De viaje con Moshi: confesiones de un conferencista

Artículos de Moshi

El año pasado impartí tantas conferencias que en algún punto empecé a hacer notar en mis redes sociales que parecía ser un artista popular, tocando en cuanto escenario (grande o pequeño, cerca o lejos) estuviera disponible. O una versión low-budget, claro.

Tweets de Moshi Latam

Un día, Moshi me escribió para preguntarme si alguno de sus productos me ayudaría a que mi vida de conferencia-allá-donde-me-llamen fuera más fácil. Dije que sí, ellos me los enviaron, y yo escribí este texto (y tomando fotos por el camino) para contarles a ustedes, lectores, el porqué.

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Extraños y audiencias

Logo Snapchat

Pasé las Navidades en España, y como no tengo costumbre ni conocimiento de cómo usa allí la gente sus redes sociales, me dio por visitar en Instagram las localizaciones de los lugares que visitaba: restaurantes, sitios turísticos, hoteles o gimnasios, por ejemplo.

Y me llamó particularmente la atención algo que ya había observado antes en otras cuentas de amigos, como la de Mau, que es el hecho de que aquellos usuarios de Instagram que también usan Snapchat tienen en sus fotos una cantidad de likes (cientos) inalcanzable para todos aquellos que sólo usamos Instagram a un nivel, digamos, de usuario básico (subir y compartir fotos de momentos cotidianos).

Me acordé entonces de esa barrera que hay a la hora de adoptar Snapchat como la siguiente plataforma, cuando tienes una cierta edad y ya usas Twitter, Facebook o Instagram, y quieres ver qué “más” hay. Hay una resistencia a la interfaz, sí, porque no es sencilla. Pero sobre todo es resistencia al broadcast (casi en tiempo real y sin archivo) de la vida de uno. “¿Cómo? ¿Compartir vídeos o fotos de lo que estoy haciendo con extraños?”

Los chicos, en cambio, parecen disfrutarlo. No piensan en quien los ve como “extraños” sino como “mi público”. Y lo llevan de una plataforma a otra con singular esmero y alegría. Y ese “público” va y viene, sin quejarse y dejando registro (un like por aquí, un comentario por allá, un DM pidiendo información por el otro lado…) del viaje que hacen siguiendo a ese personaje.

Qué bonito que lo tengan tan claro (cada usuario y su audiencia), al contrario que todas esas marcas que llevan desde 2009 en crisis existencial, empeñadas como están en que han de hacer “amigos”.

Los nuevos medios y 2015

Como las tarifas de Uber están hoy por las nubes, decido pedir un ride en Lyft para poder llegar a la oficina. Y me sale esto:

Bieber y Lyft

Si me compro el disco acabo recibiendo dinero para otros viajes que pueda hacer con el mismo servicio. Porque estamos en 2015, claro. Mientras tanto, muchas de sus marcas favoritas aún suelen preguntarse qué van a hacer en Twitter y Facebook en la semana entrante para conseguir likes y followers.

Otros planetas, tan lejos, tan cerca

Pelea de alces

Aunque es Miami donde está la oficina principal de ALMA, trabajamos para clientes por todo Estados Unidos, así que los viajes y visitas al aeropuerto se suceden con una cierta frecuencia.

Y en esas estaba yo el pasado martes a las 6am, queriendo volar a una ciudad en el estado de Illinois, cuando nos hicieron descender del avión en el que íbamos a volar por unos problemas mecánicos. De regreso a la sala de espera, ya no sé si era el desvelo por haberme levantado a las 4 de la mañana, el desconcierto de no saber si arreglarían el avión o nos haría viajar en otro, o la preocupación de no saber si llegaríamos a tiempo a presentar los materiales que habíamos preparado durante dos semanas para un posible nuevo negocio de la agencia, cuando me topé con la siguiente noticia en una de las televisiones de la sala de embarque:

Insisto en que mis condiciones físicas no eran las más idóneas, pero el vídeo me pareció alucinante, como si estuviera viendo algo proviniente de otro planeta aunque en kilómetros no estuviera tan lejos de donde me encontraba. Y comprendí un poco por qué cuando alguien de este país viaja a otras latitudes (especialmente Latinoamérica) todo le pueda parecer igualmente un tanto marciano. Porque lo somos.

De La Croisette a la Condesa

logocannes2014

Me fui a Cannes y ya regresé. Y fue una experiencia tan intensa y tan llena de “acontecimientos” y “descubrimientos” que apenas voy comenzando a digerir lo vivido, valorando más algunas cosas que antes (quizá) despreciaba injustamente, y poniendo en perspectiva otras que (quizá) antes parecían más luminosas.

Sea como sea, ya estoy de vuelta, en México y en el blog, donde supongo que a partir de ahora haré un “download” de lo que contaba en el primer párrafo. A ver si así…

Un puerto USB en un avión

Viajo, pero no viajo tanto. O sea que igual esto que voy a contar lleva años instalado, pero yo no lo descubrí hasta que el pasado domingo regresé de dar una charla en el Social Media Day Asunción, que se celebró la tarde del día anterior en la capital paraguaya.

El caso es que el viaje, con escala en Panamá tanto de ida como de vuelta, me hizo conocer las instalaciones de un avión de COPA Airlines en el que cada viajero tenía a su disposición una pantalla instalada en la parte trasera del asiento del pasajero sentado inmediatamente delante de uno. Y dicha pantalla, aparte de la toma de rigor para conectar tus auriculares, resultó tener un puerto USB disponible para poder conectar algún pendrive con mi propia música… o conectar y recargar la batería de mi iPhone. Aquí algunas fotografías de tan magno descubrimiento:

Pantalla de un avión de COPA Airlines

Ranura USB de la pantalla

Pantalla con el cable del USB del teléfono conectado

Como digo, probablemente esto lleva ya tiempo disponible y no quiero pecar de australopiteco, pero yo es la primera vez que lo veo y me pareció ciertamente refrescante. Bien por COPA Airlines 🙂

Coches y “Bohemian Rhapsody”

Parece que hay una conexión directa entre viajar en coche y cantar el legendario “Bohemian Rhapsody” de la banda británica Queen.

O al menos eso les pasaba a los protagonistas de “Wayne’s World”:

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Milonga de la Orquesta… Metafísica

La primera vez que pisé Buenos Aires fue un día jueves, y por aquello del turisteo le pedí a Manu y a Diego que me llevaran a una milonga. Ya saben, para ver bailar tango en directo y todas esas cosas que adornan los clichés mentales con los que un turista llega a la capital argentina. Ellos, ni cortos ni perezosos, decidieron que el lugar que había que visitar era La Catedral, un espacio de decoración bastante bizarra del que pueden ver una foto en la imagen que abre este post.

En mitad de la cena, aderezada por la sorpresa de que la camarera era una española de atención un tanto dispersa, apareció un grupo de nombre desconocido (para nosotros, no así para los que frecuentan el lugar) cuyo número incluía, entre otras cosas, apagar completamente las luces del lugar y tocar iluminados por unas velas, una actuación bastante alucinada que nos dejó a todos con esa incómoda sensación de no saber cómo reaccionar: ¿risa? ¿aplauso? ¿abucheo? ¿indiferencia?

Terminada la actuación de ellos, terminada la cena de nosotros, ya enfilábamos la salida pero decidimos no quedarnos con la duda del nombre de tan peculiar grupo, así que regresamos para preguntar. Diego, el más lanzado de los tres, se acercó al cantante, el cual parecía ser el líder del grupo:
Diego: “¿Vos sos del grupo, no?”
Cantante: “Sí.”
Diego: “¿Y cómo se llama el grupo?”

La respuesta del cantante habría de dar lugar a un momento inolvidable. Primero dijo: “Somos la Orquesta…”. Y entonces, haciendo una pausa y sin parpadear (porque no parpadeaba nunca el tipo) acercó su cara a la de Diego y agregó, elevando el tono de voz: “METAFÍSICA…”.

Como la escena era muy rara y digna del Club Silencio de “Mulholland Drive”, decidimos que mejor salíamos de allí, una vez satisfecha nuestra curiosidad de saber acerca de ese grupo que tocaba una especie de tango-jazz muy extraño.

Ya de vuelta en el hotel encontré multitud de vídeos de la (parece ser) famosa Orquesta Metafísica, algunos tan alucinados y delirantes como la actuación que acababa de presenciar en persona (pueden ver al mencionado cantante en el minuto 1:00 del vídeo):

Y así es como la Orquesta… METAFÍSICA se volvió parte del paisaje coral de cada visita mía a Buenos Aires. Y aunque he vuelto a La Catedral un par de veces, ambas en jueves, ya no he podido coincidir de nuevo con alguna actuación suya, así que sirva este post como homenaje a uno de los momentos más divertidos, extraños y memorables que he vivido estando de viaje por esos rumbos de Dios.

Crónica exprés de un viaje a Paraguay

Exprés es la crónica porque exprés fue el viaje para dar una charla en el congreso Jump! Interactivo 2011 en la capital de Paraguay, Asunción.

Cerca de 17 horas en aviones me dejaron un par de datos anecdóticos para el recuerdo. El primero de ellos es el de que todas las señales visuales del avión siguen insistiendo en que la gente no fume, cuando la verdad es que casi todo el mundo tiene tan asumido que a bordo no se puede fumar que creo que las señales ya no causan mucho efecto. Quizá va siendo hora de reemplazar la alerta de “No fumar” por la de “No usar el teléfono móvil”:

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Atrapado en un episodio de Lost

Por fin llegué a México. No fue tan sencillo, porque la forma de salir de Argentina y las cenizas chilenas fue mediante un itinerario Buenos Aires-Santiago de Chile-Miami-Ciudad de México, incluyendo una escala de quince horas en la ciudad estadounidense debido a vuelos con sobreventa de billetes y otro par de retrasos más. En determinado momento, y mientras esperaba, ocurrió esto que dura 25 segundos en el vídeo pero dos horas en la realidad, con la alarma disparándose y el consiguiente mensaje de que los bomberos iban a investigar por qué se había disparado dicha alarma:

Recordé entonces a Desmond, el personaje de Lost que enfermizamente introducía números en la terminal de esa escotilla que se convierte en uno de los primeros misterios de la afamada serie de televisión. O a mí mismo cuando me instalé una intrigante aplicación de iPhone llamada Doomsday Terminal, que requería introducir cada 108 minutos una secuencia de números de tu elección (es obvio que los más fans elegíamos 4, 8, 15, 16, 23, 42), en un juego que consistía, simple y llanamente, en resistir.

Lástima que la aplicación ya no está en línea, pero siempre puede uno consolarse con algunas que tratan de emularla, sin tanto éxito, como por ejemplo, Dharma Clock, que convierte el apagar la alarma del despertador del teléfono en (de nuevo) introducir los numeritos de rigor, lo que me parece un coñazo y ni de lejos tan divertido como era el juego, que ponía a prueba la resistencia de uno y su capacidad de aguantar haciendo algo cada poco más de hora y media.

Y de todo eso me acordé mientras sonaba la alarma en el aeropuerto de Miami. Pero bueno, que ya estoy de vuelta en México.

PS: Ligeramente relacionado con el tema, qué divertido como Natalia Rodoni y Nico Pimentel, dos de los jurados argentinos en el Festival de Publicidad de Cannes de este año, eligieron el camino de en medio para salir de Argentina, en un recorrido que narraron en el hashtag de Twitter #rodmovie y que pueden ver en este vídeo.