Tiempo de Naviralidad

Es tiempo de regalos.

Muchos se sorprenden, a veces con cierta indignación, que año tras año las campañas navideñas arranquen cada vez más pronto en los medios, vitrinas y lineales de las tiendas, por momentos pisándose incluso con las promociones de Halloween.

En las agencias, a veces desde septiembre, abordamos el reto de dar con esa idea fresca y relevante que permita a nuestros clientes como mínimo destacar y en el mejor de los casos ganarse un sitio privilegiado en ese ring implacable que es el corazón de las personas. Difícil tarea, más aún en temporada de altos ratings de felicidad abundante.

El otro día estaba atrapado en el tráfico invernal de la Gran Tenochtitlán cuando me topé con este anuncio:

Anuncio Gandhi Navidad

Vaya ironía. Una verdad verdadera que en el fondo las personas naturalmente comparten, pero que el omnipresente Santa escoltado por los objetivos de marketing desvían hacia lo que todo el mundo prefiere pensar: es tiempo de familia, de compartir -incluso destapar- felicidad.

En estos tiempos postpublicitarios globales en los que vivimos, como bien saben, las marcas ya no compiten con mensajes limitados a las fronteras de sus mercados.

Ahora en el mes de diciembre se pretende llegar al público del mundo, a toda persona que comparta esos denominadores comunes que son la cultura navideña y el uso de YouTube.

Se busca la Naviralidad (me acabo de inventar la palabra, un obsequio para todos ustedes).

Siguiendo esta búsqueda del contenido naviralideño cabe destacar que son escasas las iniciativas que sobresalen en la carrera por el interés de la gente.

Y el brief se complica, ya que no basta con buscar el Grial viral. Es temporada de jingle bells, y para tener opciones de triunfar el contenido debe venir envuelto con la justa dosis creativa emocional, esa misma capaz de tocar la fibra de las personas y que puede convertir el visionado de la pieza en un momento de gratificación.

Coincidirán conmigo en que desde la niñez el momento regalo (de juguetes, de objetos, de cariño) es sin duda el clímax más grato de de la Navidad. Todos lo hemos vivido. La ecuación es simple, el insight implícito. Por eso sorprende que no sean muchas las marcas que hayan pensado en convertir sus campañas de fin de año en un regalo para las personas.

Pero las hay. En este caso dos ejemplos.

Aunque difieren en su brief y ejecución, ambos tienen el mérito de pretender ser un obsequio. Y sí, curiosamente, los dos suceden en un avión.

El primero es del año pasado, de Shackleton para la compañía aerea Spanair:

El segundo, publicado hace unos días, es de Coca-Cola:

¿Cuál es el más naviralideño?

Independientemente de los números de views (el segundo todavía tiene cancha por delante al ser más reciente), teniendo en cuenta que ambos reflejan sucesos reales y que cada uno sigue el tono de sus respectivas marcas, uno apela a una situación humana verdadera del mismo 24 de diciembre mientras que el otro proyecta una fantasía navideña con simpatía.

Ambos tienen méritos. Ambos son publicitarios. Ambos pretenden el éxito de la Naviralidad.

Concluyendo esta primera aportación, les dejo la pregunta del reno Rodolfo: ¿en qué avión hubiesen preferido estar?

Posiblemente en las respuestas de las personas resida el mejor regalo.

21 thoughts on “Tiempo de Naviralidad”

  1. Pues sin parecer “criticón” pero le doy más valor al anuncio de la aerolínea, porque el de Coca Cola se ven muchos actores “sembrados” entre la gente… al menos creo que el primer aunncio no se ve tan “actuado”.

    Saludos! 😀

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