Hay un Pokémon en tu tienda

Como ya sabrán, el fenómeno de las últimas semanas es Pokémon Go: todo el mundo, por todas partes, capturando Pokémon con su teléfono.

Así que no fue extraño que el domingo pasado, cuando andábamos de paseo por las instalaciones del Dolphin Mall (un gigantesco centro comercial de Miami) nos topáramos con esto:

Pokémon Go sin WiFi

Entré para preguntar cuánta gente había llegado buscando Pokémon y pedido el descuento del 10% y me dijeron… que… nadie.

Porque en ese mall hay tanta gente que el WiFi gratuito de que dispone se satura, así que si abres la aplicación cuando pasas cerca de la tienda nunca consigues que el juego se cargue completamente, porque la señal que llega a tu teléfono apenas alcanza para usar algún app de mensajería.

Alguien podrá decirme que los usuarios podrían usar su propio plan de datos en vez de el WiFi del mall, pero entonces yo contestaría que eso es dejar a la suerte uno de los elementos principales para que la gente juegue Pokémon Go: una conexión a Internet estable.

Imagino que no es éste un problema que tengan los dueños del restaurante cuya pizarra encontré en un tuit esta mañana:

Pokémon Go con WiFi

Moraleja:
Táctica de descuentos usando Pokémon Go, sí.
Y WiFi propio para que los usuarios puedan usarlo, también.

O sea, que el mayor número de variables para que la gente participe dependan de ti y no de los demás.

Adoptando tecnología

Este era mi teléfono en 2003, la primera vez que viajé a Estados Unidos, un Nokia 7650:

Siempre recordaré, al pasar por uno de los controles de seguridad, mi conversación con un agente muy malencarado que intentaba abrir el teléfono como si fuera uno de esos antiguos Motorola StarTAC:

Agente: ¿Qué es esto, señor?
Yo: Un teléfono
Agente: No parece un teléfono
Yo: Se abre así, tiene una cámara
Agente: ¿Una cámara de fotos en el teléfono? ¿Para qué?

Catorce años después nadie se pregunta por qué tener una cámara de fotos en el teléfono, todos lo aceptamos como algo normal y ni siquiera recordamos cómo eran los teléfonos antes de la aceptación masiva de la fotografía digital.

Realidad aumentada

Vivimos estos días la explosión de popularidad de Pokémon Go y, por ende, de la tecnología que la soporta (Realidad Aumentada). Pero la Realidad Aumentada no es nada nuevo. Ya la usábamos en publicidad hace ocho o nueve años, con la única diferencia de que usábamos la webcam de tu ordenador en vez de la cámara de un teléfono. Pero es ahora cuando los usuarios la comienzan a utilizar sin poner en cuestión la capa de tecnología que la soporta.

Siguiendo la estela, muchas otras tecnologías están aún a, al menos, diez años de que sean masivamente aceptadas y/o entendidas: nanotecnología, criptomonedas, inteligencia artificial, etc. Y es ahora y en la intersección de muchas de ellas donde hay grandes oportunidades.

Llamando a las marcas

Leia pide ayuda a Obi Wan

Recuerdo hace unos años, cuando la campaña de un famoso banco en España terminaba interpelando a los usuarios con la pregunta “¿Hablamos?”. Contaba Daniel Solana que una vez les envió un correo que simplemente decía “Hablemos.” que, obviamente, nunca fue respondido.

Aquí para ayudar

Pensé en ello hace unos días, cuando vi el hashtag del tweet de la imagen que está sobre estas líneas, porque es algo que hacen mucho las marcas, aún en esta época del Social Media: crear hashtags basados en el claim de sus campañas, no tanto en los posibles usos que de la marca puedan hacer los usuarios. Si son las marcas las que hablan en primera persona, entonces no le dejan nada de espacio a los usuarios para que expresen lo que requieren; con razón nadie utiliza esos hashtags.

En un símil que pudiera parecer apropiado pensé en si la Princesa Leia hubiera usado Twitter en la primera entrega de la saga Star Wars:

you’re my only hope #helpmeobiwankenobi

Pero si Obi Wan Kenobi hubiera sido una marca, igual le habría pedido tuitear usando el hashtag #obiwanhelpsyou. Y Leia se hubiera negado a usarlo. Y nunca se habrían terminado encontrando ni ayudando a Luke Skywalker. Un desmadre, vaya.

Queridas marcas, aunque les guste mucho su nueva campaña, déjenle la primera persona del singular a sus usuarios.

Calvin y Hobbes y Tay

Como les contaba en este post sobre lo que yo llamo “la agonía de las máquinas”, cada vez que algo que tiene que ver con un robot o una Inteligencia Artificial sale mal no podemos dejar de sentir un cierto dejo de lástima, porque los consideramos hijos nuestros. Somos los Doctor Frankenstein de esta generación.

Chatbot Tay

Imagino que ya lo habrán leído, pero si no aquí hago un breve recuento. Hace algo más de una semana, Microsoft lanzó un chatbot llamado Tay en Twitter. Su objetivo era aprender a comportarse y relacionarse nutriéndose de sus interacciones con el resto de usuarios en Twitter. Como pueden imaginar, la cosa terminó fatal, porque en menos de 24 horas Tay se había vuelto un bot racista y neonazi que acosaba a otros usuarios, situación que condujo a su “desactivación”.

Días después fue “reactivado”, sólo para comenzar a publicar mensajes de spam y otros que parecían desesperados gritos de socorro –“you are too fast, please take a rest”-, de modo que fue “desactivado” por segunda vez.

Mientras decidimos si lo ocurrido es cómico o trágico, esta tira de Calvin y Hobbes da justo en el clavo:

Calvin y Hobbes - Psychotic computer

– Leí que unos científicos están intentando crear computadoras que piensen. ¿No es extraño? Si las computadoras piensan, ¿en qué seremos los humanos mejores que ellas?
– Comportamiento irracional.
– Quizá inventarán una computadora psicótica.

Por cierto, no se rían de Microsoft. Su approach de agregar AI a sus apps (desde Skype hasta Excel) es de lo más emocionante que se ha escuchado desde que Apple lanzó su primer iPhone. Como dice Mau Ruiz, Microsoft vuelve a ser cool.

No es la app, estúpido

Usuarios interconectados

Parafraseo la famosa frase de Bill Clinton en su campaña de 1992 (“es la economía, estúpido”), para hablar de todas ocasiones en las que alguien comienza exponiendo su idea diciendo algo similar a:
“Hemos pensado en una app que…”

Me gusta pensar que la tecnología no es más que un habilitador para las ideas (no a la inversa), así que cuando escucho algo así no puedo sino pensar en que una app, por sí sola, no sirve para nada, pues depende enteramente de la gente que la utiliza.

Piensa en Whatsapp, piensa en Tinder, piensa en Waze. Son herramientas tan valiosas por la gente que conecta, no por su funcionalidad en sí misma. Es la gente que la usa la que hace de Whatsapp una herramienta más valiosa que Line. O de Facebook un lugar más valioso que Tuenti. La gente, y no la utilidad (que es similar en el par de ejemplos que cito) es la que da el valor.

Por eso, cuando alguien presenta una idea diciendo que es una app siempre me viene a la mente el ejemplo de Nike+. Recuerden cómo comenzó: un chip en tu zapatilla y una aplicación en el teléfono, sincronizados para “taggear” cuánto corres, y así poder agregar tus kilómetros en un lugar donde el resto de usuarios pueden hacer lo mismo.

Cuando alguien comienza a explicar su idea diciendo que tiene una app, pienso que es como si explicara Nike+ hablando durante dos horas de cómo está hecho el chip o la aplicación del teléfono.

Y no, ninguno de los dos es lo importante. Son imprescindibles, claro está, pero nunca como fin, sino como medio para que todos los usuarios y usuarias tengan la oportunidad de conectarse o compararse entre ellos gracias a una misma unidad (en este caso, los kilómetros) dentro de una plataforma.

Lo que importa no es la app, sino las relaciones que se establecen entre aquellos que la utilizan.

No está mal pensar en una utilidad y en cómo una aplicación podría ayudar a darle vida, pero tarde o temprano se van a topar con un muro si no piensan en qué es lo que tienen en común todos los usuarios que la utilicen (ser el que más corre, querer tener más citas, ser el mejor fotógrafo o encontrar la mejor ruta a casa en coche, por ejemplo). Si lo averiguan, tienen entre manos una plataforma. Y esa es su idea, no la app.

¡No es la app, estúpido!

Big Data y la Espada del Augurio

Imagen de León-O (Thundercats)

Se ha hablado mucho de Big Data en publicidad, pero la realidad es que casi todos los ejemplos que existen de su aplicación tienen que ver con la optimización de medios (Display y Search, básicamente). Lo que no hay son ejemplos de cómo usar Big Data para crear experiencias a través de historias que le aporten valor a los usuarios.

En Flock tuve la oportunidad de colaborar con el departamento de Big Data de la agencia, así que pensé que valdría la pena compartir un poco de lo que aprendí en vista de la escasez de referencias.

¿Qué es Big Data?
Para entender Big Data debemos primero hablar de la digitalización lo que nos rodea. La digitalización de algo sucede cuando logramos representar ese algo (objeto, imagen, sonido, documento o señal) en forma de unos y ceros. O sea, en un formato que puede leer una computadora. Los ejemplos clásicos de la digitalización son los documentos, la música, los libros y las imágenes, pero cada día se digitalizan más cosas menos obvias como la actividad física de una persona, las vibraciones de un motor y el estrés de un puente.

Gracias a la digitalización, estamos presenciando una explosión de datos. Estudios estiman que en el 2002 se generaron en el planeta 5 exobytes de información nueva (un exabyte es un billón de gigabytes). En el 2006 se generaron 161 exabytes; en el 2010, 988 exobytes y en el 2012, 2837.

El avance de la digitalización y la consecuente explosión de los datos han provocado un diluvio de información en muchas organizaciones. El concepto de Big Data se acuñó cuando el volumen de información/datos se volvió tan grande que no se podía examinar con las capacidades ni las herramientas de las computadoras, así que los ingenieros tuvieron que desarrollar nuevas herramientas para analizarla.

Aunque no existe una definición rigurosa, Big Data se refiere a los insights y nuevos tipos de valor que podemos generar a partir de examinar datos a gran escala. En muchos casos, estos insights y nuevas formas de valor son tan poderosos que pueden transformar industrias enteras.

Espada del Augurio

La Espada del Augurio
Me gusta pensar que Big Data es como la Espada del Augurio. Para aquellos que no la conocen, la Espada del Augurio es el arma de León-O, señor de los Thundercats y el héroe principal de la serie animada del mismo nombre. La Espada del Augurio era única porque tenía un ojo de cristal incrustado en su base capaz de verlo todo. A través de este ojo, León-O podía “ver más allá de lo evidente”: observar eventos y cosas lejanas u ocultas que le ayudaban a derrotar a sus enemigos y salvar a los habitantes del planeta. Por sí sola, la espada no servía de mucho, pero en manos de León-O, la espada se volvía un arma formidable difícil de superar.

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Tecnología que crece, comportamiento que nace

En este blog siempre me ha parecido muy interesante escribir sobre cómo el crecimiento exponencial de la tecnología va haciendo notarse a ésta en el contexto en el que todos convivimos de forma cada vez más popular, desde cuando se basaba únicamente en poner logos de Twitter y Facebook en billboards publicitarios hasta cuando Psy rebasó los mil millones de hits en YouTube con su primer vídeo.

Y ahora, creo, los cambios empiezan a ser más sutiles, porque ya no tienen que ver con la tecnología sino cómo su presencia nos afecta, más allá de la ya tan sabida netiqueta cuando estamos en línea. Y un par de ejemplos que me han sucedido recientemente.

Por ejemplo, sacar el teléfono para tomar fotos o grabar en vídeo a unos niños que subieron a probar la tienda que hicimos para Nike. Justo cuando iba a empezar la grabación una duda me invadió: ¿es lícito tomar imágenes o vídeos de menores de edad y subirlas a la red sin consentimiento de sus padres?

Porque puede que en México aún pueda hacerse eso, pero si lo haces en España lo más probable es que tengas un problema si alguien se da cuenta.

La segunda me ocurrió cuando Mau y yo estábamos esperando en la fila de una cafetería y yo estaba intentando acceder a la tienda de Apple desde mi iPad, proceso que Mau observaba porque no tenía nada mejor que hacer que esperar… hasta que llegamos a la pantalla donde la AppStore te pide que introduzcas tu nombre y contraseña para acceder a tu cuenta de usuario. Y entonces se produjo ese momento incómodo de “¿se apartará él solo o me aparto yo o le digo a él que se aparte para poder introducir la contraseña sin que nadie mire?”

En este caso concreto, fue el propio Mau el que se apartó, pero luego a los dos nos surgió la duda de qué hubiera pasado si no lo hubiera hecho. Porque quedarse mirando la pantalla de un dispositivo ajeno mientras un usuario introduce su contraseña parece tan molesto como que un desconocido se te quede mirando porque sí mientras comes, por ejemplo, un plato de sopa.

Así que igual resulta que los viejos hábitos no desaparecen, sino que sólo incorporamos más y más hábitos nuevos. O al menos, eso parece.

El billón de views del Gangnam Style

Retomando la escritura después de una temporada enterrado de trabajo, y antes de meterme en harinas de otro costal en días próximos, retomo el asunto de los crecimientos lineal y exponencial y el cómo la gente cada vez tiene un acceso más fácil y barato a tecnología.

Una anécdota muy simple para ilustrar este punto: el billón (de los de Estados Unidos, mil millones para nosotros) de “views” que “Gangnam Style” alcanzó en apenas unos meses a finales del año pasado.

Probablemente sea muy obvio, pero merece la pena prestarle atención. Cuando “Edgar se cae” se volvió un auténtico hito en la historia de Internet (en 2006) lo hizo con menos de veinte millones de “views”. Por el camino, vídeos de Lady Gaga o Justin Bieber que vivían en los cientos de millones. Y ahora vamos por los miles de millones. Un mundo con más o menos el mismo número de personas, pero con millones más de dispositivos que sirven para entrar a YouTube y ver el vídeo de moda. Y más, y más, y más. Y como ven, en cada frase agrego un 0. Hagan sus cuentas 🙂

Tiempo y dinero

A menudo, cuando uno se desahoga sobre esas veces en las que el cliente no te aprueba una idea que crees buena o no pone sobre la mesa todo el dinero que producirla correctamente requiere, suele surgir una voz que dice algo así como: “Si quieren jugar a creativos utilicen su propio dinero, y no el del cliente. No tienen derecho a jugar con el dinero del cliente”. Y bueno, esa voz tiene razón, qué quieren que les diga, porque quién es uno para decidir sobre los billetes ajenos. Pero eso sí, el cómo se gastan el dinero las marcas es algo que permite conversaciones y disquisiciones que podrían durar días y días.

Porque, sin estadísticas de por medio pero como impresión general, pareciera que:
– las marcas dedican el 90% de su tiempo y dinero a hablar de sí mismas.
– las marcas dedican el 10% de su tiempo y dinero a hablar con la gente.
– la gente dedica el 90% de su tiempo a interactuar con otros usuarios.
– la gente dedica el 10% de su tiempo a escuchar lo que una marca tenga para decirle.

En un slide que pueda resumir esto, y que a veces utilizo cuando doy alguna conferencia, las cuatro líneas de arriba se podrían ver así:

Entonces, claro, hay una seria diferencia entre aquello en lo que unos gastan su dinero y en lo que los otros gastan su tiempo. Y me pregunto si seguir gastando el dinero de la misma forma que hace unos años generará algún tipo de resultado positivo.

Porque las agencias no podemos jugar con el dinero de las marcas, pero ambos dos (agencias y marcas) tampoco debiéramos querer jugar con el tiempo de la gente.

Steve Jobs, el usuario y la publicidad digital

Steve Jobs

Aparte de inmenso revuelo y especulación, la renuncia de Steve Jobs como CEO de Apple ha generado un mar de notas y artículos que analizan y reflexionan sobre su exitosísima carrera, su impacto en la cultura POP, y su legado en el mundo de los negocios.

La mayoría de estos textos se enfocan en la extraordinaria capacidad innovadora de Jobs y los productos con los que cambió al mundo. O sea, se concentran en la historia que todos ya más o menos sabemos y hemos leído miles de veces aquí y allá. Es por ello que me llamó la atención este artículo de Fast Company que hace a un lado los clichés y analiza una faceta poco comentada de Jobs pero que fue clave para el éxito de Apple: Steve Jobs es quizás el mejor usuario de tecnología de la historia.

Según el artículo, el atributo de Jobs que más influyó en el éxito de Apple es su capacidad para pensar como el usuario –la habilidad para ponerse en los zapatos de este último– y ver las cosas desde su perspectiva. Mientras que compañías como Microsoft, HP y Dell intentaban diferenciar sus productos agregando features y aumentando el poder de procesamiento, Jobs se enfocó en hacer sus productos lo más amigables posibles. Estaba convencido de que diseñando los productos de Apple con el usuario en el centro haría que el este viviera una experiencia memorable: una experiencia que le arrancaria sonrisas y al mismo tiempo serviría como base para diferenciar la marca.

¿Y qué tiene que ver todo esto con la publicidad digital? Tal vez la lección más valiosa de Jobs es poner al usuario en el centro de todo. Y creo que nosotros podemos hacer mejor publicidad digital si ponemos al usuario en el centro de la misma.

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