Las compañías y tú

Gente y compañía

Las compañías las hacen las personas, no al revés.
Tu valor es tuyo, no de la compañía que te contrata, por muy cool que sea.
Es más, es por ese valor por el que te contrata a ti y no a otra persona.

Digo esto, que parece una obviedad, porque a mí también me ha pasado: si tengo este trabajo y me va bien, ¿qué va a pensar la gente si me voy de este lugar tan aparentemente “cool” a otro del que la gente piense que no lo es tanto?
Nada. No pasa nada. Porque la opinión de la gente no importa, importa lo que tú sientas y decidas.

Y en el caso de que tu actual compañía sea una GRAN compañía, te lo explico con una analogía: puedes ser novio de Cameron Díaz durante una semana, pero vas a ser el ex-novio de Cameron Díaz para toda la vida.

Lo cual es un dato interesante, si lo sabes usar bien.
Lo mismo pasa con las compañías. Porque es lícito cambiar. Porque, cuando te llegan, los vientos de cambio siempre son más fuertes que cualquier raíz, por “cool” que ésta pueda parecer.

Agencias que compran agencias digitales

Hace unas semanas escribí un post en Facebook al respecto de las agencias de publicidad que compran agencias de publicidad digital. Nótese que estoy usando muchas palabras para describir a cada compañía, pero hoy en día el panorama es tan confuso y enrevesado que sólo las palabras (a veces ni eso) pueden ayudarnos a no caer en malos entendidos.

Sea como sea, quería darle contexto a dicho posteo. Y por ello esta publicación.

Ceros y Unos

Empecemos por el principio
Desde que regresé de Miami he aprovechado para reencontrarme con mucha gente a la que hace tiempo que no veía. En uno de esos encuentros, desayuno de por medio, el amigo al que vi ese día me inquirió:
“¿Sabes que la nombre_de_agencia_1 va a comprar a nombre_de_agencia_2 para que sea su agencia digital?”

Imaginen que se congela la imagen.
Imaginen que se escucha el sonido de un disco rayado.
Imaginen una voz en off que dice: “Quizá se preguntarán cómo he llegado hasta aquí.”

El antecedente
No mucha gente lo sabe, pero el motivo de que yo llegara a vivir a México fue una llamada telefónica de Miguel Calderón, una noche de Mayo de 2005. En nuestra conversación, Miguel me contó que una agencia multinacional de publicidad iba a comprar Grupo W (de la que Miguel era co-fundador), para que operara como “el brazo digital” (whatever that means) de la agencia compradora. Y que si quería unirme a ellos en la aventura.

Dicha adquisición, por motivos que no vienen al caso, nunca se produjo. Pero no importó. En 2006 desembarqué en Saltillo (Coahuila) para descubrir en México una segunda patria para mí.

Mayo de 2005, les digo.
No puede ser cierto que en 2016 haya compañías que pretendan subirse al “futuro” de la misma forma a como se intentaba hacer hace once años.
¿O sí?

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La ciudadanía como servicio

Pasaporte de España

Como decía Bunbury, “donde quiera que voy, me llaman el extranjero”. Extranjero hasta en España. Llego y pongo la televisión, pero no tengo ni idea de quienes son esos que salen ni por qué salen ahí. Desconectado de esos motivos (y lo que, bien o mal, representan como espejo de parte de la cultura popular del país), ya estoy fuera de órbita, desconectado, diga lo que diga mi pasaporte.

Recién aterrizado en México después de un tiempo en Miami, otra mudanza, otra actualización de status migratorio. Una monserga, para qué engañarles.

Pienso entonces en ese día en que puedas “contratar” tu nacionalidad como ahora contratas un seguro de viaje cuando, por ejemplo, vas a Rusia por cuatro días y pagas unos cincuenta o sesenta euros.

Imagino a un montón de gente contratando ciudadanía de otro país, haciendo allí sus empresas y declarando allí sus impuestos (viene a mi mente el caso de Estonia y su “ciudadanía digital”). Pienso entonces si ese detalle de los impuestos es una bomba de protones en la economía de los países en donde todas esas personas viven físicamente, al punto de que esos países empiecen a expedir Visados de Trabajo a $20USD para atraer fuerza de trabajo contratada por empresas del país, para sostener esa economía local que se cae por la manifestación de nuestra vida global.

Por lo pronto, Estados Unidos lanzó hace un par de días un nuevo Visado para extranjeros que quieran crear sus startups si han conseguido algún inversor en suelo estadounidense.

No sé si estoy alucinando o si mis ojos llegarán a verlo.
Pero sí me gustaría, para mí y para los míos.

Perdón, los trámites migratorios me ponen reflexivo.
La ciudadanía como servicio.
Wait for it.

El documento inservible también llamado brief

Papel mojado

Los briefs de los clientes no son más que papel mojado. Como el de la imagen que abre este post.

Y es que ya saben cómo va el proceso.
El cliente A te cita, generalmente en sus oficinas. Y allí te suelta una perorata, acompañada de un documento llamado brief, donde más o menos reseña cuáles son los problemas que cree que tiene y un par de objetivos muy claros, cuyo cumplimiento (según él) los resolverán.

Te vuelves a la agencia, trabajas días (o semanas) y regresas a presentar. Todo lo propuesto gusta mucho, así que, tras un par de matices y cambios de rigor que hay que pedir (porque si no pareciera que una de las partes no está haciendo su trabajo), tu cliente se queda con la presentación y la misión de presentarla internamente.

Entonces pasan los días. Y las semanas. A veces hasta meses. Y envuelto en la vorágine de otros muchos briefs y clientes, olvidas lo que presentaste al cliente A, hasta que un día reaparece de sopetón, con más cambios de los que inicialmente te habían dicho que habrías de hacer. En ocasiones, incluso, te piden ideas nuevas para presentar dentro de un par de días. Ay.

Y mientras corres para *pensar, bocetar, presentar* te preguntas todo el rato por qué no te avisaron un par de días antes, para poder presentar una nueva buena idea en vez de algo para salir del paso. Te preguntas por qué el cliente no acordó previamente los objetivos del brief con toda la gente a la que luego les fue a presentar tus ideas, en vez de hacerte presentar algo y luego ir a cotejarlo con todos ellos, sufriendo tus ideas tantas modificaciones que, al final, lo resultante nada tiene que ver con lo que inicialmente propusiste.

Cuántas horas perdidas para el cliente por culpa de ese brief, que recogía sólo las inquietudes de una persona en vez de las de toda la compañía. Y cuántas horas perdidas en la agencia para que el resultado final sea un producto del que nadie querrá reconocer paternidad alguna.

Y he ahí el quid de la cuestión: por lo general, los briefs no sirven para nada.
Y digo que no sirven para nada desde el mismo momento en que es gratis para un cliente escribir un brief (con lo que él cree que necesita) y citar a dos o tres agencias para que le presenten propuestas al mismo.

Si un cliente tuviera que pagar (por ejemplo) diez mil dólares por briefear a sus agencias, seguro que se preocuparía más por recabar toda la información e inquietudes de la compañía en ese documento, antes de pedirle a nadie propuestas de ningún tipo.
Para no gastarse diez mil dólares en vano.

La publicidad es esa industria donde las agencias aún no saben cómo cobrar lo más valioso que generan: las ideas. Pero quizá si empezaran a cobrar por los briefs a los que acuden estaríamos más cerca de un mundo más sano para todos los que trabajamos en esto. Hasta entonces, los briefs de los clientes no son más que papel mojado. Como el de la imagen que abre este post.

Cómo pedir trabajo en una industria creativa (sin perder la fe en la humanidad)

Nota: Artículo publicado previamente aquí.

Entrevista de Spud en Trainspotting

Escribí esta entrada después de revisar más de 100 portafolios que llegaron a la agencia para diversos puestos. Lo que vi me hizo pensar que los siguientes consejos parecen tan obvios que nadie se ha tomado la molestia de darlos (o si ya existen, de difundirlos).

Estos consejos se enfocan en trabajos “creativos” (véase las comillas), aunque seguramente uno que otro puede serte útil sin importar a lo que te quieras dedicar.

Regla de Oro: NADIE TIENE TIEMPO
Las ofertas son muchas, la basura demasiada, el tiempo poco y la paciencia escasa. Si tienes esta regla de oro en mente al momento de pedir trabajo, todo lo demás se volverá obra del sentido común.

Sé Conciso
No es necesario que adornes tu petición con formalidades rimbombantes ni “ocurrencias ingeniosas”. Un mail directo no mayor a dos párrafos basta: quién eres, qué haces, puesto actual, disponibilidad y link a tu book.

Ten un portafolio funcional
Después de tu (conciso) mail, lo próximo que hará tu reclutador (que suele ser tu jefe inmediato) es ver tu trabajo. En las industrias creativas pesa más tu portafolio (lo que has hecho) que tu currículum (lo que dices haber hecho). Así que por el amor de Dios, haz que tu trabajo SEA FÁCIL DE VER.

Ten tu trabajo en línea, en un sitio sencillo, funcional y responsivo. Hoy día existen muchas opciones que te permiten hacerlo sin necesidad de saber programación: Behance, Clorofot, o incluso templates gratuitos como http://hasaportfolio.com/ (Tumblr) o http://northeme.com/theme/workality-lite/ (WordPress).

Extra tip: No mandes tu trabajo en sitios Flash. Evita en lo posible los archivos adjuntos. Quedan estrictamente vetados los Power Points.

Tienes treinta segundos de atención, así que APROVÉCHALOS
¿Te has fijado que en las búsquedas de Google no sueles pasar de los primeros 5 resultados? La misma lógica aplica cuando alguien revisa tu portafolio: lo primero que ve es con lo que se queda.

No leemos, escaneamos, así que SIEMPRE pon tu mejor trabajo por delante. Si logras convencer con tus primeras piezas que eres alguien interesante, seguramente el empleador se tomará unos minutos más para ver el resto.

Extra tip: Organiza tu trabajo de forma que sea fácil de ver y entender: imágenes grandes y explicaciones sencillas no mayores a dos párrafos.

Muestra tu potencial
Ya sea porque nunca has trabajado o porque los lugares donde has estado te robaron el alma, a veces no tienes nada profesional digno de presumir. Si es el caso, haz que tu portafolio muestre potencial.

La creatividad es más grande que una profesión. Sketches, ilustraciones, aplicaciones, prototipos, un comic, un artículo en una revista, cuentos, vines, un robot, un negocio, un emprendimiento, buenos tweets, un movimiento social, porno… cualquier cosa que hable de tu potencial creativo será mejor que todo ese trabajo real que desearías nunca haber hecho.

Extra tip: Mostrar tu potencial no significa poner TODO lo que has hecho. Muestra solo lo que sea digno de presumir.

Ofrece cuando busquen
No te desgastes a ti ni a los demás. No hay nada más cansado que te ofrezcan algo en lo que no estás interesado (pregúntale a los Testigos de Jehová o a la propia publicidad). Ley de la Oferta y la Demanda: si quieres aumentar tus probabilidades, ofrece tu trabajo cuando alguien lo esté buscando y si tienes lo que está buscando.

No desesperes, el empleo en las industrias creativas es rotativo: siempre hay necesidad de encontrar nuevo talento. Mientras esperas, enfócate en preparar un buen portafolio para cuando se presente la oportunidad, en vez de convertirte en un spam humano.

Extra tip: Casi siempre tu jefe inmediato hace la labor de Recursos Humanos. Sigue en Twitter a personas y lugares donde te interesaría trabajar; suelen ser la vía más rápida para enterarte de nuevas oportunidades.

Nada funciona si no tienes nada que mostrar
De poco sirve la buena publicidad si el producto es malo. Lo mismo aplica a lo que haces. Asegúrate que tu trabajo sea el mejor respaldo de lo que pides. Y si no es así, esfuérzate por conseguirlo.

E la nave va

La verdad es que no recuerdo haber tenido nunca tanto, tanto, tanto trabajo como en esta época de mi vida. No es queja, porque lo disfruto, pero tanta actividad deja días festivos y otras fechas de guardar como simples números en el calendario, pues al final uno pasa esos días en la oficina como si fueran uno más. Claro que, como otras personas de la agencia sí sacan tiempo para darse esos días de asueto, pueden llegar a producirse conversaciones tan bizarras como la de la imagen inferior (adivinen qué foto envió cuentas y qué foto envió creativo… ¡ja!)

Contraste en Flock

En fin, supongo que, como decía Fellini, e la nave va!

Las agencias y los truchos

Nota previa: Este post no está dirigido a ninguna persona ni empresa en particular, sino a una situación general de la industria publicitaria. Si al leerlo sientes que tú o tu empresa están siendo atacados, por favor lee el post de nuevo porque no habrás entendido nada. Como dato adicional, ya escribí una vez sobre este tema en una revista en España, y sigo manteniendo mi parecer al respecto.

Una vez realizado el inciso inicial, éstas son las tarjetas que te dan cuando entras al departamento creativo de JWT, con objeto de que puedas evaluar tus ideas antes de presentarlas (puedes hacer click sobre las imágenes para verlas a mayor tamaño):

En general, y cambiando las palabras y los colores, todas las agencias suelen tener un tabulador similar, con el propósito de tener un baremo para calificar su creatividad: desde ideas calificadas con un 1, que deberían hacer que te replantearas si quieres trabajar en publicidad, hasta ideas calificadas con un 9 ó 10, que de alguna manera redefinen la forma en que se relacionan las marcas con los usuarios. Por ejemplo, Nike+ es un buen ejemplo de 9-10 (de clase mundial, nunca visto antes), y ejemplos de 1-2 (dañina, pérdida de tiempo) puedes encontrarlo por todas partes (en la calle, revistas, etc.).

Y aquí es donde comienza el problema, porque por muchos y diversos motivos que no siempre tienen que ver con la capacidad creativa de la agencia (puede ser un factor más, pero también los deadlines imposibles, los clientes inseguros y necesitados de pre-testear todas las ideas o las agencias de medios que ya vendieron la pauta en la que vivirá la campaña antes de conocer la creatividad, por ejemplo) al final puedes ver numéricamente que el nivel promedio de las ideas que ven la luz del día a día de una agencia se mueven entre el 2 (pérdida de tiempo) y el 4 (previsible).

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The best thing you can think about a new job…

De casa a la oficina y de la oficina a casa

Lo que solía hacer para llegar a mi anterior trabajo era levantarme a las 5 de la mañana, estar en el gimnasio a las 6 y después de hacer algo de ejercicio y ducharme, estar en la oficina a las 7:30am. Y cuando no iba al gimnasio me levantaba a las 6 para estar en la agencia a las 7, porque era mejor estar una hora solo en la oficina que pasar una hora atascado en el tráfico (porque en la Ciudad de México salir veinte minutos antes o después puede implicar pasar una hora más o menos en el coche).

Así que pueden imaginar lo desubicado que me encontré el pasado martes, mi primer día de trabajo en Flock (cuya hora de entrada son las 9 de la mañana), cuando mi despertador sonó a las 8 porque vivo a diez minutos (caminando) de la oficina. Y es que todavía no me recupero de la impresión de poder ir todos los días a comer a casa, e incluso, si me apetece, dormir una siesta. Punto a favor.