Las marcas después del último click

Los números, siempre andan pidiendo números las marcas para justificarse a sí mismas el por qué invertir en canales “digitales” (si es que aún se les puede llamar así). Visitas, tiempo de permanencia, clicks, registros, etc.

Por lo general, cada vez que relleno un formulario en algún sitio, para comprar algo (lo cual hago con frecuencia) o suscribirme a algún servicio, todo concluye con ese último click donde digo “Sí”, “Acepto”, “Comprar” o cualquiera de esas palabras que envían mis datos a un sistema de registro donde dejo de ser una persona para ser un número más.

Por eso, cuando Vimeo me notificó por correo que mi cuenta Premium había expirado y que debía renovarla para poder usar sus servicios, lo hice con cierta paciencia y resignación, como el que va a una ventanilla a cumplimentar un trámite bancario. Lo interesante ocurrió cuando llegué a la pantalla de confirmación de mi compra, donde me esperaba (click para verla completa) una foto de gran parte del equipo de Vimeo agradeciéndome el haber renovado mi cuenta con ellos:

Equipo de Vimeo

Después me topé con este mensaje de Andrés en Twitter, en el que se enlaza el caso de Groupon, un servicio de ofertas y tratos en diversas ciudades de Estados Unidos (si hay algo en oferta de algún establecimiento asociado al sitio, puedes imprimirlo o guardarlo en tu teléfono, para presentarte en uno de esos establecimientos y conseguir algo al precio de la oferta en vez de al precio original de venta al público).

Una de las vías para estar al tanto de qué ofertas y tratos hay disponibles es la de apuntarse a una lista de correo, que puntualmente y a diario realiza su labor de informar, hasta que uno pueda estar tan harto de recibir mails que decida darse de baja, proceso que concluye en una pantalla como la que se muestra en la imagen (click para verlo en vivo):

Fin de suscripción en Groupon

Esa página que dice que ya no eres parte de la lista de correo introduce a Derrick, la persona encargada de su gestión diaria. Y el botón de texto azul, “Castiga a Derrick”, es un Call-to-action que apela de forma sensacional al espíritu nihilista y de destrucción con el que uno se da de baja virtualmente de un servicio (recomiendo un click para ver lo que ocurre). Puede que sea malvado desearle algo así a Derrick, pero al hacer click uno sabe que no es cierto, es una especie de maldad gustosa, una venganza contra la lista de correo de la que me dí de baja.

Y es que en esta época de tanto número, uno aprecia enormemente que los servicios humanicen la forma en que se dirigen a nosotros. Probablemente, la gente de marketing o de medios estarán felices recontando ese último click que dí, para renovar mi suscripción o eliminar mi dirección de la lista de correos, es el click que les hace felices y justifica su sueldo, pero lo que a mí me dejó una impresión (al punto de dedicar un rato a escribir sobre ello) es lo que pasó después. Ese después que los números que las marcas quieren nunca podrán explicar.

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Daniel Granatta

Waiting for the robot takeover. I rewire people.

12 thoughts on “Las marcas después del último click”

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