Por qué no, Val del Omar

Tormenta - Mad Max

De entre las múltiples cosas en las que ando trabajando en esta época, una de las más divertidas es la de abrir la operación en México de una compañía de Realidad Virtual creada por personas a las que admiro mucho.

Mucha gente está comparando el auge de la Realidad Virtual (con mucho o poco hype, según con quien hables) con el de la multimedia en Internet (las primeras versiones exportadas de Macromedia Director, el surgimiento de Macromedia Flash y todo lo que vino después), pero yo creo que aún no pasamos del estadío previo, aquel en el que para tener un sitio web había que saber programar páginas en HTML que había que alojar en un servidor configurado por uno mismo en alguna universidad. O sea, no es 1999, sino 1995 a lo sumo.

Eso nos lleva a un lugar interesante, ese en el que uno tiene que deshacerse de la costumbre de que todo lo que va a utilizar probablemente ya fue creado en algún punto del planeta, para pasar a plantearse si las ideas (de experiencias o de hardware) que uno tiene para intentar hacer “bypass” a un problema concreto son técnicamente posibles, y que, si lo son, uno ha de librarse del prejuicio y los complejos e intentar hacerlas realidad. Como Val-del-Omares del siglo XXI.

Todo (literalmente) está por inventar. En ese contexto no hay preguntas estúpidas. O igual todas lo son. Como ir de frente contra una tormenta de area, esperando (deseando) que haya un lugar en que vivir una vez llegues al otro lado.

Es una época emocionante.

La inmersión en otros mundos

Hay abuelas disfrutando el hacer un recorrido en rollercoaster en un headset de VR:

Y hay otras abuelas que pasan un mal rato al visitar “Jurassic Park” en un headset de VR:

De ambas dos me llama la atención que, incluso en el momento más álgido de la experiencia, ninguna decide librarse de lo que las tiene al borde del colapso quitándose el headset de la cabeza. Ambas siguen inmersas en el mundo virtual.
Boom.

Me hace preguntarme qué pasaría si la experiencia fuera placentera en vez de estresante; no sé si alguien querría regresar al mundo real. Porque recuerden, no todas las experiencias de VR tienen por qué ser del tipo “adrenalínico”.

El último humano en la sala

Mark Zuckerberg en el Mobile World Congress de Barcelona

Debió ser la foto más republicada del pasado fin de semana, Mark Zuckerberg entrando en la sala para su intervención en el Mobile World Congress de Barcelona, rodeado de personas que “visten” (no sé qué verbo utilizar) sus headsets de Realidad Virtual de Samsung, conformando una de las imágenes más “distópicas” que hayamos conocido afuera del mundo de la ciencia ficción.

Y aunque algunos amigos que estaban presentes comentan que la percepción es más externa que interna (al respecto de que los que estaban allí no se sintieron así), no puede uno de dejar de sentir en las tripas una mezcla de fascinación con un poco de terror.

No sabemos si por la imagen de Zuckerberg como comandante en jefe del ejército de todos los humanos-cyborg-conectados, o (por verlo de otro modo) por la soledad de Zuckerberg como el último representante de los seres humanos porque es el único que parece estar 100% presente en ese lugar.

Ésta no la veíamos venir cuando decíamos que el futuro se parece ya a la película “District 9”.