológico post de hace unos años de Jorge Camacho sobre los ciclos del hype de cada tecnología, y como lo que a unos les parece que ya está de salida para otros es una auténtica novedad. Con la conversación en la tienda descubrí además que hay otros que ni siquiera aparecen aún en la curva.

Qué dolorosísimo el hueco que existe entre el lugar donde uno cree vivir y el lugar en el que vive la mayoría de las marcas de consumo que pueblan nuestra cultura. Y más doloroso aún para los que se dedican a trabajar para esas marcas.

Los prefijos de teléfono en México

Si quieren sentirse, no extranjeros, sino extraterrestres, en México, intenten hacer una llamada telefónica utilizando el sistema de prefijos existente en alguna de las compañías del país. Me explico. Por lo general, los números de teléfono en México contienen diez dígitos, y dependiendo del estado se usan dos o tres de ellos como prefijo, al que se da el nombre de LADA. Así, los números del Distrito Federal (donde está la Ciudad de México) comienzan con 55. En cambio, los de Coahuila (donde está Saltillo) comienzan con 844.

A partir de ahí, el delirio que voy a intentar escribir con dos variables: “Teléfono móvil-celular” y “Teléfono fijo”, que funcionan así:

Para llamar de un teléfono fijo a un teléfono fijo del mismo estado: marcas -número-
Para llamar de un teléfono fijo a un teléfono fijo de otro estado: marcas 01 + -número-
Para llamar de un teléfono fijo a un teléfono móvil del mismo estado: marcas 044 + -número-
Para llamar de un teléfono fijo a un teléfono móvil de otro estado: marcas 045 + -número-

Para llamar de un teléfono móvil a un teléfono fijo del mismo estado: marcas -número-
Para llamar de un teléfono móvil a un teléfono fijo de otro estado: marcas 01 + -número-
Para llamar de un teléfono móvil a un teléfono móvil del mismo estado: marcas -número-
Para llamar de un teléfono móvil a un teléfono móvil de otro estado: marcas -número-

Y eso es sólo en México. Si entra el factor de la internacionalidad, la cosa se escala a nivel de camisa de fuerza. Por ejemplo, con España:
Para llamar de un teléfono fijo de España a un teléfono fijo de México: marcas 0052 + -número-
Para llamar de un teléfono fijo o móvil de España a un teléfono móvil de México: marcas 0052 + 1 + -número-
Para llamar de un teléfono fijo o móvil de México a un teléfono fijo o móvil de España: marcas 0034 + -número-

Bueno, un lío, y ya saben que a mí con estas cosas se me queda cara de Buster Keaton:

Porque con los 044, 045, 0052 1, uno sólo puede pensar… seriously dude, wtf!

Telcel y sus mensajes, el horror

Siempre había pensado que si pudiera recopilar todos los mensajes absurdos que me envía Telcel (el proveedor de servicio para mi teléfono móvil) tendría un buen post por delante, por aquello de narrar las situaciones y pensamientos que me inspiran cada vez que escucho el “ding-ding” de mi teléfono anunciando la llegada de un nuevo mensaje.

No pido mucho, la verdad, uso Telcel desde que llegué a vivir en México en 2006 y tengo contrato con ellos desde finales de ese mismo año. Son ya casi tres años y medio de una relación que no tiene visos de concluir en un período de tiempo cercano, lo que quiere decir que ya es más tiempo de lo que haya podido durar cualquiera de mis relaciones sentimentales.

Así planteado, y no es por sonar ingrato, pero teniendo en cuenta que gasto cerca de mil pesos mensuales (unos 77 dólares estadounidenses o unos 63 euros), y con algunos picos de dinero realmente escandalosos gracias al roaming y el uso de la conexión de datos cada vez que estoy en el extranjero, creo que me merecería algún tipo de trato como cliente distinguido. Eso incluye no descuentos ni tarifas especiales (aunque no estaría mal), sino algún tipo de tratamiento (un VIP, o mejor aún, un VIP-cito) que hiciera pensar que soy algo más que un simple número para ellos en una base de datos. De hecho, creo que ni siquiera llego a serlo, en vista de los mensajes que recibo, que parecen enviarse al común de todos los usuarios sin distinguir entre ellos, no ya hábitos de consumo o intereses, sino ni siquiera la edad o modelo de teléfono que uso (un iPhone 3G)

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