TEDxDF: Nervios y enseñanzas en 18 minutos

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Aunque ya había preparado con anterioridad algunas charlas de no más de quince minutos, lo cierto es que nunca me vi en la tesitura de aunar lo breve con lo sustancioso (creo) hasta que John me invitó, hace unos meses, a participar en la segunda edición de TEDxDF, celebrada el pasado 27 de Octubre en Ciudad de México. Gustosa tesitura, cabría añadir, pero tesitura al fin y al cabo, porque cuando ve uno alguna de las múltiples charlas del sitio de TED todo parece sencillo, fluido y casual, sin darse cuenta de que así lo parece porque cada una de ellas lleva tras de sí horas y horas de preparación.

Así que pensé que podría ser interesante, a efectos de recapitulación, recoger en un post algunas de las cosas que aprendí antes, durante y después de esos dieciocho minutos que, como dice Ricardo Cie, son “los más lentos en llegar y los más rápidos en irse”.

El orden de las ideas

Ya metidos en faena, lo primero de lo que uno se percata es de que, por muy claro que se tenga el tema del que se quiere hablar, dieciocho minutos de argumentación sobre algo concreto es una cantidad gigantesca de información. El problema no es generar ese tiempo en conceptos o anécdotas (eso es más bien sencillo), sino en encontrar una línea argumental con la que trazar esos dieciocho minutos para llevar al público desde un inicio hasta un final sin que se pierdan por el camino. Más aún con el añadido de que el público que asiste a uno de estos eventos es variopinto y diverso, por lo que en muchas ocasiones algunos temas concretos sólo son interesantes para parte de ese público y no para el resto del auditorio, así que es necesario no salirse de una cierta “generalidad”.

Como primera orientación, encontré de ayuda los sacrosantos mandamientos de un TED Talk, y también este post de Charles Tsai, donde compartía su experiencia de cómo preparar una charla para un evento TEDx, en su caso el de Taipei.

Pero mi auténtica salvación la encontré en esta ponencia de Nancy Duarte acerca de cómo convertir una presentación en una historia visual, la cual me ayudó a estructurar todas las ideas sueltas que tenía acerca del tema del que quería hablar, la formación de talento y la experiencia aprendida después de un año dando clase en la escuela Digital Invaders.

Eliminar lo innecesario

Lo interesante del formato de este tipo de presentaciones es que sientes, de alguna manera, una cierta obligación de generar contenido nuevo del que se elimine por completo cualquier floritura innecesaria. Involuntariamente, y puesto que todos hemos visto charlas de TED antes o después, preparar una propia activa tu propio filtro de autoexigencia en cuanto a la calidad de cómo quieres contar lo que deseas contar, evitando el crear una versión “acortada” de aquellos temas de lo que uno suele ir hablando (con modificaciones) aquí y allá, una especie de auto-exclusión de la propia “zona de comfort”.

Así que, varias versiones de presentación después de la primera, y después de un par de reuniones con los responsables de TEDxDF donde, literalmente, hicieron pedazos (gracias, de verdad) aquello que les presentaba (en términos de que muchos contenidos podrían explicarse más brevemente o, peor aún, sobraban) esto fue a lo que llegué:

Ensayar, ensayar, ensayar

El eliminar toda floritura hace que, tanto al ensayar como, posteriormente exponer, parezca que hay una cierta “mecanización” en lo que se relata. Quizá es un sentimiento más del lado del que escucha que del que habla, porque aquí el único mecanismo que realmente se activa sobre la cabeza de uno como Espada de Damocles es el factor tiempo, pero es cierto que así parece. Conviene entonces ensayar, ensayar, ensayar y ensayar una y otra vez la presentación una vez que está completa, y conviene ensayar todavía más cuanto más cercana esté la duración de la presentación a los dieciocho minutos que existen como límite.

Es bastante obvio, pero es el recorrer una y otra vez las diapositivas las que fijan el hilo argumental de la ponencia en la cabeza de uno, y es entonces cuando ya te puedes permitir el adornar, ligeramente, algunos de los pasos que recorres, porque nunca se cuenta lo mismo dos veces de la misma forma. Por eso es importante el ensayo, porque si no practicas antes, cualquier desvío en un punto concreto de la presentación te abocará, irremisiblemente, a perder la concentración si no sabes por qué comenzaste a ramificar tu historia por esos vericuetos por los que te metiste. El ensayo minimiza la lejanía a la que puedes llegar, de forma que siempre podrás regresar más fácilmente al argumento central sin que el público percate que no sabías ni por dónde andabas.

Por resumirlo, lo que hacen los ensayos no es que uno memorice la charla, sino construir las conexiones entre los distintos segmentos que la componen. Cuanto mejor se dominan las conexiones mejor funciona la exposición.

El (maldito) cronómetro

Hay un tema aquí muy tonto e interesante, y es el hecho de cómo contabilizar el tiempo cuando ensayas. En mi caso fue con un cronómetro que iba de 0 a 18 minutos, y viendo si excedía el tiempo o no, cada vez que terminaba, ajustaba en la siguiente repetición aquello donde yo había notado una cierta “espesura” a la hora de desarrollar las ideas. Craso error, que descubrí el día de la presentación, cuando en el escenario el cronómetro que marcaba mi tiempo restante transcurría desde el número 18 al número 0, una cuenta atrás en vez de una cuenta hacia adelante, que hacía inútiles todos mis ensayos anteriores.

Puesto que lo que hacen los ensayos, también, es asociar diapositivas con tiempos, para saber si uno va holgado o si hace falta una cierta premura para desarrollar los temas, el hecho de tener un reloj que no cuenta los minutos de la forma en que uno los contó supone un factor de distorsión terrible cuando uno está sobre el escenario. Si aprecian nervios (muchos) en mi presentación en el vídeo que se muestra posteriormente, ahí tienen la explicación, la certidumbre paranoica de que el tiempo se me iba sin poder controlarlo. Y por eso es necesario ensayar, sí, practicando los dos tipos de conteo, el tiempo hacia adelante y el tiempo hacia atrás.

Los picos de atención

Está bien meter un chiste o dos para desahogar a los asistentes, momentáneamente, de la cantidad de información con la uno los está bombardeando. Sin embargo, y como todo, es interesante mantener un cierto equilibrio y proporción. O al menos, yo sentía un cierto pudor a la hora de agregar aquí y allá, para no convertir la charla en un monólogo digno de un club de comedia. Supongo que el límite lo marca uno, pero creo que lo interesante de preparar una charla de este tipo es la posibilidad de inspirar o asombrar o mejorar un poco el día de quien la vea posteriormente, y si te recuerdan por los chistes y no por el argumento central creo que algo falla.

Vídeos al rescate

Tan nervioso estaba por el tiempo corriendo hacia atrás, que mis palabras salían de mi boca a tal velocidad que casi no podía respirar. Por pura casualidad, la presentación contenía un vídeo que me permitió sosegarme durante un minuto, mirar el reloj y convertir el tiempo que me quedaba en el tiempo transcurrido, lo que me dejó en un lugar ya transitado en mis ensayos, cerciorándome de que en realidad iba bien de tiempo. A partir de ahí me tranquilicé un poco, y pude concluir mi presentación mejor de lo que la había empezado.

Pensé entonces que era pintoresco cómo un vídeo de un minuto y el espacio que ocupa pueden aligerar la presión que uno pueda sentir. Y que quizá, con uno o dos vídeos, uno puede dividir la charla en tres segmentos y plantearse pequeñas metas de seis o siete minutos, en vez de los dieciocho minutos consecutivos, que son una barbaridad si se afrontan sin pausa. No es obligatorio, pero ayuda como recurso.

La charla

Para no seguir hablando de forma abstracta sobre el elemento central de este post (la charla), aquí está el vídeo de la misma:

Y después de la charla

Después de la charla uno queda vacío, como cuando entregas un examen para el que has estudiado mucho. Y sientes que, quizá, ya no tiene sentido dar charlas de una hora nunca más, y que es mejor y más agradecido para todos el preparar algo de este estilo, dieciocho minutos de información condensada y pulida, mucho más digerible para quien acude a escucharte y mucho más enriquecedor para uno mismo porque te obliga a re-aprender aquello que (se supone) ya sabes.

Quizá sería interesante que todos esos congresos que duran tres días se plantearan cambiar el formato de sus charlas a éste de TEDx. Quizá así esos congresos podrían durar un día en vez de tres, y serían más ricos porque ninguno de los ponentes repetiría lo que ya contó en tres lugares distintos en el último mes, sino que se esforzaría por crear algo ad-hoc para el propio evento y todo tendría más valor.

Los comentarios sobre la charla

Y de repente, uno comienza a prestarle atención a los comentarios al vídeo en Youtube, porque de alguna manera la cantidad de caminos por los que alguien llega al vídeo de la charla se asemeja a la variedad de perfiles existentes entre el público de la misma el día en que se presenta por vez primera. Y está bien, para recordar que no siempre a todo el mundo tiene por qué resultarle interesante lo que uno cuenta y, quizá, para intentar que la próxima charla de dieciocho minutos (sea en un evento TEDx o no) sea mejor que la anterior.

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Daniel Granatta

Waiting for the robot takeover. I rewire people. I run a VR company.

17 thoughts on “TEDxDF: Nervios y enseñanzas en 18 minutos”

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